"No
es cuestión de leer todo en profundidad pero
por lo menos tengo que leer los títulos"
Entrevista a Guillermo
(kiosquero)
Por
Juan Manuel Valentini, especial para El Confesionario
| Diciembre de 2001
Tomó
la decisión: se marchó de la empresa donde
trabajaba y vendió su casa para iniciar un kiosco
Desde entonces llega todos los días a las 5 de
la mañana para comenzar su trabajo
Se llama Guillermo pero le dicen "Willi",
así bautizó a su puesto de diarios
Entre diálogos con clientes, este hombre casado,
de 51 años, que tiene 2 nenas, compartió
una entrevista con El Confesionario.
Era domingo, uno de esos días que anda poca gente por la calle.
Apenas unos autos y un puñado de peatones que circulaban
por el centro de Capital Federal (Bs. As. –Argentina).
En esa zona, precisamente en las calles Riobamba y Viamonte,
está Guillermo, un kiosquero que diariamente concurre al lugar para ganarse la
vida.
De repente, me ve desde lejos. Poco a poco me acerco caminando,
repleto de cosas: son dos bolsas con mate, facturas,
cámara fotográfica, y un grabador, entre otros elementos.
Entonces me mira sin poder evitar la sonrisa. En breve sabe
que nos encontraremos para realizar lo que acordamos
días atrás: la entrevista para el sitio literario El
Confesionario.
“Acá
tengo el mate” (dije). “Está bien, ¡no
te hubieras molestado!”, y continúa: “Pero viejo, no
te hubieras molestado”, (insiste).
Una cliente observa la situación, le resulta extraño que alguien
invada el kiosco con facturas y grabador, y le inquieta
la situación. Simplemente, lo mira a Guillermo y comenta:
“Como lo atienden”.
El diálogo comienza con una charla agradable. Le sugiero que
inicie el mate y me ubico en el costado del kiosco,
parado, sobre la puerta para iniciar la entrevista.
LOS COMIENZOS
Contame: ¿Cómo
arrancaste con el kiosco?
Te voy a explicar, mirá. Yo tengo 16 años de trabajar en empresa. En la última
que trabajé era de termotanque.
Después de la época de los militares empezó a decaer.
Yo trabajé 13 años en esa empresa. Y ya estaba muy podrido
de trabajar en la fábrica. Aunque yo llegué a ser hasta
supervisor. Entonces tenía dos alternativas: o me iba
a otro lado o me independizaba.
A otro país, ¿Decís?
No, no, a otra empresa.
Que era como volver a empezar otra vez. Lo que pasa
es que yo no estaba muy conforme, porque también la
empresa había empezado a decaer. Y todo empezó porque
el marido de la hermana de mi señora tenía puesto de
diario. Y lo tenía justo en la esquina donde vivía mi
suegra.
Entonces cuando a veces
los domingos me iba a comer a la casa de mi suegra,
me corría media cuadra hasta el puesto de diario de
él. y a veces me quedaba charlando.
La que me entró a “dar manija” fue mi señora, me dijo:
mirá por que no buscás poner un
puesto de diario, andá a ver
a Oscar, que esto que el otro. Bueno, la cuestión viste,
se me fue metiendo en la cabeza. De a poco, de a poco.
Y cómo no estaba conforme en la empresa, entré a hablar,
entré a preguntar. Y me fui metiendo en el tema.
Finalmente te convenciste y empezaste con el kiosco
Sí, un día agarré y dije
“No va más”. Fui, hablé con la gente de la empresa y
les dije que me quería retirar por mi propia voluntad.
Y no tuve problemas porque quien era gerente de personal
ahí es un íntimo amigo mío, que nos criamos juntos.
Entonces me dieron unos mangos. Después vendí el auto,
porque comprar un puesto de diario sale mucho dinero.
