LA AMENAZA DE MARTIN


Durmiendo. Así estuve desde 1: 30 hasta las 9 hs. Lo que ocurre es que generalmente me quedo estudiando hasta tarde o trabajando con la computadora. Si soñé? Si, claro. Y esto es lo que les voy a contar.

En realidad lo que me sucede generalmente es que no tengo un solo sueño sino varios. De esto estoy tan convencido como que después de soñar sólo puedo recordar uno de ellos, y con esfuerzo.

Lo que me pasa siempre es que rápidamente comienzo a olvidarme qué soñé y apenas me quedan un par de imágenes difusas. De todas formas quiero contarles brevemente este sueño.

Lo que sucedió fue lo siguiente, en un lugar muy amplio y frío estábamos todos. Cuando digo todos me refiero a todos. Es decir, toda la gente de mi pueblo. Sí, estábamos todos, había viejos, bebés, niños, etc. etc. Qué hacíamos? Todos mirábamos hacia arriba, muy alto, algo así como doscientos metros de altura. Allá, en la cima, estaba un chico del puebLo, que es conocido mío. Se llama Martín. El nos gritaba a todos, decía que tenía problemas, que estaba cansado y que por eso se iba a tirar al vacío. Así amenazaba constantemente con lanzarse, e inclinaba su cuerpo. Delante de él había una pileta de natación que estaba vacía. Por lo cual no tenía posibilidades de salir a flote de su decisión (ja, chiste). Bueno, es cierto, si se tiraba se mataba.

Puedo recordar la imagen de él, su resignación, y su amenaza constante. También sus ojos rojos pero sin lágrimas. Estaba allá arriba mirándonos. Por momentos gritaba, se ponía nervioso y simulaba arrojarse. En otras circunstancias, en cambio, se quedaba en silencio y nos observaba.

Algo resultaba extraño, todos los pringlenses estábamos a doscientos metros de distancia de él y veíamos con nitidez sus movimientos, su rostro. De la misma forma escuchábamos con precisión sus palabras, que eran pocas pero suficientes para comprender lo que nos estaba diciendo.


Pasaron unos minutos, no muchos. Luego sucedió. Se lanzó desde arriba, indiferente a todas las palabras y ruegos que le hacíamos llegar todos los habitantes del pueblo. Y finalmente se lanzó. Sí, se lanzó sin importarle absolutamente nada, ante nuestras miradas impotentes que esperaban lo peor. Se lanzó, y fue directo al vacío.

Saben una cosa, algo extraño y perfecto sucedió. Cuando todos esperábamos que impacte en el suelo, nada de eso pasó. En el momento justo, porque venía dando vueltas en el arie, extendió sus pies. Después ? Tuvimos suerte, apoyó sus pies en el piso y con la misma velocidad con la que estaba llegando al suelo salió corriendo, disparando a una velocidad increíble. Igualmente alcanzamos a verlo justo en el momento en que contactó el suelo. Estaba sonriendo e intacto. Intacto !!!

Frente a esto no pudimos más que abrazarnos, estábamos locos de alegría, desbordados por la emoción. Recuerdo las imágenes de los habitantes de Pringles, todos felices y festejando. Sólo se escuchaban aplausos entre gritos espontáneos. Y se veían algunas personas que corrían, como yo, detrás de Martín para felicitarlo.

Juan Manel Valentini
24 años
Cnel. Pringles. (Argentina)

Escribile al autor


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
No hay comentarios disponibles para este texto. Te invitamos a enviar el tuyo!

Sueños y PesadillasHistorias de CiudadesDiario Intimo
El cuento del TíoCuentos para AdultosTutti FruttiConfesiones
Recuerdos de la InfanciaEditorialStaff