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Historias
Kaprikornianas 2
Sobre
los sueños, las sombras, fantasías (no fantasmas), el amor,
la luz y otras yerbas.
En el pequeño
cuarto iluminado a medias por la tenue luz de una vela tienen vida mundos
invisibles agazapados en sus ángulos más oscuros. Del más
oscuro de todos me desprendo y en espiral ascendente por una pata de la
vetusta mesa llego a su superficie. Sobre ella la blancura de la hoja
de papel se destaca y me tienta al igual que lo haría una mujer
sola y desnuda en mi lecho, esperándome para una noche de amor.
Hay tantas cosas dentro mío que el deseo me arrebata y me propongo
esta noche ser su amante y pluma en mano escribo. Comienzo a rozar su
piel.
Podría copiar los más bellos poemas que mudarían
en las caricias más tiernas, pero ciertamente no serían
mías. Me digo: eso es tarea de poetas.
Podría dibujar los más increíbles y fantásticos
cuentos ya creados y sabría que son dedos extraños, de manos
extrañas, los que recorrerían su suave cuerpo. Sé
que debo ser yo mismo y esto es lo que soy: tan sólo una sombra
con sus recuerdos que vive esta realidad en perpetua agonía por
la ausencia...
La sensación
que me produce su recuerdo tiene un sabor agridulce para el alma. Es recordar
aquella historia tan vívida aún por el escaso tiempo que
ha pasado y sentir mi ser desgarrarse primero en un dulce dolor que crece
intensamente hasta no poder ahogar el grito del alma.
Infierno de ausencia material dentro de un abismo oscuro.
Pesadilla interminable de un ayer no lejano y un mañana que jamás
llegará. Averno infinito de amargura y soledad...
Pero no me olvido que hoy estoy haciéndole el amor a su recuerdo
y entonces decreto una tregua, dejo mi infierno por un instante y comienzo
a recordar... y escribo:
Su cara junto a la mía, su aliento, la paz de su mirada que me
envolvía para descansar por un momento del largo camino de la vida.
Recuerdo su sonrisa cómplice cuando mis incansables labios parían
infinidad de besos cubriendo todo su cuerpo y mis manos, celosas, lo recorrían
borrándolos por completo, y así todo comenzaba de nuevo.
Su pecho apretado junto al mío transmitiéndonos tanto calor,
tanto amor, ¡cuánta armonía en el acto! ¡qué
preciosos momentos! y luego, tan de repente, sin mediar palabras, desatábamos
una tormenta de pasión, la respiración entrecortada, ambos
pechos agitados y los corazones golpeando frenéticos y con tal
fuerza sobre las sienes que soles de mil colores estallaban en nuestro
espacio... hasta que llegaba la calma, calma momentánea que presagiaba
una renovada tormenta de pasión.
Recuerdos..., dulces recuerdos...
Nuevamente el infierno...amargo presente...
¡Qué poco duró!, ¡cuántos sueños
truncados!, si hubiese previsto el final, seguramente la hubiera amado
aún más. Echarle la culpa al destino es fácil, pero,
¿existe realmente el destino?, ¿hay algo preestablecido?
o ¿sólo somos como plumas al viento?
Me alejé de ella, pero no del todo. Cumplo mi promesa de nunca
irme del todo porque siempre estaré regresando?, tal cuál
la frase que le repetía hasta el cansancio, aunque nadie regresa
del lugar en donde estoy.
Tal vez sea un vano intento, pero a la luz de una vela, en este cuarto
sombrío, sobre esta hoja de papel desnuda escribo los recuerdos
del ayer. Sé que ya nunca más voy a recorrer su cuerpo,
que ya no volveré a ver su oscuro cabello resaltando sobre el fondo
blanco de nuestra almohada, sus labios distendidos en sonrisa luego de
la amorosa batalla. Nunca más sentiré la calidez de sus
manos y sus caricias infinitas, no veré sus magníficos ojos
verdes y la paz de su mirada invitándome a descansar al despertar
la mañana.
Igual insisto...
Del ángulo más oscuro de este cuarto en penumbras, me desprendo,
sombra entre las sombras, y extiendo mi mano y ¡no logro asir la
suya!
Aire que ya no llena mis pulmones.
Abismo negro que abre su boca fétida e insaciable para tragarme...
De pronto el grito de vida estalla en mi garganta, despierto tan sobresaltado.
De inmediato estiro mi mano y toco su tibio cuerpo a mi lado. Aún
duerme. Compruebo que hay tanta paz en el acto que de inmediato me sereno.
Pienso en mi sueño y me pregunto si en algún momento podrá
ser real. Si es eso lo que me espera. Si hay un destino prefijado o lo
hacemos a cada paso. Es posible, pero ciertamente no lo sé, sólo
tengo una certeza: estoy tan vivo y tan a tiempo de intentar todo que
cuando ella despierte la invitaré a llenar los espacios en blanco
de nuestras vidas con mil colores. Comenzaré escribiendo sobre
su cuerpo desnudo la historia de nuestras vidas y hasta me animaré
a escribir un poema que anidará en sus entrañas y será
la prueba que no pasamos por este mundo en vano.
Nuestro hijo será la luz que borrará todas las sombras del
mañana. Será el amor encarnado en cuerpo y alma que, una
vez más, le ganará a la muerte la batalla.
Cuando ella despierte la invitaré a escribir una nueva página
en el libro de nuestras vidas. Sí, así será.
El sol del amanecer se cuela por las rendijas de la ventana y observo
los ángulos aún oscuros de este cuarto, ¿habrá
mundos invisibles habitados por sombras que no se atrevieron a vivir?
Es posible.
A vos, que estás leyendo estas líneas, te digo que todo
es posible. Desde las sombras de la oscuridad y sus amargos grises hasta
la brillante luz, pasando por una gama infinita de colores: los de la
vida.
Un consejo: ama y vive cada momento de esta vida, como si fuera el último.
No te arriesgues a dejar para mañana en tu corazón lo que
puedas ofrecer hoy. Piensa, luego actúa, la elección es
tuya...
Autor: Kaprikornio
Edad: 40
País: Argentina
Residencia: Ituzaingó
Ocupación: Empleado
Hobby: Internet, lectura, garabatear, cine.
Fecha de publicación: 22/03/2002
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