Y compré mi primer puesto
de diarios en Rivadavia y Rincón, cerca de acá. Lo que
pasa es que cuando yo compré ese puesto de diario no
llegaba con la plata, por más que me dieron la indemnización
y vendí el auto. En ese entonces creo que lo pagué algo
como 21 mil dólares. Es como si fuera ahora 60 mil dólares,
o sea que yo no llegaba con la plata.
¿Cómo pudiste comprarlo?
Finalmente hice una sociedad
con un familiar mío y lo tuve como 4 o 5 años, pero
no me resultaba. A mí no me convenía. Al final opté
por venderlo y con la plata que saqué de ahí, justo
se dio que acá vendían este puesto de diario, que por
supuesto no era esto que ves acá. Esto era un desastre,
estaba en malas condiciones, no tenía nada, estaba vacío.
Aparte antes era una zona muy pobre, no como ahora.
Y así arranqué.
Por un segundo se queda
en silencio. Le digo: “quedate
así que te saco una foto y seguimos hablando”. “Nos
sacamos con la factura, che”, comenta. Y pregunta: “¿La
dejo a la factura o la saco?”.

Una mujer interrumpe: ¿Algún barcito, por acá? “Acá en la esquina”,
le indica Guillermo. Y el diálogo continúa después de
que me acerca un mate…
¿Finalmente te fue bien?
Y me fue bien. Al principio
fue duro y doloroso. Esa fue una etapa dura de mi vida,
yo inclusive tuve que vender la casa. Tengo dos nenas
y en ese momento me había nacido mi segunda nena. Mi
hermano me las podía cuidar, pero era un despelote y
no me quedaba más remedio que venirme para acá.
Yo soy de Bernal en Quilmes (Bs As – Argentina), pero
mi señora es de Almagro, ella es docente. Y bueno con
lo que vendí allá compré acá. Y estuve diez años en
ese departamento, aunque mucho no me gustaba. Después
estuve un año buscando otro como yo quería, hasta que
finalmente encontré algo que me gustó. Ahora estoy en
Villa Crespo.
Tuve que empezar un poco
de vuelta, a armar el departamento, a comprar muebles.
Pero lo importante es que lo pude hacer.
| “Antes
estos pibes te sacaban 10 $, como si nada.
Ahora no te compran una revista ni que te
matés. No te compran
ni un diario” |
|
¿El kiosco funcionó bien desde el principio?
Era otra época, vos te vas
a reír. Cuando yo compré acá el colegio funcionaba a
pleno. Era otra época, había más poder adquisitivo,
entonces los pibes venían y te compraban cualquier cosa,
ahora no.
¿Se nota la crisis?
Si, qué te parece. Se vende
mucho menos, eso te da la pauta de la falta de dinero.
Antes estos pibes te sacaban 10 $, como si nada. Ahora
no te compran una revista ni que te matés. No te compran ni un diario.
Contame ¿Cómo es un día en el kiosco?
Te explico, yo vengo generalmente
5:20 hs. A mí los diarios
ya me los dejan acá porque el distribuidor tiene la
llave, yo arreglé con él así. Él abre la puerta, retira
la devolución y me deja el paquete de diarios y revistas.
Yo generalmente entre las 5:30 y 6 me dedico a armar
los diarios. De 6 a 7 hs. tengo un hombre que me hace el reparto de diarios. Mientras
él me hace el reparto yo termino de armar el kiosco.
A eso de las 7 ya terminó el reparto y después empieza
el movimiento a eso de las 7:20 hs, desde ese horario me dedico a la venta desde el mostrador.
¿Qué haces cuando no hay gente?
El tiempo se me va porque
viene gente, me da charla. Aparte tengo clientes de
todos los días. Se te va la hora.
GAJES DEL OFICIO
¿Sos de leer?
Sabés lo que pasa, yo estoy todos
los días con esto acá, viste. Y te puedo asegurar que,
aunque me gusta leer, yo con todo esto acá (señala
cientos de revistas) estoy totalmente saturado.
Sí, pero cuando yo paso generalmente te veo leyendo
Es que tengo que leer a
veces, por lo menos para estar informado. Porque viene
una persona, te pregunta algo y vos tenés
que estar un poco actualizado, no sé si me entendés,
¿viste?
