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El Confesionario | Editora de noticias: Ana Fuster Lavin

Entrevista a Marcos Aguinis

¿Cómo surge la idea de escribir El atroz encanto de ser argentinos?

Hace algunos años escribí un libro que se tituló Viaje al interior de los argentinos. Por esa época traté de penetrar en la mentalidad de los argentinos que parece tan difícil, tan enigmática. Mucha gente que arriba del exterior me dice que es muy difícil entender a los argentinos. Siempre les respondo que a nosotros también nos cuesta mucho entendernos.

Una vez que edité Viaje al interior, la gente de la editorial me propuso que revisara y ampliara el libro; a mí me pareció que no había mucho para agregar. Algunas cosas podrían haber recobrado un matiz más intenso, pero, básicamente, era más o menos lo mismo.

Los tres años de recesión más el clima que se vive actualmente me llevaron a repensar algunas cuestiones que comento en El atroz encanto.... Me di cuenta que me faltaba dar un paso adicional para rever esa cuestión que nos tiene paralizados. Allí surgió la idea de escribir este libro que ronda sobre aquella paradoja que siempre describo: nos gusta ser argentinos, nos encanta esta condición, estamos orgullosos, pero, también, que difícil que es, cuánto nos cuesta.

De alguna manera, lo que propongo es una revisión, un buceo profundo, desprejuiciado, para tratar de ver con claridad aquello que realmente nos pasa: cuáles son nuestros defectos y también cuáles son nuestros valores para lograr un diagnóstico. Mi intención fue saber por dónde pasa esta enfermedad que nos atraviesa, y también por dónde pasa la superación que nos lleve adelante.

¿Cuáles son los problemas que aquejan a los argentinos?

Hay cuestiones extremadamente complejas, misterios que todavía no podemos revelar. Somos un pueblo hábil, inteligente, un pueblo que tiene un nivel de alfabetización alto. Incluso cuando llegan europeos, quedan deslumbrados por la cultura que tiene el país. Por eso, es difícil explicar qué nos pasa.

En realidad, nuestras dificultades pasan porque no podemos integrar todo ese potencial. Pareciera que los argentinos amamos la solidaridad, pero no sabemos cómo aplicarla; nos cuesta unir los hombros y las cabezas, y, sobre todo, nos cuesta integrarnos. Hoy no hay ni una sola idea que aglutine al país. Cada sector lucha por sus propios intereses. Pareciera como si viviéramos aislados, en archipiélagos egoístas. Cada uno quiere lo suyo y trata de conseguir los beneficios a costa de los demás, olvidándose de que ese otro también padece.

De allí que muchas manifestaciones, que me parecen legítimas, por otro lado, no son sensibles para nada al daño que le hacen al resto de la sociedad. Y esto es algo que no se discute porque muchos temen ser considerados como impopulares o enemigos del pueblo. Hay que recordar que el derecho de uno termina donde empieza el derecho de los otros. Esto se ha olvidado, como también se ha olvidado el respeto. Este es un elemento venenoso que circula por las arterias de la Argentina actual.

¿Cuál es la idea de Nación que deben tener los argentinos para poder lograr el cambio?

La idea de Nación se forja a partir de una idea de destino común. Y eso lleva a que se dejen de lado los intereses parciales para dar lugar al destino común. Esa sensación de que compartimos algo tiene que ser muy fuerte. En un momento fue el amor a la patria y a aquellos que formaron la patria. El gran error que se cometió fue convertir en dioses a aquellos próceres que colaboraron en la formación de esta Nación.

Nos está faltando la idea de destino común. Y una condena con respecto a aquellos que conspiran contra esta integración. Ellos son los enemigos de la patria.

Aquí debería haber una condena, verdaderamente fuerte, contra aquellos que toman medidas que perjudican al conjunto. Es un momento donde necesitamos que lleguen inversiones. Justamente, en este momento, hay quienes atentan contra la patria cuando dicen que el país es violento o cuando hay pujas entre los funcionarios o cuando esos funcionarios no cumplen con sus funciones. Así se atenta contra la patria porque se atenta contra ese fin común. No se piensa si esas cosas benefician o perjudican a la Nación.

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