El milagro aconteció
durante la vacilante precocidad de mi vida
Cuando las breves rosas alegraban los jardines
y cuando,
sobre las calles empedradas,
amanecía con tranquilidad de barrio
Te conjeturaba tan distante e incomprensible
como el mismo infinito
Y más imprecisa aún,
que esta lluvia que se abate más allá de las ventanas
Tenías manos pequeñas y piadosas
Tenías un implacable dolor en la mirada
Pero cuando sonreías,...
Iluminabas mi mundo.
Jamás hubiera sospechado
Tu silenciosa partida
El postrer ocaso de tu alma
Y menos aún tu resuelta muerte
Las tardes se cansaron de esperarte
Se fastidió la luna
Y con el paso de los años
varió el color de los balcones
Y el miedo ensombreció las despreocupadas calles
... y tras gruesos muros,
se ocultaron los jardines de rosas
Desde este lugar
intento recrearte en mi memoria
Considerando aquellos momentos
que hoy apenas se desnudan en un verso:
"Eras mi cielo azul
y la primer estrella de la aurora
Eras Leipzig
Eras la música de JS Bach resonando en el órgano
de Santo Tomás
Eras Buenos Aires de madrugada,
y mi sol tibio de otoño
Eras mi vida,...
Lo eras todo..."
Ahora recuerdo
Que no dejamos de mirarnos
Ni siquiera en el instante del adiós
Ahora sé que te amé
Y que el único e inacabado milagro
fue saberme merecedor de tu amor.