“Estoy enfermo, enfermo
de tristeza”
eso fue lo que le dije.
Pero él no me escuchó, sólo me miró
Se levantó y se dio la media vuelta.
Y las nubes sobre mi cabeza
Retumbaron, se abrieron
Y comenzaron a escupirme su llanto.
El mar a mis espaldas
Uniéndose a mi alma,
Me arrastró a sus confines
y me lavó, curó mis heridas.
Y la tierra, mi gran hermana
Abrió sus brazos para recibirme
Y en su suelo, en sus plantas
Derramé mis lágrimas.