MIS DOS IDOLOS Y YO

Todo oscuro, y ahí estaba. Firme, decido frente a una especie de colores grisáceos que me confundían. Cuesta recordarlos, pero eran difusos, y estaban como atravesados por neblinas compuestas por figuras. Y ahí estaba, entre humos e imágenes que se sucedían. Se presentaban cambiantes y jugaban con las distancias alejándose y volviendo una y otra vez, hasta proponerme incluirme en ellas.

Es verdad es me resulta muy difícil recordar el sueño. Aunque quizá lo interesante puede ser tratar de rescatar la esencia de aquella situación para poder transmirla. Por eso quiero que sepan que sin dudas las imágenes eran difusas, cambiantes, y se mostraban frente a mí a manera de fotografías reales y extremadamente ciertas.

Esas fotografías mostraban diferentes cosas, recuerdo que una de ellas tenía varias flores que lucían sonrientes y felices. Pero también recuerdo otras imágenes, muchas desgarradoras que prefiero obviarlas. Lo llamativo no era el dinamismo de las imágenes, sino el movimiento que había dentro de ellas y la invitación de las mismas a involucrarme dentro de ellas.

Esto hizo que frente a este lugar tan extraño me encuentre confundido, sentía atracción, pero también rechazo, felicidad (cuando vi las flores que estaban jugando, por ejemplo), pero también rechazo cuando se me presentaron ciertos muñecos perversos que parecían amenazarme.

En varias oportunidades salí y entré en las imágenes, aunque no recuerdo si me introduje con las flores que tanto recuerdo. Lo que no me puedo olvidar, es que en una imagen estaba Maradona, con una pelota en la mano, y en una cancha de fútbol. Ahí sí, entré, principalmente porque Maradona me llamaba, y con un gesto de su mano me decía que me anime y que vaya con él.

Entré, me puse en un arco (porque yo soy arquero) y el me pateaba, con efectos, a colocar, pero siempre con simpatía y buen anímo. Me quedé en el arco apenas un momento, después sentí un fuerte silvato que oscureció la imagen, y de repente apareció Bochini junto a él. Yo no lo podía creer estaban mis dos ídolos, los más grandes del fútbol mundial. Después no recuerdo mucho más, unos penales que patió el bocha, y unas risotadas que hizo Diego, que estaba muy feliz. En ese momento, creo que me desperté, estaba cansado y recordé que sería buena idea ir a mi pc e intentar escribir este sueño.

Darío Fernandez
20 años
Estudiante de arquitectura
Capital Federal (Argentina)


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
No hay comentarios disponibles para este texto. Te invitamos a enviar el tuyo!

Sueños y PesadillasHistorias de CiudadesDiario Intimo
El cuento del TíoCuentos para AdultosTutti FruttiConfesiones
Recuerdos de la InfanciaEditorialStaff