Dibujar en la pared de esta vida
un cometa verde esmeralda
el vaivén de la mar en la madrugada
el presentimiento rugoso
de una muerte incidental.
Rallar colores
y alejarse lo suficiente
para ver como la lluvia
o el tiempo
los borra.
O simplemente
ver la tarde de grisallas
y devolverle a la vida
la patética sonrisa de artista callejero
y pensar en la textura de la luna
cuando la muerte fugaz
agote el último aerosol
de nuestra vida.