SUEÑO Y REALIDAD
Abro los ojos en mitad de un sueño.
El reloj susurra quejumbroso las doce campanadas, la media noche se
acerca con sigilo entre las sombras. Mi ventana se abre de un golpe,
parece una boca gigante atragantada de oscuridad. Lleno de deseo salto
por ella como lo haría el kamikaze más intrépido.
Mientras caigo por mi ventana veo el filo de la guadaña acercarse
peligrosamente. Creo que madre muerte viene a buscarme de una vez por
todas: no hay salida para mi.
Sin embargo cuando creo haber muerto al tocar firme, me fijo en madre
muerte que se aleja llorando entre su manto de penumbra: - No tardaré
en abrazarte, mi amor - dice desafiante.
Realmente me he salvado de la muerte ya que en lugar de el duro, frío
y mortal suelo, me esperaba, salvador, un halo púrpura que me
eleva por el cielo.
Surco los vientos pero no temo de la altura porque mi halo púrpura
me protege: quizá sea mi ángel de la guarda, si es que
existen.
Desde la altura veo los sueños de la gente elevarse sinuosos
por las chimeneas de millones de edificios. No hay dos sueños
iguales pero todos se parecen.
No hay diferencia entre sueño y pesadilla.
Levanto mi rostro al cielo y veo un ángel que me mira desde una
estrella, tarareando una canción. Sus alas están moteadas
de sangre fresca y yo tiemblo sobre mi halo.
Ya no le veo pero se que está ahí. Ya no le oigo pero
reconozco la canción. Quizá la escuché en los funerales
de todo el que conocí.
El ángel vuelve a aparecer, me guiña un ojo y mi corazón
se oprime. Mi dulce halo púrpura comienza a desvanecerse y el
ángel ríe sin cesar. La sangre fresca sigue corriendo
por sus alas y cada gota que cae sobre la nube en la que está
posado produce un trueno que dice Belial y un relámpago que ciega
para siempre.
El suelo se acerca como antes se acercó el cielo. Madre muerte
regresa entre carcajadas tendiéndome una mano amistosa que sustituye
los dedos por garras.
El ángel ya no ríe porque ya no es un ángel. Se
ha convertido en cuervo y los cuervos no ríen; apenas sonríen,
a veces, entre el triste repicar de unas campanas.
Mientras el suelo se acerca, definitivamente comprendo.
Madre muerte es dolor de realidad.
Belial es muerte y dolor eterna.
Pero...¿no estoy en un sueño? - Nooo - gritan al unísono
mis dos muertes.
Se lanzan a por mi como si fuesen predadores y cuando por fin toco el
suelo y muero, madre muerte atrapa mi espíritu candente arrebatándoselo
al ángel.
Huye con mi espíritu a toda prisa pero menos mal que es sólo
un sueño.
Tiempo después......
Creo que ahora estoy en plena facultad de decir que no era un sueño
ya que vivo desde hace años en una caja de madera y es que:
No hay diferencia entre bien y mal porque no hay diferencia entre sueño
y realidad
Alvaro San Miguel
España
Escribile
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