ANGEL DE BAR


Por más que le doy vueltas en mi cabeza, una y otra vez, de adelante para atrás y viceversa, no consigo saber si lo de aquella noche en ese bar fue un sueño o una alucinación producto del alcohol y el humo del cigarro que corrían generosamente, nublando los sentidos de los asistentes.

Mi parte racional se niega a aceptar que lo que vi, sentí y hasta toqué sea real. Pero tampoco logra atribuírselo del todo al alcohol, porque ese día no había probada ni un sólo trago. Y a menos que fuera un efecto de embriaguez psicológica por el ambiente que se disfrutaba en ese momento, no encuentro otra justificación.

El caso es que por alguna razón, mi acompañante de esa noche, una menudita muchacha de lindos ojos, de cabello negro y piel blanca, comenzó a sufrir una lenta transformación que sólo puedo calificar como divina.

Lo primero que noté fue que su mirada se dulcificaba , como si me viera desde muy adentro, desde donde nace la luz que nos da la existencia. Cada vez que sonreía algo revoloteaba en mi estómago y me sentía feliz. Me estoy enamorando, pensé y me dediqué a admirarla.

Poco a poco su cuerpo adquirió una levedad angelical. Cada vez era más ligera. Bailábamos juntos, pero mientras mis pies se aferraban al piso, ella parecía flotar entre el humo del cigarro que parecía sofocar aquel lugar.

Nunca se las vi, pero puedo jurar que tenía alas. Esa mujer que al entrar al bar era terrena, se había convertido en un Angel. era un Angel de Bar.

Después. después todo es confuso. Sólo tengo vagos recuerdos que se disipan como humo. Desperté con su ausencia en mi cama, preguntándome, una y otra vez, si debo vivir o morir para volver a encontrarme con aquel Angel de Bar.

Víctor M. Lupian
Creativo
30 años
Hobby: leer, cine, escribir.

Escribile al autor


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