REFLEXIONES SOBRE EL OFICIO DE ESCRIBIR Y EL PELIGRO
DE GUERRA EN IRAK
Los
80 años de Norman Mailer, el escritor más
polémico de EE.UU.
Desde
que publicó en 1948 su novela "Los desnudos
y los muertos", Norman Mailer no dejó de
escandalizar a la sociedad estadounidense con sus opiniones
y actitudes.
No pasaron cinco minutos de la entrevista y Norman Mailer
ya se pone su audífono. "Estoy un poco sordo",
confiesa. "Si soy algo vago en mis respuestas es
porque no le escuché bien. Por lo general, no
soy vago".
No, vago
no es. Locuaz, sí. Y astutamente seductor cuando
comienza a reflexionar y presuponer, pareciéndose
mucho a un león en invierno, mientras evoca la
fuerza que tenía en su juventud y edad adulta.
Sus ojos no soportan el reflejo del sol que se cuela
desde la ventana de su casa frente a la playa (en Provincetown,
Massachusetts), a kilómetro y medio del centro
de la ciudad, y sus piernas con artritis exigen la ayuda
de bastones. Pero su mente sigue tan vivaz como siempre.
Esto se hace
evidente en las brillantes y elaboradas teorías
que enuncia sobre el oficio de escribir, el envejecimiento,
la tecnología y la política. O cuando
explica por qué "si no vamos a la guerra
con Irak, George W. Bush se va a sentir mal".
Mailer, que
hoy cumple 80 años y lo festejará en su
casa de Brooklyn, adoptó cómodamente la
pose de un grande de las letras norteamericanas, valorando
su lugar en el panteón literario con poca de
la jactancia que se convirtió en su marca registrada.
"Voy
a perdurar, o no", aseguró en relación
a la evaluación futura de su trabajo, que comenzó
en 1948 con su novela Los desnudos y los muertos, e
incluye dos premios Pulitzer. "Es lo único
que uno no puede predecir, ya que la historia tiene
sus rachas. Hay escritores que son tan grandes, que
uno no puede deshacerse de ellos nunca. Yo no estoy
en esa categoría".
Mailer y
su sexta esposa, la pintora Norris Church, viven en
Provincetown, en el extremo de Cabo Cod, desde hace
varios años. Si bien no se muestra emocionado
con su cumpleaños, el escritor aclaró
que le agrada que coincida con la publicación
de su nuevo libro, The spooky art. "Me pareció
una idea perversa", explicó mientras sus
ojos azules le brillaban, haciéndolo aparecer
como el tipo de viejo simple y bobalicón que
dice despreciar. "Catalogaría a mi persona
y a la mitad de la gente que conozco como perversa.
Los jugadores, por ejemplo. Son gente que no hace más
que subir la apuesta".
Mailer sigue
trabajando. Escribe varias horas por día, a pesar
de que admite sentir miedo por la supervivencia de la
novela seria. "Si usted hubiera crecido en mi época,
se daría cuenta de que por entonces la sensación
era que los escritores son como la columna vertebral
de un país, si uno comienza con Tolstoi y Dostoievski
y agrega a los grandes novelistas ingleses del siglo
XIX (Charles Dickens y William Thackeray) y a los franceses
(Zola, Balzac, Proust) y observa también el efecto
de Joyce en Irlanda".
Mailer no
puede resistirse a llevar una vida pública. El
año pasado abandonó por algún tiempo
la novela en la que está trabajando desde hace
años —y que no está seguro de terminar—
para dar entrevistas sobre la situación política
desde los atentados del 11 de setiembre. El escritor
estuvo refinando su hipótesis sobre el imperio
norteamericano, que asegura que desde el fin de la Guerra
Fría ciertas fuerzas de Estados Unidos creen
que ese país debiera ser la potencia militar
dominante del universo. A raíz de su petróleo
y ubicación, Irak es una pieza clave en ese plan.
"No
importa lo que se esté haciendo en Irak. No importa
si tienen o no bombas nucleares, o si están listos
para embarcarse en una guerra química. No son
un peligro, pero son sin duda un lugar dentro del mundo
que necesitamos desde el punto de vista militar. Hay
que dominar Irak, al Cercano Oriente y después
lograr que China esté en condiciones de convertirse
en la Grecia de nuestra Roma", aseveró.
"El
11 de setiembre fue el ábrete sésamo para
el camino del imperio mundial", continuó.
"A Bush no le importa si las cosas salen bien o
mal en Irak. Si salen bien, puede comenzar a pensar
en el próximo paso. Si salen mal, eso es bueno
para él de todos modos, a raíz del patriotismo
norteamericano. ¿Quién va a estar en contra
de George W. Bush cuando esté llorando la muerte
de nuestros muchachos? Bush no tendrá que enfrentar
los crecientes problemas de Estados Unidos, con la economía
nacional y los escándalos, con la pérdida
de credibilidad en dos grandes sistemas: el de los directorios
de las empresas y el de los sacerdotes".
La escritura
de Mailer nunca fue mejor que cuando trabajó
como periodista, cuando relataba, por ejemplo, las protestas
contra la guerra de Vietnam, en Los ejércitos
de la noche. ¿Quién mejor que él
para analizar por qué razón ahora las
protestas son nulas dentro de Estados Unidos?
"Existen
dos cosas que entorpecen a un movimiento de protesta",
aseguró. "Una de ellas es el 11-S. Este
hecho llevó a los norteamericanos a pensar que
había que hacer algo al respecto. La segunda
es el propio Saddam Hussein. Sería preciso retroceder
hasta los melodramas de 1850, en donde un villano con
un gran bigote saltaba al escenario para violar a la
doncella, para encontrar a alguien tan bueno como Saddam
Hussein como enemigo."
Si bien conserva
su buen humor y no deja de hacer sus ocasionales menciones
al sexo, Mailer habló con una palpable sensación
de resignación, si no de desilusión. Y
se vio obligado a reducir sus expectativas a un nivel
mucho más humano que la escala más grande
de la vida con la que alguna vez midió su ambición.
Traducción
de Silvia S. Simonetti
Julie
Salamon. THE NEW YORK TIMES. ESPECIAL PARA CLARIN.