¿Te preguntan?
Y sí te preguntan. Por lo
menos tenés que saber la información
del día, o lo que contienen
los diarios, en fin.
¿Para responderle a la gente?
Claro, las revistas mismas,
viste. Pero como es todos los días, todos los días (insiste),
y buehh uno llega a un stress
de todas estas cosas. Entonces me veo obligado a estar
informado porque viene una persona te pregunta algo
y vos tenés que estar al tanto,
me entendés lo que te quiero
decir?
Y si me imagino, de lo contrario no podrías responderle a los
clientes?
Claro. Pero todo eso me
produce una saturación. No sé bien como explicarte.
Es sencillo, sentís la obligación de tener que leer
Sí, es así. Yo no disfruto
tanto leer, lo hago porque es una obligación. No es
lo mismo que vos compres un diario y lo leas tranquilo
en tu casa. Yo me veo en la obligación de tener que
leer porque por ahí viene una persona me pregunta algo
y así no quedo pagando.
¿Qué es lo que te preguntan?
Qué información hay, qué
dicen los diarios. Cosas así, de rutina. Igual con el
tema de las revistas. Yo lo que trato es de por lo menos
hojearlas para ver qué es lo que traen. Aunque lea los
títulos, nada más. No es cuestión de leer todo en profundidad
pero por lo menos tengo que leer los títulos.
¿Cómo son tus charlas con los clientes?
Y el cliente a veces te
pregunta. Esto es como cualquier tipo de negocio, yo
tengo que estar compenetrado en mi trabajo. Te doy un
ejemplo, viene alguien y me pregunta qué trae “Caras”,
o qué trae “Gente” Y me pregunta, qué le conviene más.
Entonces yo le sugiero. Le digo, mire lleve esta porque
vino mejor, mejor información, mejores fotos, etc.
Ya tendrás clientes conocidos
Claro, claro. Yo tengo a
clientes que los conozco porque vienen siempre. Ahora
te digo que tengo una cliente muy famosa, que viene seguido: Maitena. Mirá ahora salió en todas
las revistas. Sacó un libro ahora, a raíz de ese libro
salió en todas las revistas. Mirá,
(dice mientras busca el material con entusiasmo). Ahora
te voy a mostrar algunas notas, esperá.
Te muestro una, ahí tenés, (abre una reconocida revista donde aparece la mujer
en una nota que ocupa varias páginas).
Maitena es dibujante, sale en todas
las revistas, hasta en el diario El País de España.
Fijate hasta donde llegó esta
piba. (Guillermo busca la revista y una vez más aparece
abriendo una donde aparece Maitena
en un lugar destacado).
Ahora ella está trabajando
para “La Nación”, “Para Ti”. Ojo que está pegando fuerte
esta piba. (Advierte, sin dejar lugar a dudas).
| “Trato
de darle lo mejor al cliente, de que esté
conforme. Si yo voy a comprarle al carnicero
de la esquina, y el tipo me trata mal, le
digo andate al diablo!” |
|
KIOSQUERO:
UNA PROFESIÓN
¿Te gusta el trabajo?
Si, es muy lindo laburo, si no, no lo hubiera hecho. No hubiera aguantado tanto
tiempo. Yo pienso que lo más lindo que hay es cuando
uno está cómodo con su laburo.
Vos pensá que este laburo
es sacrificado. Pensá que
tenés que estar todos los
días acá.
¿Qué es lo que te produce mayor alegría durante el trabajo?
La mayor alegría es contactarme
con la gente. La mayor satisfacción es tener un cliente.
¿Qué tratás de hacer para tener clientes?
Te digo algo, nosotros en
la empresa teníamos un lema. “El cliente siempre tiene
razón aunque no la tenga”. Eso me quería decir que al
cliente había que atenderlo bien. Y en este caso yo
trato de asegurarlo, de no perderlo. Trato de darle
lo mejor al cliente, de que esté conforme. Si yo voy
a comprarle al carnicero de la esquina, y el tipo me
trata mal, le digo ¡Andate
al diablo!
