Una charla con mi perro

Debajo de las ropas de mi cama, impidiéndome mover, Gobbi mi perro se acomodaba. Lo empujé con los pies haciendo fuerza pues no quería salir. Luego de luchar inutilmente, bajó despaciosamente mientras mostraba las encías rosadas con manchas negras, sus dientes tan blancos y afilados.
-Tengo frío-dijo mirándome furioso.
-Allí tenés tu lugar- le mostré la colchoneta que estaba cerca de la cama.
-Tengo frío- repitió metiendo la cabeza nuevamente debajo de las cobijas.
-No, no vas a meterte en la cama- volví a empujarlo. Con una triste voz cavernosa me dijo: -Pensé que era tu mejor amigo- Se sentó sobre sus patas traseras mirándome fijamente.
Me tapé, volviéndome hacia la mesa de luz para alcanzar la perilla del velador. Gobbi, ya estaba metido entre las sábanas. Salté al piso, él quedó formando un bulto que gruñía. Tiré toda la ropa al suelo arrastrando al animal que parado en medio de la habitación comenzó a mirarme con ojos tristes.
-¡Qué desagradecido!- se tiró sobre las maderas cruzando sus patas delanteras.
-Pensar que cuido la casa cuando no estás. Jamás te he mordido y mirá que los dóberman tenemos mala fama. No me he comido a ese maldito loro que se la pasa picándome cada vez que me acerco.
Comencé a hacer la cama, fingiendo no oirlo.
-He ladrado cuando me pareció que algo no andaba bien. No te arruiné las plantas, no faltándome ganas de hacerlo, habiendo levantado la pata muchas veces en venganza por tu forma de tratarme, pero me arrepentí.
Me detuve repentinamente en lo que estaba haciendo-¡Mi forma de tratarte!-¿pero quién te dá de comer?
-Es tu obligación.-Se puso de pié y caminó lentamente hacia la cama. Subió una pata.-¡Ni se te ocurra!.Te traté como a uno de la familia...
-Tengo frío.-subió la otra pata-Un día volveré como un ser humano y vos como un animal...volvemos a vivir...distintos...
-Cada uno con su filosofía.-Me tapé o casi estaba por taparme cuando dijo:
-Mañana me voy. Apenas encuentre la puerta abierta me voy...
-Vas a ser un perro callejero, pulgoso, hambiento. No creo que lo hagas...¡No te vas a ir!Grité, le grité porque eso me dolió. Comencé a pensar qué sería la casa sin sus ladridos, sin sentir su cabeza apoyada en mis rodillas. En no volver a sentir una demostración tan sincera de alegría y de afecto cada vez que regreso a casa.
-Moriré de frío..pero en la calle..
Bajé de la cama y lo abracé muy fuerte. No, te voy a dar todo mi calor. Me ahogó un sollozo. El apoyó su hocico en mi hombro mientras miraba de reojo la cama.
La campanilla del reloj me despertó. Quise estirar las piernas pero no pude. Hecho un ovillo, sobre la cama, Gobbi pegó un salto apenas me moví.
Comenzó a mover graciosamente su trocito de cola ladrando insistentemente mientras miraba hacia la cocina. Lo soñado pasó como una ráfaga por mi cabeza.
-Esperá, esperá un poco que ahora voy a hacer el desayuno para los dos...
FIN.

Antonio Guillermo Molina

Edad: 70 años
País: ARGENTINA
Residencia: CAPITAL FEDERAL
Ocupación: jubilado
Hobby: las artes en general, cantar, viajar y ahora escribir...
Comentarios: Qué sensación de alivio es poder expresar los pensamientos con libertad sabiendo que hay alguien que lo apoya, que le dá el espacio para poder hacerlo libremente

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