LA MUERTE... LLAMÓ SÓLO
UNA VEZ.
María empeoraba día a día.
Su respiración era muy agitada, su rostro estaba cada vez más
demacrado: sólo resaltaban sus enormes ojos azules sembrados
de largas y sedosas pestañas. El fin se acercaba inexorablemente.
Todos se daban cuenta de ello: sólo su esposo, oficial de la
marina y en viaje a Europa, vivía aferrado a una esperanza.
Una mañana, María despertó aparentemente muy mejorada,
pero ella sabia íntimamente que no era así, que era la
llamada " mejoría de la muerte ".
Comprendiéndolo, y con una fortaleza digna de alabanza, tomo
su lapicera y con frenesí escribió una carta a su esposo.
Fue tal la emoción que puso en su ánimo, que en un momento
dado, le pareció que él estaba entrando en la habitación.
Como si se acercara lentamente a ella y sin decir palabra cayera de
rodillas junto a la cama hundiendo la cabeza sobre su cuerpo, abrazándola
fuertemente. Así, le pareció estar largo rato... Hasta
que impulsada por un fervoroso deseo comenzó a escribir:
" Amor mío: no quiero que sufras, sé que el fin se
aproxima. Por eso quiero decirte que no debes llorar por mí.
No pienses en lo hermoso que hubiera podido ser el seguir juntos, sino,
que sólo debes recordar cuan felices hemos sido y dar gracias
a Dios que nos hizo el regalo de una felicidad tan completa. He sido
y soy tuya en cuerpo y alma. Por ello, aunque muera, aunque ya no tengas
mi cuerpo, mi alma queda en ti por siempre..."
Los labios de María se unieron en la imaginación con los
de su esposo, como si Enrique la abrazara con desesperación tratando
de transmitirle el hálito de su vida hasta que ella falleciese.
Cuando el alférez Medina regresó de su viaje de instrucción,
al otro día, en silencio lloraba sobre la tumba de ella. ! Y
qué solo se sentía!...Ya la vida no tenia significado
para él. Por el momento, estaba deshecho... Física y moralmente
destrozado...
* * * *
Pero... Todo lo que has leido, lector, sólo fue un sueño
de Enrique Medina en pleno altamar... Era la angustia, la angustia...
la repetida angustia de no ignorar la exhausta salud de ella. Lo cierto
es que una noche de tempestad horrenda, no tuvo más tiempo para
meditar sobre el destino de su amada esposa. El buque se estremece,
entre el rugido del agua y del viento. ! Oh!, Dios, al salir a cubierta
una ola gigante barre el lugar y él es arrebatado de improviso,
mas, quienes lo vieron comentan, que en el secreto de aquel caos de
aguas oscuras, se le escuchó llamar ahora, realmente ahora...!
A la muerte !
Osvaldo
Beranger
60 años
Buenos Aires (Argentina)
El Confesionario - Comentarios sobre el texto
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Comentarios de los lectores |
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31/08/2006 18:01:21 »» ANDRES:
BUENO OSVALDO ME AGARDO MUCHO LEER SU ESCRITO DE LO MAS LINDO QUE EH LEIDO AQUI, ADEMAS COMPARTIMOS TODOS ESA INCERTIDUMBRE SOBRE LA MUERTE |
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