La Ventana

Hay en las afueras del Plano una ventana. Su marco está trazado por un rectángulo vacío y azul. A través de ella no se ve más que el simple universo. Pocos han llegado a ella, y menos han mirado a través suyo.

Algunos dicen que esa ventana puede ser un pasaje a todos los lugares y tiempos, que sólo hay que saber mirar. Otros afirman que por esa ventana entra la luz del universo, que ilumina luego las estrellas, y luego éstas a las lunas, y éstas a los corazones unidos. En el corazón de un enamorado está tatuada la historia de un hombre que atravesó la ventana y escapó.

Llegó a ella en un sueño y cuando miró al exterior pudo ver el interior de todas las almas humanas, abiertas a él y para él. Cuando vio todo aquello saltó por encima del marco azul y se fundió con todas las almas, y fue y es uno con todas ellas. Cuando su cuerpo despertó en el mundo del dolor todavía era él, pero faltaba algo en su interior, había una pieza de él que hacía vacío en su todo. Consultó con todos los magos y hombres santos de su mundo, pero ninguno tenía una respuesta. Por las noches ya no soñaba, sólo podía ver ese maldito rectángulo azul que lo atormentaba profundamente, un rectángulo lleno, cerrado. Al poco tiempo se dio cuenta que ya no sonreía, ya no lloraba, y había comenzado a envejecer.

Comprendió al cabo de dos lunas llenas que ya jamás recuperaría lo perdido, que el rectángulo jamás estaría vacío de nuevo. Así se quitó la vida, y de él brotó un ser que no era él, que era tan sólo lo que había quedado del otro lado. Se buscaron por dos eternidades y media, Némesis y su espejismo, mas no se encontraron. Cuando ya estaba por llegar a su fin, el universo los juntó, y a través de la ventana se enfrentaron. Se miraron celosamente unos minutos, y al ver que su única diferencia era el color de los ojos, Némesis tomó muy fuerte del cuello a su espejismo, y el otro quiso escapar, pero la fuerza del otro no se lo permitían, y la agilidad del otro no le dejaba sostenerlo con mucha fuerza. Finalmente uno de los dos murió, y el otro arrastró a ese a su lado de la ventana, y en ese momento esta se cerró, y el universo quedó a oscuras.

Autor: Santos Domec
Edad: 16
País: Argentina
Residencia: Bs As
Ocupación: Estudiar
Hobby: Escribir
Comentarios: A veces es demasiado pedir dejarse volar
Fecha de publicación: 18/09/2002


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
No hay comentarios disponibles para este texto. Te invitamos a enviar el tuyo!