En ese momento una mujer se detiene en el kiosco y pregunta:
¿El 65 pasa por acá?, “Si, si”, responde Guillermo.
¿Generalmente la gente te hace preguntas?
Huu, la pregunta. También tenés que tener predisposición. Es permanente el tema de las
preguntas, te vuelven locos.
¿Cuál fue la mayor alegría que te dio el kiosco?
Para mí es conservar el
cliente, que esté contento, que esté satisfecho. Entonces
vos mismo te sentís bien. A mí sabés
lo que me produce alegría, es cuando la gente viene
y te comenta algo que le va bien. Por ejemplo vino una
piba y me dijo: quedé embarazada. Uhh,
fenómeno, porque yo la conozco, sé quien es. Ese es
un momento que me produce satisfacción.
Pero otro momento de alegría
así no sé, guita, por ejemplo,
no encontré nunca. Yo estoy contento cuando veo que
la gente está conforme conmigo.
A mí lo peor que me puede
pasar es que un tipo venga acá y se sienta mal. Y que
se vaya de acá y por ahí te raje una p…
| “A
mí lo peor que me puede pasar es que un tipo
venga acá y se sienta mal. Y que se vaya de
acá y por ahí te raje una p...” |
|
¿Te ha pasado eso?
Tuve experiencias en el
otro kiosco. Esas experiencias son parte de pago por
el derecho de piso. A mí me pasó porque no conocía bien
como era la gente. Y con la gente hay que tener mucho
cuidado. Una cosa es estar atrás de un escritorio, como
cuando trabajaba en la empresa, y otra es tener un trato
permanente con la gente. Porque vos no sabés con qué clase de gente te vas a encontrar. A veces vos
confiás en una clase de gente,
y después resulta cualquier cosa. Acá, por ejemplo,
hay gente que te dice “guárdemelo”. Uno se la guarda,
y al final sonaste.
Una señora se acerca. Le pregunta a Guillermo por su hija,
y por unos libros. Finalmente le pide que le reserve
los libros.

Guillermo en su primer puesto de diario ubicado en calle
Rivadavia
HISTORIAS DEL PUESTO DE DIARIOS
¿Qué experiencia te dio trabajar de kiosquero?
Yo digo que el trabajo del
kiosquero es como todas las
cosas en el orden de la vida. Tenés
que tener buena conducta. Si vos tenés buena conducta la cosa va bien. En cuanto vos te desvíes
un poco, entonces c…
| “Yo
digo que el trabajo del kiosquero es como
todas las cosas en el orden de la vida. Tenés
que tener buena conducta. Si vos tenés
buena conducta la cosa va bien. En cuanto
vos te desvíes un poco, entonces c...” |
|
¿Tenés alguna anécdota del kiosco?
Me pasaron tantas cosas,
tengo varias. Lo primero que se me ocurre es una vez
que me robaron. No me llevaron todo, pero me la hicieron
bien. Que hijos de p…, vos fijate como se las saben todas. Eran dos o tres, uno vino
y me dice: “me da la revista que está ahí afuera”. Y
cuando la fui a buscar otro que estaba cerca se metió
y me afanó la billetera. Yo no lo vi
porque estaba sacando la revista. Fueron fracciones
de segundo, y se mandaron a mudar. Yo no me di cuenta.
Fue un segundo. Por suerte no guardo la plata acá, pero
lo que había en la billetera se lo llevaron.
¿Tenés miedo a que te roben?
No, ya estoy curado de espanto.
Pero otra vez también me la hicieron bien. Eso me hizo
acordar a la película que hizo Darín.
¿Cómo era?
¿Nueve reinas?
Si, esa. ¿Vos viste a la
película?
Si
Bueno, viste cuando el tipo
entra al principio en la estación de servicio, el cambio
de billetes. A mí me la hicieron igual, que hijos de
p… Un tipo me hizo el mismo juego de la película. En
una palabra yo perdí 50$.
