Un desconocido acaba de saludarme
en la calle. Me parece que aquel rostro lo he visto en algún
otro lado. Sin embargo, por más que me esfuerce, no puedo
recordar. No es la primera vez que me sucede. Ayer, sin ir más
lejos, una mujer me llamó como si fuera un tal Pedro. Quise
aclararle que debía estar equivocada, confundida. Su reacción
fue de asombro y enojo a la vez. Si no quería saludarla
que no lo hiciera, bastante la había hecho sufrir, gritó
ante mi extrañeza y la mirada inquisitoria de los demás.
Luego desapareció entre la gente. Por más que miré
hacia todos lados en la calle Florida, no volví a verla.
He tropezado con los apurados transeúntes debido a extraños
pensamientos: Camino de pronto por lugares en los cuales nunca
he andado. ¿Yo por los bares siniestrísimos de la
calle Echegaray en Madrid? Sin embargo aquella joven mirándome
a los ojos, con los pechos casi afuera, recostada en la puerta
de un hostal de mala muerte llamándome Don Pedro me preguntó
si ya no paseaba por allí. ¿Dónde estaba
ahora? Reconozco la Gran Vía, Mesoneros Romanos, pero no
estoy allí, estoy aquí, en Buenos Aires.
Desde la mesa del bodegón contemplo la calle Montera, sin
poder comprender qué me está sucediendo. Mis pasos
me han traído hasta este lugar, en la Plaza del Carmen
en el cual nunca estuve, lleno de gitanos y mujeres de mala vida.
Acaba de entrar un hombre de robusta contextura quien luego de
mirar como si buscara a alguien, viene directamente con su mano
estirada hacia mí.
-Hola Pedro ¿hace mucho que esperas?
No sé que contestar. No sé quien es. No sé
dónde estoy.
-Cuídate. He venido a decirte que te cuides, han jurado
matarte.
-¿Quién? ¿Por qué?- Pero mi pregunta
no tendrá respuesta.
Ha sido todo muy rápido. Me puse de pié. Nuevamente
figuras, caras, edificios, calles, todo se ha mezclado como en
una enloquecedora película, hasta que por fin, estoy en
mi cuarto de hotel, en la Avenida Corrientes.
Tirado sobre la dura cama, miro las paredes sin poder comprender
nada. Una semana. Hace una semana que esto me ocurre. Siempre
cuando salgo por las calles, son calles de España, sin
embargo, sigo estando en Buenos Aires.
El sonido del teléfono me hace dar un salto pues ya estaba
casi dormido.
-¿Tío Guillermo? Soy Alberto, tu sobrino. ¿Dormías?
Como era temprano, pensé...
-No, no es nada
-Quería saber cómo te quedaban los zapatos...
-¿Qué? Ah si, me quedan bien. Son nuevos....
-Claro que son nuevos, mi suegro los había comprado el
mismo día que lo mataron en España.
-¿Lo mataron? ¿En España?
-Don Pedro estaba viviendo en España cuando lo mataron,
por problemas con una mujer, parece....Mi suegra se vino con todo
a Buenos Aires, para quedarse con nosotros. Fue un duro golpe
para ella… Trajo todas sus cosas. No sabemos qué
hacer, el departamento es tan chico..... Hay un traje completamente
nuevo, si querés, también te lo regalo.....
FIN.-