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El Confesionario | Editora de noticias: Ana Fuster Lavin

Elton John, la máquina de hacer hits

Según una encuesta norteamericana de entonces, la mujer peor vestida de 1974 fue la esposa del presidente Richard Nixon. En el segundo puesto, figuraba Elton John. ¿Existe otra estrella de rock donde el mal gusto alcance tales niveles de autoironía y suntuosidad? Basta verlo encarnar a Pinball Wizard (experto en flippers) en la película Tommy. Trepado a unos botines paquidérmicos y a pesar de lo sacado de euforia que estaba, igual compartía ancho de cara, nariz abotonada y miopía con Anteojito (si su tío hubiera sido Carlos Perciavalle, claro).

"Parezco un empleado de banco que un día piró y tuvo éxito", declaró alguna vez Reginald Kenneth Dwight (Inglaterra, 1947). Efectivamente, fue ese mix paradojal de nerd y glam (¿Elvis Costello vestido por Gaudí? ¿Un Liberace que envidiaba a Little Richard?), lo que hizo de Elton John un extraterrestre plumífero especialista en rankear baladas radiales y llenar estadios.

Más allá del showman, hay un personaje público de nombre Elton John. El mismo que ocupó las primeras planas de la prensa amarilla con las subidas y bajadas de su adicción a la cocaína y con su doble vida gay (al estilo Freddy Mercury) disimulada tras su amistad con la princesa Diana.

Y detrás de "la Carmen Miranda del rock", también hay un excelente compositor de canciones adhesivas. Desde 1969, su repertorio trató de basarse en el Let it be beatle y el God Only knows de Beach Boys para moldear un estilo que admirarán desde Billy Joel a nuestros Charly García y Alejandro Lerner. Su catálogo más notable consta de grandes hits hasta fines de los 70 (álbum Single Man, 1978, exactamente) y después, bueno, después le llegó la hora de cederle la obra entera a FM Hit además de unas canciones al "Rey León" de Disney. La repostería de sus últimas canciones realmente empalaga. En este doble Greatest Hits 1970 — 2002, se destaca el compacto que documenta sus primeros éxitos.

El disco 1 abre con Your Song, la favorita de Lennon en 1969. Todavía emocionan el modo apenas "souleado" de "hablar" la letra, cómo corta las oraciones, el crescendo potencial. Sólo falta el falsette como de desmayado que en Goodbye Yellow Brick Road (73) crecerá a nivel coral. Si Tiny Dancer (71) es su climax sinfónico como baladista, Someone saved my life tonight es el mejor testimonio de cómo su amigo y letrista de toda la vida, Bernie Taupin, trataba de interpretar en palabras lo que sentía el músico. La canción, una Viernes 3 AM (Serú Girán) que termina bien, describe en presente y primera persona, la calma ("ahora duermo conmigo mismo") tras un fallido suicidio. Rocket Man (de su obra maestra, Honky Chateau, 1972) equivale a la versión cartoon de la Space Oddity de Bowie mientras Sorry seems to be the hardest word (76) lo muestra en la faceta dark del recomendable disco Blue Moves. Es increíble que este perfeccionista del hit sea el mismo vulgarizador de la balada de las dos últimas décadas.

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