|
Terapia
Llevo apenas unos segundos esperando en esta sala y el tiempo se alarga y se alarga. Pienso, construyo, imagino la conversación que tendré con él y olvido otras ideas que pensé antes. Ahora es mi turno y estoy ansiosa, esta vez siento que el corazón se me sale por la boca. Sé que me está esperando y eso me pone aún más nerviosa. De pie junto a la puerta de esa habitación lo saludo, intento percibir su olor, pero no siento ninguno en particular. Me he enamorado tantas veces solamente por la estela que han dejado algunos hombres al pasar. Quisiera que fuera como cualquier otra vez, nada especial, pero hoy es diferente. Y una vez más estoy sentada justo frente a él, tratando de ahondar en los oscuros recovecos de mi alma, de mi mente y de mi piel. Le cuento temores que he inventado para poder alargar lo más posible la terapia. Tengo miedo de dejarlo, de sentir nuevamente esa soledad que me carcome cuando no estoy aquí. Me mira como queriendo ver algo que a simple vista no se percibe. Es como esas miradas de las cuales es imposible desembarazarse y la tengo tan grabada en mi retina como un tatuaje. ¿Cómo confesarle a este hombre tan humano como yo, mi más callado secreto? ¿Cómo decirle que a pesar de no estar loca ni esquizofrénica, trato de estarlo para poder sobrellevar lo que siento? ¿Cómo decirle que estoy perdida con su mirada, con su voz? Acaso no soy lo suficientemente atractiva para él? Hablo y hablo sin poder concentrarme en mis propias palabras. Yo sé que nunca le voy a decir nada. Me paro, voy directamente hacia él, me mira con una sonrisa, tomo su cabeza firmemente y le doy un largo y apasionado beso, él corresponde de la misma manera. Está sonando el despertador, me tengo que levantar.... Carolina Kotesky, 2
de julio de 2002 Autor: Carolina
Kotesky
|
|||||||