Querido lector:
Cuando las musas escasean
-no se consiguen fácilmente
en estos días-, tengo ganas
de hablar con alguien,
aunque no haya nadie interesado
en conversar con un poeta
entrado en años y con delirios
de escritor centrado.
¡Es extraño este arrebato!
Pienso que la locura, a veces,
me golpea de tal manera,
que me olvido por completo
de la gente, de sus cosas
y creo que comienza
el desquicio en su estado
más puro y más peligroso.
Me presento, así de esta forma
cuando leas esta carta,
sabrás que me preocupé
por ser cortes y educado
No todos lo son cuando debieran.
Mi madre me llamo Fernando,
la vida se encargo de hacerlo
como Nando, pero yo me
convencí de que soy Pablo.
Mi profesión se adentra
en las profundas regiones
de las letras y mi corazón,
en la bella Josefina,
a quien no le importan
ni mis letras ni el amor
que le profeso desde
hace años.
No me tengas lastima por ello
-detesto que se apiaden de mí-,
me acostumbré con resignación
estoica a los continuos
desplantes de la mujer que adoro.
Forma parte de mi existencia,
escuchar su constante negativa:
-¡No, Pablo, no insistas,
sabes que no te amo!
Yo tengo esperanzas
de que en la otra vida,
ella me corresponda.
Mi vida, además, se compone
de innumerables libros.
Libros de todos los tamaños
y de todos los colores,
algunos tan grandes y pesados
que se necesita la fuerza
de dos hombres para cargarlos
y otros tan pequeños,
que a menudo se pierden
y es imposible hallarlos.
Hoy tuve un mal sueño.
Cuando esto me sucede,
escribo y al hacerlo
disipo las pesadillas.
Es un hábito, creo.
Yo lo llamo el “hábito
aleja cucos y demonios”.
Quizás, suene graciosa
la denominación,
pero sólo conozco una manera
de vencer los miedos:
a través del humor
y de la ridiculización.
Algunos me han dicho
que elegí mal mi vocación,
que debí ser cómico.
Al principio, les respondía
diciéndoles que en las letras,
también radica la diversión.
Hoy, simplemente, sonrió
y los dejo opinar.
La vejez es sabia:
me enseñó a callar
frente a los necios
y a discutir con los
inteligentes.
¡Hace tanto tiempo
que no discuto!
Estimado lector,
si aun continúas aquí,
te lo agradezco sinceramente.
Has sido un excelente espectador
de las mañas de este
anciano poeta
que sufre de insomnio.
Sabes, ya es tarde y a estas horas
los huesos se resienten
con su dueño.
Me marcho a descansar
y dejo que prosigas tu camino
hacia lecturas más didácticas
y más sentidas.
Eso sí, espero que no me abandones
y nos encontremos a la vuelta
de la esquina o tal vez
en algún poema, tuyo o mío.
El escritor es un accidente,
lo eterno radica en la obra.