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Un
día para mi eternidad
A diferencia de muchas mujeres, nunca soñé con ser madre. Lo aseguro, para nada . No, no era por miedo ni egoísmo. Al igual que a unos les gusta más el azul o el rojo, o el verde como a mí, o como otros que pueden ser fascistas o radicales nacionalistas Católicos, judíos, musulmanes o evangélicos, o los que no creemos en ninguna religión No podemos pretender ser lo que no somos. Pienso que es más importante ser sincero y franco con uno y con los demás que ser aceptado por todos. Es mejor que te acepten de forma honesta dos o tres personas, que hipócritamente veinte, cincuenta, trescientos En
fin, que la maternidad no era una meta en mi vida, ni mucho
menos. Sin embargo, según fue creciendo mi cuerpo -aunque
no demasiado- durante los últimos 4 meses del embarazo,
comencé a sentir un cosquilleo, como una energía
interna que quería estallar. Cuando
me desperté muy tempranera el 20 de julio de 2001, me
miré al espejo y nos sonreímos. Hoy será
un gran día!!! Bueno, acepto que estaba algo asustada,
ni modo, no soy tan valiente . Ni mucho menos. Tomé
un liviano y aromático café. Y a la aventura
Después
de varias horas en la sala de maternidad y del susto cuando
me dijeron que tendrían que realizarme una cesaria de
emergencia, pues los latidos del bebé eran erráticos,
llegó el gran momento. Miguel hizo su gala-premier mundial.
Gritó contundente, con todas sus fuerzas, para que todos
lo oyéramos. Rápidamente, el doctor me lo puso
en el pecho, y el Migue entre lágrimas de amor, de temor,
agarró mi nariz. Ambos lloramos al reconocernos. Así un 20 de julio mi vida cambió intensa y mágicamente, así será por el resto de mis días. Descubrí el amor, la felicidad. Ana
María Fuster Lavín
Edad 33 País: San Juan, Puerto Rico Ocupación: correctora legal y de textos, editora y redactora de textos Fecha de publicación: 19/10/2001
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