Mi sueño

Era de noche en la ciudad de Buenos Aires, hacía un frío húmedo y el mismo mantenía el pavimento mojado... De alguna manera me encontraba caminando con dos espadas, una era de antiguos templarios.

Caminando, de pronto me topo con un grupo de personas comunes que comienza a agredirme... querían echarme e irritadas comienzan a perseguirme, corro todo lo que puedo, alguien se me une en la fuga, una pequeña niña de cabello oscuro. Y para escapar de la orda me encierro en una cabina de pago y la niña tras de mí. La pequeña me advierte que no tenga miedo, que ellos no le hacen daño a la gente, que tan sólo estaban molestos y querían asustarme. Entonces la líder, una chica teñida de rubio con raíces negras saca una impresionante navaja mientras me mira con odio, y cuando el grupo se abalanza a tirar la puerta de vidrio, miro a la niñita y le digo: "Si no salgo a defenderme, van a matarme. No quiero hacerles daño, pero quiero que detengan su accionar". Abrí la puerta tomando firmemente el mandoble, y en el momento en que la muchacha se disponía a atacarme di una estocada contra su arma, la cual se quebró en dos partes. La chica quedó conmocionada y le dije: "ves tonta, casi te corto la mano! No quiero problemas con ustedes, sólo quiero ir en paz!". La chica se largó a llorar, me pidió disculpas y me invitaron a una sala a tomar té y comer torta.

Siendo tan tarde, cerca de las 3 de la mañana decidí irme. Afuera la calle estaba con un tránsito de gente como si fueran las ocho. Al salir, noto que tan sólo tengo una de las espadas... y de soslayo veo que alguien alzaba la que me faltaba amenazando con ella a un individuo el cual estaba agazapado contra el piso en pose de pánico hacia mi izquierda. Sin prestar mayor atención a la escena, le pedía ese señor que me devolviera la espada que era mía, cuando voy a verle la cara y comienzo a repetir mi petición, observé que era descomunalmente alto y muy fornido, tenía el torso desnudo y abajo lo cubría una pollera tipo hawaiana, y de su cuello colgaban collares hechos con huesos y plumas, y cuando vi sus pies, no eran pies sino garras. Me quedé atónita viéndolo... era un demonio, amenazando a un ser humano. Y me quedé esperando a ver si se dirigía a mí, pero gracias a Dios no me había prestado atención. Fue entonces cuando decidí regalarle la espada...

Salí corriendo hacia el lado opuesto... pero conforme iba corriendo, la gente caía al piso y se transformaban en estas criaturas. Seguí corriendo cada vez más y con más miedo, estaba sucediendo en todas partes y parecía no tener escapatoria cuando tomé un taxi, estuve todo el viaje temiendo que le pasara lo mismo al chofer y rogaba por que llegáramos pronto a mi casa. Pero mientras tanto pensaba en que ni aún en casa estaría segura, porque tarde o temprano, las criaturas llegarían.

Es así que de soslayo vi que pasamos por una Iglesia, así que le pedí al chofer que me dejase ahí, era el único lugar seguro. Entré y extrañamente había gente celebrando Misa... una tras otra. Y hasta había chicos de distintos colegios compartiendo ese momento, efectivamente no había malas conversiones ahí dentro. La Iglesia poseía varias salas y se brindaba misa en todas ellas. Caminé hacia la última sala donde terminaban de celebrar la Misa y llamaban a un descanso para celebrar otra mas tarde. Entonces me dirigí hacia una pequeña cocina dentro de la misma Iglesia donde se encontraban dos niñitas de un colegio hablando con un Sacerdote. Me quedé hablando con ellos cuando una de las niñitas abrió la pequeña ventanita de la cocina, estrepitosamente se asomó una de aquellas criaturas gritando salvajemente y yo me precipité a cerrar la ventana, advirtiendo sobre todo al Sacerdote, de lo que estaba pasando en las calles, el Sacerdote corrió para advertir a los demás y tomar medidas... pero cuando yo corría tras él para ayudar... la misma niña volvió a abrir la ventana... ya era tarde, no podía quedarme a tras.

Llegué a la última sala una vez más, la misa ya había dado comienzo y me arrodille en el último banco, el más próximo. Por mi mente recorría una frase que alguna vez se suponía había leído... "Nosotros tenemos derecho a hacer que ellos se arrodillen en la casa de Dios". Miré por sobre mi hombro y vi que por la puerta principal de la sala estaban entrando cuatro de esas criaturas, dos de cada lado, y por las dos puertas que se situaban a ambos extremos de la sala, entraban otro tanto. Una joven uniformada con los emblemas de su colegio, se incorporó y sabiendo, aparentemente, la misma frase que yo, les señaló sentenciosamente el piso y con un semblante rudo. La criaturas se vieron obligadas a arrodillarse. Fue entonces cuando, durante la Misa, el sacerdote nos mandó a rezar la oración de San Miguel y otras oraciones más. Entonces las criaturas comenzaron a correr desesperadas, mientras cálidas fuerzas invisibles a los ojos humanos las combatían y las condenaban a las profundidades.

Me desperté temblando.

Autor: Mjiriam Van Doorn
Edad: 27
Residencia: Capital Federal
Hobbie: Reflexionar
Fecha de publicación: 16/08/2002


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