Fin de año y de una historia de amor

El silencio envolvía cada rincón de la habitación. La luz del sol de la mañana se colaba por las ranuras de la persiana de nuestra ventana y atravesaban el cuarto en penumbras.

Había cierta calidez en el ambiente, quizás dada por el aroma del café recién hecho. No, no era sólo por eso.

Tal vez por la desierta superficie de la mesa alterada en ese momento por la presencia de los pocillos, el cenicero, un encendedor y los invisibles rayos de sol expuestos a la vista por el delator humo del cigarrillo. Todo un cuadro. Pero no, no era sólo eso.

Fue cuando miré tu figura de pie a un lado de la mesa y supe que eras vos, siempre fuiste vos, porque sos la calidez en persona. Lo generas con cada movimiento armonioso, preciso, exacto, amoroso. Serviste el café en el más absoluto silencio y te quedaste allí... impasible. Es verdad, había cierta calidez en todo, pero también era cierto que no era todo. Supe que estaba a punto de descubrir el fin de algo más que ese año viejo. Si lo hubiera sabido de antemano, quizás no hubiera resultado tan doloroso... pero ya está.

Había una calma tensa. La calma que presagia la tormenta.

En los próximos días, seguramente, ni los diarios, ni la radio, ni la tv hablarán de ti y de mí, de lo que ya no es. Claro, es que hay tantas cosas más importantes para dedicarles páginas y tiempos enteros. ¿A quién le importa una historia de amor que termina?...

-"¿Cuándo comenzaste a dejarme de amar?"- y tus labios, esos que tanto deseé, esos, en los que me eternicé en momentos gloriosos de placer, no se abrieron para dar respuesta. Parecían tan lejanos, tan pálidos, faltos de vida. Los besé de mil modos y no obtuve respuesta. No insistí más.
Me miraste con una mirada entre piadosa y ausente y no me atreví a sostenerla porque no eran esos ojos tus ojos que tanto amo y esa mirada no era la que, desde el primer momento, me prendió. No, ya no era aquella, la que me transmitía un universo de cosas, ni ellos los que me invitaban a descubrir un mundo nuevo. Un mundo color esmeralda.

¿Desde cuándo me fui quedando huérfano de tus besos, caricias, sonrisas, de tus gestos cómplices, tus miradas? ¿Desde qué noche me fui quedando sin tu piel, sin tu calor... sin tu amor?..., ¿Tan ciego fui? ¿Tan insensible? ¡Y ese frío que me invadía desde muy adentro y me aterraba tanto! Nacía desde el centro de mi ser, tomando mis huesos, mi carne y por último mi piel, erizándola por completo.

En algún instante, hace tanto tiempo ya, imaginé un posible final pero jamás este sufrimiento.
Dolor por lo que comenzaba a perder. Dolor que se anidaba en mi garganta quebrando mi voz al pronunciar tu nombre para preguntarte y preguntarme:

-"¿Cuándo comenzaste a dejarme de amar?". En mi mano, el pocillo de café. Su superficie oscura reflejaba mi mirada, alterada por una ligera vibración traducida en anillos concéntricos. En su centro me sumergí, entonces mi tiempo se detuvo, recorrí un laberinto de sucesos y transité intrincados senderos de hechos que ya son recuerdos: tu mirada ausente en apagadas noches de amor, tus labios resecos como hojas de otoño, tu siempre escaso tiempo para nuestras charlas y tus dilatados regresos a casa luego de tu trabajo. Sábados esquivos y domingos silenciosos con sus madrugadas de húmedas almohadas. Entonces lo vi, cuando quise ver, lo vi...

El café en mi pocillo estaba frío, como mi alma, y aún vibraba su superficie negra, tan negra como mi realidad.

Miré el reloj colgado en la pared en un acto reflejo y comencé a despedirme. Ya era tarde.

-"Tan tarde para todo"- me dije.

No quise prolongar la agonía. Me di cuenta que era la última vez que me levantaba de esa mesa, que desandaba el camino a través del living hacia la puerta de entrada.

La calle estaba radiante con ese sol de diciembre, el bullicio de la gente me distrajo por un instante pero enseguida volví para mirarte y así guardar tu imagen, primero en mis retinas para luego grabarla a fuego en mi alma. Vi que ya no apoyabas tu cabeza sobre el filo de la hoja, ni sonreías, ni mirabas con esa mezcla de "enojo" y ternura por la pronta ausencia. Ya no habría un último beso que supiera a "hasta luego".

Ese día era el adiós, lo sabía.

Adiós amor, chau sueños de un mañana mejor. Hasta nunca más Esperanza.

Algo dentro mío se rebelaba por ese porvenir pero pensé que era inútil, ¿para qué intentar revivir algo que había muerto? Lo vi en tus ojos, lo supe en tus labios, lo palpé en tu piel y desde ese momento lo sufro en el alma. Ya no, ni siquiera un mundo de palabras, ni un universo de actos bastaría para romper tu silencio y recuperar tu amor... y ese frío que aún hiela todo mi ser. Adiós...

Sonó secamente la puerta a mis espaldas. Di media vuelta, estiré mi mano y rocé suavemente con las yemas de mis dedos la superficie cálida de la madera. Alimentaba futuros recuerdos. Comencé a desandar el camino tantas veces andado. Quise encender un cigarrillo pero no pude, me di cuenta que el aire no llegaba a los pulmones, en este, mi pecho oprimido. Y el frío en ese pleno verano. ¡Cuanto frío en esa soleada y cálida mañana de diciembre!, ¡cuanto frío en mi alma!

En la calle la gente transitaba las veredas de los comercios de manera eufórica y presurosa en sus compras para celebrar la llegada de un nuevo año. Un año distinto. Puedo asegurar que, para mí, será un año muy distinto. Tan negativamente distinto que deseo no llegue nunca.

En los próximos días, seguramente, ni los diarios, ni la radio, ni la tv hablarán de ti y de mí, de lo que ya no es. Claro, es que hay tantas cosas más importantes para dedicarles páginas y tiempos enteros. A quién le importa una historia de amor que terminó..., una más de tantas.

Desgraciadamente, una más de tantas...

Autor: Kaprikornio
Edad: 41
País: Argentina
Residencia: Ituzaingó - Buenos Aires
Ocupación: Empleado
Hobby: Leer, garabatear, navegar por la red
Fecha de publicación: 19/02/2003


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
04/05/2004 13:26:19 »» Carmen:
Hola desde el Atlántico, Kapricornio....He vuelto a encontrarte después de brisas de tiempo.Ya no me quedan muchos márgenes de ilusión pero hoy me has devuelto vestigios de nostalgia. Tus escritos ocupaban parte de mis tardes hace meses....Pero un día ya no pude encontrar la página de Internet que me regalabas y me quedé añorando lo que contabas....Sólo quiero decirte que contigo compartía mi melancolía, mis noches de lluvia y que llegué a extrañarte sin conocerte. Espero que este nuevo año tus deseos no pasen sin abrazarte como sólo tú sabes. Miles de besos y gracias....de otra capricornio. Cuídate.....
01/05/2003 17:26:32 »» luciano:
Muy bueno Kapricornio, seguramente la variedad de sentimientos que encierra el relato le ha tocado el corazón y el pasado a más de uno.
felicitaciones.