La literatura abrió la puerta del mundo virtual
por
Juan Manuel Valentini
Escritos
de numerosos autores se encuentran disponibles a sólo
un clic de distancia.
Si
la tendencia continúa es probable que todos los
escritores reconocidos tengan sus libros en Internet.
Escritos de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato,
Adolfo Bioy Casares, Mario Benedetti, entre otros autores
están disponibles en diversos portales de la
Red. Leer algunos de los textos que conforman sus obras
o acceder a libros completos es una alternativa que
para los lectores está a un clic de distancia.
“Iniciativas como el Proyecto Gutenberg (www.gutenberg.net)
y la Biblioteca Virtual Cervantes (www.cervantesvirtual.com),
dedicadas a la digitalización y difusión
de obras literarias de autores clásicos, son
claros ejemplos de una tendencia que puede calificarse
como imparable. Muy pronto se podrá leer cualquier
libro en Internet”, afirma el portal español
Ciberoteca.com
El sitio web es consecuente con su visión. Ofrece
acceso gratuito a más de 54.000 textos literarios,
científicos y técnicos que pueden conseguirse
en la Red por medio de un buscador.
Entre las múltiples iniciativas, la Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes es una de las más
ambiciosas. “El proyecto, nacido en julio de 1999,
se propuso desde su inicio la creación de un
corpus textual en formato digital para la difusión
del patrimonio cultural español e hispanoamericano”,
expresó Pedro Mendiola Oñate, subdirector
del área de América Latina de la Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes.
“El catálogo de Cervantes aspira a recopilar
las obras más destacadas de la tradición
literaria española e hispanoamericana, así
como cuantos recursos bibliográficos sean convenientes
para su mejor conocimiento crítico e histórico”,
señaló Laura Sánchez, gerente de
la Biblioteca Cervantes.
“El archivo de la Biblioteca Virtual Miguel de
Cervantes asciende a más de 10.000 títulos
digitalizados”, agregó.
En la Argentina también hay portales que publican
libros en Internet. “La idea es llevar la biblioteca
a la gente. Tenemos 7.400 obras y por mes agregamos
entre 300 y 500 más”, contó Raúl
Irigoyen, director del portal Biblioteca Virtual Universal
( www.biblioteca.org.ar ).
En la Red no sólo están los autores de
habla hispana. Por sus laberintos se encuentran también
escritores ingleses y de diversas lenguas. Llegar hasta
ellos es con frecuencia una tarea sencilla. Con sólo
seleccionar el idioma de los escritos en los buscadores
de distintos portales el visitante encontrará
numerosos libros.
Los clásicos también están en Internet.
Miguel de Cervantes tiene su edición electrónica
de “Don Quijote de la Mancha”. El libro
se presenta en sus dos versiones: español e inglés.
La edición digital fue publicada por el Instituto
Cervantes (http://cvc.cervantes.es).
La literatura en Internet parece no tener límites.
Acceder a escritos en japonés, latín o
griego es una opción que se hace realidad en
menos de un minuto.
Para que los proyectos incrementen el volumen de sus
contenidos suelen invitar a colaboradores para que digitalicen
las obras. “Tenemos más de 900 voluntarios
que digitalizan o trabajan en relaciones públicas,
son residentes de numerosos países”, afirmó
Irigoyen.
“Necesitamos colaboradores que quieran digitalizar
los libros, o que se animen a tipearlos. Así
incrementamos el volumen de los textos”, dijo
el responsable de otro portal que ofrece libros gratis
de escritores reconocidos.
El fenómeno de la difusión de libros en
forma virtual es observado por la Cámara Argentina
del Libro (CAL). “Por ahora lo vemos como un fenómeno
que aparece, pero no nos quita el sueño. Lo que
hay es muy poco”, opinó Rogelio Fantasía,
presidente de la entidad.
“Yo estoy en favor de la difusión de las
ideas, pero defiendo el papel. Me resulta muy difícil
irme a dormir con un monitor a la cama”, ironizó.
Derechos de autor
En ciertos casos los autores deciden autorizar la distribución
de sus escritos porque consideran que el medio los ayuda
a difundir sus obras. Pero con frecuencia no saben que
sus libros se distribuyen por medio de numerosos portales.
La difusión de textos por Internet puede ocasionarle
un perjuicio a los escritores. Cuando sus obras son
distribuidas sin autorización dejan de percibir
los derechos económicos que les corresponden
por sus escritos.
A pesar de que en la práctica los portales se
difunden intensamente y los libros se bajan a un ritmo
acelerado, la legislación existe para proteger
a los autores desprevenidos. Sin embargo, hay propietarios
de portales que no están informados al respecto.
“Legalmente casi no hay inconvenientes para la
digitalización de textos, Internet no está
regulado en ese sentido, hasta donde sé. Por
eso, en nuestro sitio, puedes encontrar obras de García
Márquez, Tolkien o Alejandro Jodorowski, que
los visitantes leen en forma gratuita”, afirmó,
desde Chile, Víctor Arias, fundador del sitio
Letras Perdidas.
Arias se juntó con varios amigos para llevar
adelante un portal que no tiene límites para
ofrecer obras. Convencido de la contribución
que hace digitalizar cada libro que se les cruza por
el camino.
“Nunca he tenido reclamos sobre derechos de autor,
y si se diera la eventualidad, creo que todo se solucionaría
retirando la obra en cuestión”, expresó.
