Sus ojos se cerraron

Tarde oscura y fría en la ciudad de La Plata, pensé que Carlos estaba en su oficina como todos los días. No reparaba en su presencia, porque hacía bastante tiempo que el destino nos había separado, confinándonos a él al tercer piso y a mí al segundo, pero siempre nos hacíamos un ratito para visitarnos y charlar de viejas anécdotas.

Cuando uno transita varios años en un solo ambiente de trabajo, queda en la piel un sentimiento casi familiar entre sus protagonistas y con Carlos existía ese sentimiento. Hoy día, éste flor de tipo había querido tener una vida más tranquila y solicitó que le asignaran tareas administrativas, ya que estaba un poco cansado de recorrer la provincia en salidas mensuales. Y así fue que nos separamos.

A parte de la convivencia laboral dentro de la oficina, con Carlos, por su condición de chofer, habíamos compartido diversas comisiones de trabajo que acrecentaron esa fraternal unión que va más allá del compañerismo. Siempre fue un hombre cauto y responsable. Cuando viajábamos solos, nos comentábamos cosas íntimas sobre nuestras familias y quehaceres cotidianos; es así que luego de largo tiempo, casi teníamos una imagen real de nuestras vidas privadas; pero en las ocasiones en que debíamos compartir encuentros con otras personas, él hablaba lo justo y necesario, respondiendo solamente cuando se le preguntaba algo. Respetuoso por demás, cada vez que subíamos al vehículo que poseía a cargo, ya tenía en claro la ruta más corta a tomar hacia nuestro destino final, porque se tomaba el trabajo de estudiarla durante el día anterior. En su mente tenía todo previsto; él ya sabía en qué lugar tendríamos que hacer la primer parada para el almuerzo, en qué hotel descansaríamos en la primer noche y en cuál, de regreso, pernoctaríamos en la segunda. Del equipo de mate ni hablar, en el baúl del automóvil jamás faltó su canastita con el termo, yerba, azúcar y el infaltable paquete de bizcochos.

Siempre fue un hombre tranquilo, muy tranquilo; me contaba que le fascinaba la pesca y la caza de pajaritos con trampera. Toda vez que teníamos una comisión al campo, en sus ratos libres, pedía permiso para acercarse hasta algún riachuelo para tirar el anzuelo; hecho que se le permitía porque sabíamos muy bien que además, llevaba su bolsito con toallas y ropa de fajina y que a la hora pactada estaría en el lugar que le indicásemos correctamente vestido con su saco y corbata.

Como queríamos viajar sólo con él, en algunas oportunidades teníamos que postergar nuestras salidas, porque Carlos, como tantos otros personajes de este mundo de opresión, tenía dos trabajos para poder llegar a fin de mes con la holgura necesaria para no pasar necesidades; entonces esperábamos que arreglara lo que tenía que arreglar en su otro entorno laboral, para así quedarnos tranquilos que nada malo pudiera suceder que le trajera algún perjuicio.

Era un viejo lindo y como todos los viejos, le costaba incorporar las nuevas cosas que aparecían en el mundo como avance tecnológico; algo parecido a las épocas en que nuestros gobernantes, producto de la inflación económica, le ponían o le sacaban algunos "ceros" a nuestra moneda y que por la costumbre, en las mentes de la mayoría se alargaba por años el hecho de seguir nombrándola con la denominación anterior, aunque ésta haya cambiado.

Tal es el caso de la aparición a nivel mundial de la Gran Red Internet. Con el correr de los tiempos como tantos otros organismos, tuvimos nuestra primer PC conectada a un servidor, que entre paréntesis abonábamos nosotros mismos la cuota mensual de usufructo. Eran tantos los pedidos de Carlos en sacar informes educativos para sus hijas, que decidimos instruirlo sobre el particular y así fue que lo sentamos frente al monitor de una computadora y con la paciencia de un docente de escuela primaria, se le enseñó sobre todos y cada uno de los vericuetos que existen en una navegador tradicional, algo así como enseñarle música a una persona, sin compenetrarla en la teoría y solfeo de ese arte. A los cuatro o cinco meses ya era un erudito en visitar sitios de cultura general; pero Carlos con un espíritu aventurero quiso innovar más allá de lo que había aprendido y fue así que un día nos asombramos de verlo jugar "ON LINE" a ese maravilloso juego de cartas llamado "TRUCO", hasta visitaba los diversos Chats de nuestro país, intercambiando opiniones de pesca, preguntando en distintos foros sobre las condiciones climáticas en cada una de las lagunas que anhelaba visitar.

