Un altar sin Dios
porque a esa hora
Dios se fue de la ciudad.
Me sentí un poco abandonada
pero de todos modos
intenté rezar,
la sensación ridícula pesaba...
El se fue por algún tiempo
y yo de rodillas
¿ante quien?
Por si su espíritu estuviera
sobrevolando los bancos de la iglesia, le hablé.
San Roque me miraba
y vi su rodilla herida
en un altar pequeño a mi derecha.
Entendí el mensaje silencioso...
Dios no estaba,
se fue de la ciudad por algún tiempo
justo cuando yo
que nunca le hablo
quería rezar.
Quizás cuando regrese
ya sea demasiado tarde.
Dios se fue de la ciudad,
es de noche,
mi oración perdió las letras.
Pobres los pobres
que a corazón vacío
buscamos sin fe
la fe.