Desolación

Hemos de continuar con esta historia incierta, que unas veces se tiñe de rojo escarlata, amarillo sol, azul cielo, gris insípido y hasta negro absoluto. Hemos de seguir caminando por ese paraje que a veces se me antoja tan tedioso e insoportable, imposible respirar. La luz se opaca, el tiempo pasa y la estela que va dejando es de desesperación y desidia, de dolor, frustración, amargura, como si se acabara de a poco el aire, el agua, el sol, cada día es peor que el otro, cada intento de salir es una caída más estrepitosa y me quedo aquí pensando en como llegué hasta este punto en que todo se reduce, toda luz se extingue, las frases se vuelven desgastadas, repetidas, una y otra vez la misma historia, sólo que cada nueva se convierte en la continuación de esta inexorable y lacerante, que va quemando mi piel hasta doler el roce de la ropa, la más inocente dulce caricia, el más tierno beso.
Nada, ni siquiera un impulso a correr y escapar, he quedado atrapada aquí, sin salida, de a poco tristemente resignada. Nada, ni siquiera el amor infinito entusiasmaría mi alma a levantarse y seguir, que sentido tiene, como curar tantas heridas profundas, si ya mi tristeza llego a tal punto que me cuesta caminar en la calle, hablar con las personas, como si cualquier intento fuese a destrozarme, el agua ya no es agua, ya no calma mi sed, el aire se ha vuelto espeso y sin esencia, llena mis pulmones y aun así me siento sofocada, exhausta, realmente ya no puedo respirar.
Ya ni siquiera la brisa refrescante de tu presencia me consuela, me he prometido mil veces dejarte en paz, no retenerte a mi lado para que no veas así la miseria en la que de a poco convierto mi vida, pero que difícil es, en este mundo en el que no consigo la paz que tuve alguna vez a tu lado, lástima que fui tan ciega como para no ver todo lo que me brindaste, ese amor incondicional, ciego y un poco loco, cada sonrisa, cada caricia; cuanto sufrimiento para darme cuanta de la importancia que tenías. Ya no puedo hacer nada, ya mi rumbo se vuelca irremediablemente y yo no hago nada, tal vez podría, pero estoy aquí sentada en este rincón que acrecienta mis temores, ¿qué he de hacer? Sólo se me ocurre liberarte. Si mi existencia de jazmines se marchitó de uno a uno, y fue tan así para que yo no pudiese notarlo sino hasta cuando ya fue demasiado tarde, cuando mis venas se helaban y mi garganta se secaba, cuando estaba caminando hacia la cornisa y te dejaba caer esta carta a ver si me rescatabas, a ver si llegaba a ti antes de que yo saboreara el concreto en mi piel, con el último hilo de esperanza en mi alma, mis ojos se anegaban de lágrimas y el viento hondeaba fuertemente mi vestido azul, mi desesperación crecía, mientras yo iba viendo tristemente morir mis esperanzas, estaba al borde, ya no tenían fuerzas mis ojos ni para mirar el fondo endurecido donde en unos instantes iba a yacer mi cuerpo inerte, basta de este sufrimiento que desgarra mis pulmones, que hiere a mi piel, que cuartea mis labios, basta, allí estaba mi descanso tan cerca de mi, me acerqué lentamente más al borde, hice un ultimo acopio de valor para mirar atrás, cuando escuché tu voz llamándome, estabas allí, habías venido por mi, mis labios esbozaron una débil sonrisa de alivio, tendiste tus brazos abiertos hacia mi, mis ojos volcaron una ola de llanto, me miraste dulce como si entendieras mi dolor, di un paso hacia ti y de un golpe lancé mi cuerpo al vacío llorando amargamente sabiendo que ya era el fin, no quise retenerte, no quise compartir contigo la tortura de mi martirio, te deje libre, mientras a mis oídos llegaba el grito desgarrante en el que pronunciaste mi nombre. Mis ojos llenos de lágrimas se abrieron, a mi lado miré que dormías en la oscura habitación, me puse el vestido azul, caminé hacia la puerta, deje caer la carta sobre la mesa de noche y te lancé desde allí el último beso y el último adiós.

Autor: Iluz Ionez
Edad: 21
País: Venezuela
Residencia: Caracas
Fecha de publicación: 15/02/2002


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