|
Responso Era aquel momento de la noche justo antes de dormirme, acostado en la oscuridad y fumando un cigarrillo. Mi mente flotaba sobrevolando abismos existenciales. Así pasaron época tras época. Hubo una época en que las calles de Palermo Viejo estaban infestadas del venenoso gas del recuerdo, que pronto se disipó. Cuando el mundo vivía en una perpetua noche y sólo era laberintos, cuando en una milonga, un piano consolaba a un bandoneón quejoso. Después vino otra época, en un departamento donde tomábamos mate en las noches de domingo, con nuestra amiga vecina trayendo algún chimento bajo el brazo. Pero eso fue después del responso, y antes de la vuelta al responso, en esa posta para el descanso en medio del desierto. En ese descanso escuchábamos unos tangos de Di Sarli que luego bailábamos en salones cálidos y acogedores. Si me preguntaran cómo tendría que ser para mí el paraíso, diría que se trata de algo cercano a esto. Y fueron las incontables noches de una vida recomenzada una y otra vez. A veces parece que sólo es tiempo para perder; después de todo, ¿para qué quiero el tiempo? Si es sólo una ilusión. Fueron solamente historias que pasaron, que guardo en la memoria para poder hablar de ellas. Son historias que pasan y siguen pasando. Si no, ¿por qué nunca acaba ese abismo? Es la historia de un condenado a vivir al borde de él, en el ojo de una tormenta que vuelve una y otra vez. Y en este abismo yo soy mi peor enemigo. Ya fui muerto muchas veces por mi propia mano. Ese abismo es el lugar de mi responso, ese abismo interior que encierra mi piel, la que no me deja huir. Un abismo en el que caigo sin terminar de caer, que no tiene fondo, como si soñara la caída. Una abismo laberíntico, que me encuentra por la noche caminando solitario por las calles o acostado en la oscuridad de mi cuarto, justo antes de dormirme, fumando un cigarrillo. Autor: Guillermo Abraham
|
|||||||