FAROLES
DEL ALMA
En esos
días mirábamos las calles
Adornadas con autos viejos y buzones,
Nos secuestraba el aliento de
La medianoche,
Nos seducía, saqueaba el polvo
De las ventanas tímidas.
Los libros,
los adornos, las lamparas,
Los rincones, rondaban taciturnos
La aldea de infinitos tesoros.
Los juegos se parecían a un viento fresco
Que te traspasa.
Nada mas simple, abrir sin cautela
La represa de la imaginación
Los grifos del entusiasmo
Soportar con estoicismo vago.
La infancia
puede ser hermosa
Puede ser un vía crucis/ un vendaval
Un parto/ un campo minado.
Dejemos las sentencias, instituyamos
Al menos un día para el asombro.
Dejar prendidos
los faroles del alma
sacudirse tantos olvidos
vivir un mes con velas
descartar al amigo
que no alcanza
olisquear las mananas
percibir las ausencias
escuchar las voces que extrañamos
confeccionar una lista
de cosas perfectamente inútiles
ensayar otro fracaso
prescindir hasta nuevo aviso
de brújulas relojes llaves
espejos pararrayos felpudos
repudiar
públicamente
la humedad de mierda
los campos
de golf los centinelas
los acuarios las alarmas
las bocinas las madrugadas
mientras los abriles huyen,
las arrugas hacen su agosto.
Gaston López Dowling
© 2000
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