Algunas
veces cuando me sentía solo tenía el hábito
de dirigirme a un parque que se sitúa a cinco calles de
distancia de mi casa; lo hacía porque en ese lugar siempre
se hallaba una tranquilidad enigmática que me dejaba leer
sin ser molestado y al mismo tiempo hacía que me sintiera
acompañado por personas, aún cuando con ninguna
de estas tuviera algún tipo de relación. Las risas
de los niños, la conversación de ciertos adultos,
o el gruñido de algún perro hacían que ese
lugar se convirtiera en un especial sitio de lectura, pero eso
de alguna manera me agradaba mucho. Y todos los días era
diferente, en ciertas ocasiones me distraía un poco al
ver correr a los niños y niñas, sonriendo y gritando
de una manera que sólo cuando se es pequeño se puede
hacer. Pero ocurrió algo que atrajo mi atención
y que a partir de ese momento me dejó con un efecto de
ansiedad.
Benjamín es el nombre de un pequeño niño
que conocí en una tarde muy calurosa de abril, este menudo
individuo apareció en mi vida de una manera fugaz y de
la misma forma desapareció también.
Recuerdo que yo estaba sentado en una banca del parque, mientras
leía un libro de Isabel Allende llamado “La casa
de los espíritus” y me encontraba de cierta manera
envuelto por dicho libro, entre tanto el pequeño Benjamín
intentaba escapar de algunos niños que lo molestaban, pero
tropezó con mi pie derecho y cayó al suelo, quedando
a entrega de aquellos chicos que sólo pretendían
burlarse de él.
Al desplomarse Benjamín se hizo un silencio nefasto, y
lo rompió llorando desconsoladamente, ése fue el
momento en el que ya no pude tolerar tanta injusticia y a pesar
de que los niños eran sólo eso, de ningún
modo permitiría que continuaran burlándose de Benjamín,
así que sin pensarlo me incline para ayudarlo a levantarse
y observé a esos niños maliciosos de frente, ellos
al percibir mi disgusto se fueron en silencio, esta vez Benjamín
sólo tenia un raspón en la rodilla, pero por una
pequeña confesión de Benjamín me informé
que ya otras veces lo habían golpeado y humillado.
El señor que vende los helados recorría el parque,
me acerqué a él y compré dos, uno para Benjamín
y el otro para mí, esta vez era diferente la expresión
de su rostro, cambió tanto que me era difícil entender
que tiempo atrás hubiera llorado, me dio mucho gusto saber
que la felicidad para Benjamín es muy sencilla de identificar,
circunstancialmente para otros esta felicidad no se consigue con
nada de este tipo, sin embargo, hay cosas más importantes
por las que uno debe estar feliz, por ejemplo el estar vivos o
gozar de buena salud, y ser felices por el bienestar de las demás
personas, ya que si no podemos estar bien con otros, nunca estaremos
bien individualmente.
Muy
rápido se mostró la oscuridad, Benjamín parecía
no querer marcharse de aquella banca del parque, le pregunté
si alguien en su casa no se inquietaría por su ausencia,
a lo que me contestó melancólicamente –Mi
padre nunca está en mi casa porque todo el día se
la pasa con sus amigos embriagándose, y mi madre nos abandonó
a mi hermano menor y a mí hace dos años-.
En esas cortas líneas resumió cualquier otra cosa
que pudiera preguntarle acerca de su vida familiar, al parecer
a este chico el destino le había jugado mal, pero también
el destino lo traía frente a mí, era un insólito
encuentro pero me dio mucho gusto haberlo conocido, sin decir
más, Benjamín se despidió de mí y
me dio las gracias e inició su andar hacia su casa.
Al siguiente día, antes de ir al parque fui al puesto de
periódicos y compré una revista de Superman, mi
intención era regalársela a Benjamín, ya
que a todos los niños de su edad le gustan ese tipo de
revistas, inclusive hay personas a quienes en su madurez les siguen
agradando, elegí a Superman por sobre otros héroes
porque los niños adoptan la influencia de lo que observan
en cualquier lugar, y este superhéroe en especial reúne
los elementos necesarios para ser seguido por un niño y
tal vez continuar su ejemplo de alguna manera, porque sus valores
como la lealtad que tiene por sus amigos, el amor que siente por
sus padres, el deseo apasionado que lo hace ayudar a los demás
sin esperar nada a cambio, pienso que son valores excelentes y
que podrían ayudar a tener mejores sentimientos a más
de un niño, pero claro este era un derecho reservado que
yo tenia para Benjamín.