Y fue así que de tanto y tanto explorar la gran red universal, cuentan por ahí, que conoció los secretos mágicos más escondidos del propio universo. Dicen algunos que lo vieron dialogando con personajes de leyendas, otros con Semidioses de las épocas primarias de la humanidad, hasta se comenta que utilizaba el Latín como lenguaje de conexión con estos seres astrales.

No podía creer las cosas que se rumoreaban por entonces, la intriga pudo más que mis convicciones, medio incrédulo y medio consciente de una realidad imposible, levanté el cuello de mi abrigo, me acomodé la corbata y con una sonrisa entre dientes salí en busca de los dichos del propio protagonista.

Mientras subía los quince peldaños de la escalera que me llevaban hasta los cielos en que habita mi amigo Carlos, seguía sonriéndome de las incongruencias que habían llegado a mis oídos. Abrí la única puerta de su oficina y al instante pude comprender que algo raro estaba sucediendo en ese lugar, todos los allí presentes se miraban unos a otros sin mediar palabra alguna, tenuemente el que estaba más cerca de la entrada, se animó a levantar la vista hacia mi persona y sin más expresión que la de estar todo dicho, volvió a bajar su mirada hacia un infinito que atravesaba los pisos y llegaba hasta las profundidades de la tierra.

No tuve el valor para promover comentario alguno y casi convencido que se había ido para siempre, me volví sobre los mismos pasos que me condujeron hacia ese lugar y me sumí en la más profunda congoja. Sentado junto al escritorio sentía en mi mente una mezcla rara de inmadurez con realidad intangible, algo parecido a las sensaciones que sentía cuando siendo tan solo un niño, mi madre me leía los cuentos de hadas más fascinantes y yo los recreaba en mis sueños.

Me volvía a preguntar y a repreguntar sobre Carlos, no podía imaginar que sus ojos se habían cerrado para siempre. De repente un escalofrío me dejó inmóvil, un mensaje había entrado a mi servidor de correos, la procedencia era carlos@elcielo.com. No tardé ni dos segundos en abrir el "e-mail" y comprobé que era Carlos, porque conozco muy bien su menara de escribir y decía: . "QUERIDO AMIGO: ESTOY SEGURO QUE TE SORPRENDERÁS CUANDO LEAS ESTE CORREO, PERO QUISE HACERLO PARA QUE SEPAS QUE ESTOY MUY BIEN. MI VIDA HA CAMBIADO PARA SIEMPRE, HOY ME HALLO RODEADO DE ANGELES Y DIOSES PROFETICOS, SIENTO UNA PAZ TREMENDA QUE ME LLENA EL ALMA DE GOZO. LO UNICO QUE EXTRAÑO ES IR A PESCAR EN LAS BELLAS LAGUNAS TERRENALES, PERO COMO AQUÍ EL TIEMPO ES ETERNO LOGRÉ HACER PASAR DESAPERCIBIDO ESE GUSTO. TE MANDO UN FUERTE ABRAZO. CARLOS."

Hidalgo Lucaiva
Edad: 41
País: Argentina
Residencia: La Plata
Ocupación: empleado
Hobby: pasear, leer y escribir
Fecha de publicación:
11 /12/2003


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
16/06/2004 18:37:53 »» YUYO:
Querido HIDALGO,para variar una vez más coincido contigo en cuanto a los sentimientos y la forma que tienes de narrar los hechos, las cosas, las fantasias; creo que todos hemos sentido en algún momento la despedida silenciosa de "algún amigo CARLOS", pero, tal vez sólo hemos tratado de buscar consuelo " con la mirada infinita, atravesando el piso hasta llegar a la profundidad de la tierra...porque no todos nos han dejado un mail como te ocurrió a tí.
Que Dios te bendiga, y continúa escribiendo para bien de todos los que te leemos.
Yuyo.
19/03/2004 22:21:01 »» Maria de los angeles:
Hidalgo:Lo llevo impreso para leer en mi casa.Así lo disfruto más.Felicitaciones
11/03/2004 2:14:23 »» Nadia:
Bella composición que deja traslucir la sencibilidad del autor y la conjunción de la realidad con lo poético.
Excelente Hidalgo.
15/12/2003 22:14:56 »» Patricia:
Excelente amalgama entre los sentimientos del autor y su expresión en escritura, cada cuento que leo me agarada más su compromiso con la vida la misma, que en definitiva es escribir lo que se siente de verdad.
Felicitaciones Hidalgo.