A pesar de las buenas intenciones, la responsabilidad
por digitalizar obras sin el permiso de los autores
y distribuirlas por la Red, puede causarle problemas
a los propietarios de estos sitios. Ocurre que la legislación,
aunque no se aplique en la práctica, existe,
e invita a accionar contra los responsables de este
tipo de proyectos.
“Lo que no hay es una norma específica
que regule Internet, pero el autor está protegido
por los convenios”, explicó en su despacho
la doctora Graciela Peiretti, directora nacional del
Derecho de Autor.
“Se aplican las convenciones internacionales,
entre ellas la Convención de Berna. Que son los
derechos morales y los derechos económicos del
autor. O sea que nadie puede utilizar la obra de otro
sin la autorización de este”, dijo Peiretti.
Publicar libros en Internet es una alternativa posible,
pero requiere del permiso de quien es titular del texto.
También la posibilidad existe cuando el editor
autoriza debido a que previamente el autor lo permite.
Algunas excepciones también admiten publicar
sin autorización las obras.
“El autor está protegido sobre sus obras
por toda su vida más 70 años después
de su muerte. Vencido dicho plazo, las obras pueden
ser utilizadas sin autorización”, observó
la doctora Inés García Holgado, Asesora
Legal. “La ley aplicable es la Número 11.723
de Propiedad Intelectual”, indicó.
La ley 11.723 corresponde a la legislación Argentina
y ampara el derecho de autor. “Nadie tiene derecho
a publicar, sin permiso de los autores o de sus derechohabientes,
una producción científica, literaria,
artística o musical que se haya anotado o copiado
durante su lectura, ejecución o exposición
pública o privada”, apunta en su artículo
8.
“El autor tiene derecho a pedirles que cesen en
el uso o que paguen. Puede accionar contra la persona
que incluyó en un portal su libro sin autorización.
Y esa acción es de resarcimiento de daños
y perjuicios porque el autor dejó de percibir
su derecho económico”, afirmó la
directora del Derecho de Autor.
“A nivel mundial se está estudiando la
responsabilidad de los distintos autores en el proceso
de poner un libro en Internet. Quién es el proveedor
de servicios, de Internet, de contenidos”, dijo
Peiretti.
El proveedor de Internet no es responsable porque no
conoce los contenidos de su server. Pero cuando se le
informa que tiene contenido no autorizado debe eliminarlo.
Si continúa con la página queda sujeto
a la legislación vigente.
Los libros pagos
Si bien Internet puede perjudicar a los autores, también
puede favorecerlos. Una modalidad de distribución
de libros es la encriptación, la posibilidad
de exigir una clave para acceder a los textos.
“Cuando el autor permite la difusión en
Internet normalmente se encripta el libro. Esa misma
tecnología le puede ofrecer también la
solución”, opinó Peiretti, directora
nacional del Derecho de Autor.
La encriptación es una alternativa para que los
autores reciban ingresos por sus libros. Los textos
encriptados suelen exigir el pago para acceder a ellos.
Así, los autores obtienen los beneficios que
provienen de los derechos económicos que tienen
sobre sus obras.
Para comprar los libros digitales los visitantes deben
suscribir su dirección de e-mail y apuntar sus
datos personales. Después, cuando completen los
datos de sus tarjetas de crédito, concluirán
la transacción comercial. Terminada la operación,
podrán leer el libro en sus computadoras.
“Me parece bien que haya libros digitales. Hace
años se decía que el libro en formato
papel iba a desaparecer. Pero el papel no va a morir
nunca”, vaticinó el presidente de la Cámara
Argentina del Libro, Rogelio Fantasía.
Las palabras de Fantasía no son olvidadas por
muchos sitios web. Al mismo tiempo que ofrecen libros
digitales, algunos portales permiten a sus clientes
comprar la edición en formato papel. Algo que
también es posible en Internet.
Muchos sitios ofrecen el servicio de editar libros digitales.
Es recurrente que los autores de los llamados e-books
sean personas no reconocidas que se interesaron en la
posibilidad de publicar sus textos en formato virtual.
Los libros digitales encuentran nuevos desarrollos con
el avance de la tecnología. “e-libro.com
es la única plataforma académica en castellano,
la única con herramientas InfoTools, que permite
en tiempo real ver un mapa, biografías, bibliografía,
comunicarse con el autor por e-mail, subrayar, hacer
anotaciones en su propia biblioteca, y 170 herramientas
más”, dijo Eduardo Varela-Cid, editor de
e-libro.com.
El emprendimiento les permite a bibliotecas poner en
línea sus libros y documentos para que los usuarios
accedan a ellos. Diversas editoriales del mundo suben
sus libros a la plataforma. “Tenemos 20.500 libros
en inglés, 1800 en castellano. En pocos meses
subiremos 11.000 sobre literatura.”, afirmó
Varela-Cid. “El autor cobra el 30%, liquidaciones
trimestrales”, indicó.
Con mayor o menor desarrollo tecnológico los
libros saltan todos los días de la biblioteca
a la Red. Distribuidos en forma gratuita o paga. Provenientes
de la pluma de autores reconocidos, o producto del entusiasmo
de escritores con menor trascendencia. La literatura
abrió la puerta de Internet y se muestra decidida
a quedarse.