Esa tarde no pude concentrarme en mi lectura, ya que constantemente
observaba a mi alrededor en busca del pequeño, pasaron
varias horas y ese momento no llegaba, la tarde continuó
su curso y el nunca apareció, tal vez yo me encontraba
inquieto por no haber podido darle la revista, de alguna manera
representaba mucho para mí, porque desde el día
que lo protegí brevemente, comencé a preocuparme
por él.
No fui al parque por una larga semana, pues tenía algunos
asuntos de trabajo, pero un lunes fui nuevamente, esta vez Benjamín
no era perseguido por los niños del día en que lo
conocí, ese día estaba sentado en la banca donde
yo acostumbraba sentarme, parecía como fuera de lugar,
su mirada se dirigía al cielo tanto que no advirtió
mi presencia y sólo lo hizo cuando le hable, esta vez extrañamente
me vio y su expresión cambio mucho observé un brillo
en sus ojos muy extraño, parecía que estuviese enfermo,
pero no daba signos de ello, de inmediato tomé mi mochila
en la que tenía la revista y le dije -¿Qué
crees Benjamín?, te compré algo-.
Saqué la revista de la mochila y se la di, la tomó
en sus manos y como venía envuelta en plástico,
lo rompió desesperadamente hasta desprenderlo todo y dejar
al comic liberado.
-¡Que padre!, me dijo, mientras observaba la historieta.
- Que bueno que te gustó – le contesté, me
dio gusto saber que le había complacido, nos instalamos
plácidamente en la banca para leer nuestras respectivas
lecturas, al mismo tiempo que Benjamín disfrutaba de la
historia de superman, yo en aquel momento leía “El
Perfume” de Patrick Suskind, tenía una sensación
de tranquilidad mientras lo hacía; porque esta vez sabía
que Benjamín se encontraba bien o por lo menos este día
nuevamente lo veía feliz.
Estuvimos leyendo toda la tarde, pero la oscuridad hizo nuevamente
su aparición, Benjamín como anteriormente lo había
hecho, se despidió dándome las gracias y se retiró
corriendo hacia la salida, entonces añadí gritando
-está bien benjamín ¡te cuidas y nos vemos
después!, volteó a verme con una expresión
de inmensa felicidad, ese día caminé a mi casa tranquilo,
pues sabía que Benjamín se encontraba bien.
El martes nuevamente hice mi aparición en aquel parque,
y Benjamín también se encontraba en él, estuvimos
platicando un largo rato, me preguntó acerca de ese superhéroe
llamado superman, al parecer estaba muy ilusionado con él,
yo le respondí con agrado, y le cité --Superman
es un superhéroe creado por una persona, todo esto que
sabes acerca de Superman esta escrito en libros y revistas, pero
en realidad es producto de la imaginación de un escritor,
¡como los libros que yo leo! son escritos por personas que
tienen esa habilidad y que hacen de la nada un libro, que puede
tener vivencias propias o simplemente los crean para que otros
los lean, en este caso a ti te gustó el comic, y a mí
también me gustan los comics, pero existen otros libros
muy buenos que cambian tu manera de pensar y te dan nuevas formas
de entender lo que solo no puedes, te dan más conocimiento
y tu debes aprender a elegir cual es el mejor para ti...
El tiempo que estuve explicándole mis conceptos, tuve su
total atención y al parecer su interés se hacía
más notable conforme transcurría el tiempo, el pequeño
se veía ilusionado por algo y eso me daba mucho gusto,
porque a su edad era importante que encontrara buenas bases en
su forma de ver la vida, y no porque yo esté totalmente
en lo correcto, sino porque de alguna manera, el chico encontraba
en mis palabras un apoyo que posiblemente no tenía al lado
de su padre, me preguntó también si tenía
más revistas o libros que le pudiera obsequiar ya que su
padre no le daba dinero para comprar ese tipo de lectura, la sorpresa
que Benjamín no esperaba fue que en mi mochila tenia unas
revistas de Superman y de Spiderman y obviamente eran para él,
pero agregué también un libro llamado “ El
Principito “ porque con nuevos sentidos de expresión
sobre otros temas, él tal vez un día pudiese elegir
una buena lectura, que le enseñe a entender mejor las cosas.