Llega un cliente y saluda atento, por unos minutos la entrevista
se interrumpe. Es una persona mayor, que se acercó con
lentitud al kiosco hasta que finalmente se encontró
frente a Guillermo.
-Guillermo: Agarre ese que es el último que me quedó.
-Cliente: Mirá, no paramos hasta la rosada.
- Este va a parar sabés cuando, ¿No?
-Parece que no, pero acá
lo que buscan es que vuelva el terrorismo. Porque con
los gobernantes que tenemos, viejo…
-Puede pasar cualquier cosa
-Este otro p… nos pide que
nos pongamos las pilas. ¿A usted le parece?
Nos
llevaron a la ruina a todos.
-A todos
-Yo a los 78 años que tengo,
nunca pasé esta situación.
-Yo lo mismo
-Nunca las necesidades que
estoy pasando ahora. En mi vida pasé esto.
-Yo digo exactamente lo mismo
-Me fundí dos veces, pero
Salí adelante, laburaba.
De repente Interrumpo la charla preguntando: “¿Me permite una
foto? Estoy haciendo una entrevista”.
-Pero, cómo no, responde
el señor.

Vuelvo al kiosco y me ubico nuevamente frente a Guillermo,
el señor mayor se despide amablemente. Y la entrevista
está a punto de reiniciarse, cuando una señora grita
desde su auto.
-Disculpe, ¿estacionamiento?
-Estacionamiento allá, a
media cuadra.
-Acá a la vuelta, ¿Conseguiré
lugar en el estacionamiento?
-Y, que sé yo. Si acá está
lleno a la vuelta tal vez hay lugar.
La señora finalmente se aleja. Guillermo me mira y se confiesa:
“Te hacen cada pregunta”.
“AHÍ TE OLVIDÁS DE TODO”
Decime: ¿Cuál fue el último momento en que te sentiste plenamente
feliz?
Y, el nacimiento de mi nena.
Fue lo mejor que te puede pasar. El nacimiento de un
hijo es lo mejor que le puede pasar a una persona.
Pero este año, el momento
en que puedo decirte que me sentí plenamente feliz fue
cuando fui a Córdoba. Fui con mi señora y una de mis
nenas. La pasé bárbaro, ahí me olvidé de todo. Ese es
un momento de felicidad. Ahí te olvidás
de todo.

Guillermo junto a sus hijas en otro paseo: la Ciudad
de los Niños de La Plata (Argentina)
¿Qué hiciste?
Yo fui con el auto. Esa
semana hizo un frío bárbaro. Lo único que me falló es
que no pude ver nevar. Mirá un día llegué a las altas cumbres con el auto, fue algo
espectacular. Bajé del auto y pensé: acá nieva. ¿Viste
cuando está todo preparado para nevar? El cielo, todo,
parecía que nevaba. Y vos sabés que empezó a caer como un agua nieve. Y yo digo, la
p… y no nevó. Pero podés creer
que no nevó. No nevó.
Guillermo no puede evitar contener el gesto y golpear su mano
con el puño cerrado, lamentándose.
Caía como un agua nieve.
Todavía me fui adentro, me comí un plato de locro. Le
hice probar el locro a mi señora. Ahí realmente lo disfruté,
¡Que lindo, que lindo!
SITUACIONES DE LA INFANCIA
| “Pero
el barrio era espectacular, el olor a tierra,
¿viste?” |
|
Quisiera preguntarte por tu infancia.
Uy, te lo digo sinceramente,
mi generación fue una de las mejores que hubo. Nosotros
éramos pibes del barrio, éramos como 20, y no sé si
me quedo corto. Mirá esa relación la mantuve por lo menos hasta los 20 años.
Pero mi infancia fue extraordinaria. Yo me crié primero
con mis abuelos, hasta los cinco años.
¿Y tus padres?
Lo que pasa es que ellos
trabajaban. Pero después, cuando nació mi hermana, mi
mamá dejó de trabajar. Pero el barrio era espectacular,
el olor a tierra, ¿viste? El otro día nos matamos de
risa porque hablamos del “Hoyo pelota”.
¿Eso?
No, ahora no existe más
“el hoyo pelota”. Y bueno, con una pelota hacíamos los
hoyos en la tierra. Entonces vos tirabas de una distancia
de dos o tres metros. Cuando la embocabas, tenías que
salir rajando hasta tocar un palo. Cuando tocabas el
palo no te podían hacer nada. Pero en ese trayecto,
si te agarraban la pelota, te tiraban con todo. Había
uno terrible, un día me pegó un pelotazo, que hijo de
p… casi me mata.
Guillermo sonríe recordando el juego y continúa la explicación.
Ahora me olvidé de esto.
Pero no sabés como dolía cuando
te pegaban con la pelota. Era una época bárbara. Era
una época sana, yo no la viví más. Se vivía todo, los
carnavales, no sabés.
Cuando te pregunté por la infancia, el barrio es en lo primero
que pensaste.
Qué te parece, el barrio.
Claro, los pibes. Hacíamos todo tipo de travesuras.
Fue una época espectacular. La bolita, la figurita,
la mancha. Todo, la generación mía fue espectacular.
Yo te cuento que cuando
voy a la casa de mi mamá y a veces me encuentro con
algún vecino, me paran y me dicen. Se acuerdan todavía
lo que fue esa generación fue la mejor de todas.
¿Ahora vivimos otra época?
Qué te parece. Ahora está
difícil.
Otra cliente llega, y habla con Guillermo. Tiempo después compra
un diario y se va. Guillermo vuelve a concentrarse en
mí, me mira entusiasmado y me dice confiado: “Bueno,
sigamos.”
Sí, ahora quisiera preguntarte en que año Sarmiento escribió…
Guillermo se pone serio, y dice: “Pará
que me siento”. Busca concentrarse y aguarda atento
mi pregunta. Entonces me río, y le aclaro que hablar
del colegio me hizo acordar de los exámenes, pero que
no se preocupe porque esta no era una prueba, era una
entrevista. Y continuamos…
| “Me
acuerdo que mi vieja me almidonaba el guardapolvo.
Qué bárbaro, todo almidonado. Estaba todo
el mundo en formación. Además ponían la bandera.
Era una cosa hermosa” |
|
El colegio lo hiciste en Bernal, ¿Te acordás
de alguna anécdota?
Uy, un día me pegué un c…,
me salvó mi hermana. Era la despedida, creo que de quinto
año. El colegio tenía planta baja y primer piso. Y en
el primer piso había una especie de salón. Ahí se hizo
la fiesta, pero llegó un momento que se armó un despelote
porque empezaron a volar las masitas de confitería.
Y cayeron todas abajo. Pero fue tal el despelote que
se armó, que yo no sé si un vecino denunció. Después
vino la policía, ese día casi vamos en cana
todos. Me acuerdo por el desastre que hicimos,
volaba todo por la ventana, fue terrible.
Hablás con mucho entusiasmo del colegio
Sí fue espectacular. Tengo
fotos del clásico guardapolvo almidonado. Las fiestas
patrias, otra cosa que se perdió. Antes las fiestas
patrias se hacían en el día que correspondía, no se
pasaba el feriado. Yo me acuerdo que no teníamos clase,
pero teníamos una fiesta, un acto.
Me acuerdo que mi vieja
me almidonaba el guardapolvo. Qué bárbaro, todo almidonado.
Estaba todo el mundo en formación. Además ponían la
bandera. Era una cosa hermosa.
Nosotros hacíamos representaciones
en el escenario, del pericón, el malambo. Fue una época
espectacular. El otro día mi mamá me mostraba una foto
de la primaria que estaba con mi hermana. Te la voy
a traer un día. Y vas a ver ahí mismo estoy con el guardapolvo,
el guardapolvo impecable, planchado.

Entrevista realizada por Juan Manuel Valentini
Diciembre de 2001