Como en las tardes anteriores, nuevamente estábamos entusiasmados,
pero llegó la oscuridad nuevamente, esta vez me ofrecí
para acompañarlo a su casa, él rechazó mi
ofrecimiento alegando que su padre pudiese estar ebrio y tal vez
me ocasionaría un problema, entendí las razones
de Benjamín, me despedí de él y caminé
hacia mi casa pensando en la vida que probablemente pudiera llevar
Benjamín al lado de su progenitor, una vida que ni él
ni su hermano merecían.
Los siguientes días no logré ver a Benjamín,
fue alrededor de una semana o tal vez más y no me explicaba
los motivos de su ausencia en el parque, pero yo deseaba que nada
malo le hubiera pasado, me quedaba pensando que tal vez su padre
ya no lo dejaba salir al parque o que tal vez Benjamín
estuviese enfermo, pero cualquiera de los motivos reales de su
ausencia el único que los sabia era él, mientras
yo solo me llenaba de especulaciones.
Fue un miércoles cuando lo encontré nuevamente,
pero esta vez lo descubrí de una manera muy desdichada,
su ojos reflejaban su interna tristeza, al principio no quería
confesarme lo que le había ocurrido, pero después
me dijo algo que me dejó sin palabras. En los días
que estuvo ausente en el parque, se encontraba en el hospital
junto con su padre, esperando a que su hermanito se recuperara
de una terrible caída que tuvo lugar en su casa, al parecer
su padre no ponía la debida atención cuando su hermano
quería salir, así que al intentar saltar la cerca
de su casa cayó al suelo violentamente, esto le causo un
terrible daño.
Los días en el hospital fueron tristes, ya que no se veía
progreso de ningún tipo en el tierno cuerpo de su hermano,
todo parecía indicar que ya nada podría hacerse
hasta que tras largas horas de dolor su querido compañero
de vida murió.
Su padre desconsolado pensó en suicidarse, pero Benjamín
lo descubrió a tiempo y lo hizo reflexionar sobre la vida
que le esperaría al quedarse solo, el padre de Benjamín
le prometió no volver a emborracharse nunca y le dijo que
para olvidar todo aquello se cambiarían de lugar de residencia
y asimismo trataría de no defraudarlo nunca más
como padre, esta noticia aunque buena para él, llegó
en un momento muy triste en su vida, porque él sin duda
cambiaria su nueva situación por la vida que antes llevaba
y solamente lo haría para tener a su hermano nuevamente.
Traté de darle el mejor consuelo que pude, pero para estos
casos no existen palabras dulces que hagan sentir mejor, me dijo
también que esa vez sería la última ocasión
que podría estar platicando conmigo, porque no sabía
a donde lo llevaría su padre a vivir, así que le
di un abrazo y le pedí que fuera muy feliz, tomé
mi mochila y la abrí, ahí se encontraban más
de 4 revistas y dos libros, todos eran para Benjamín, los
guardaba para dárselos el día que lo localizara
nuevamente, le coloqué la mochila sobre sus hombros y le
dije que continuará leyendo y que tratará de entender
lo que los escritores querían explicar y así algún
día, él podría elegir lo mejor de ellos y
actuar de una manera diferente en su vida, me dio las gracias
por ser su amigo y se fue corriendo, ésa fue la última
vez que hablé con él.
Un día en otro sector de la ciudad, me pareció verlo
jugando con otros chicos dentro de una escuela cargando la mochila
que le regalé, posiblemente fue mi imaginación y
quizá nunca vuelva a platicar con él, pero me parece
que Benjamín va a seguir leyendo revistas y buenos libros,
y hay algo en mi interior que me hace pensar que algún
día escriba uno de ellos.
FIN