¿Por
qué todo el mundo quiere escribir un libro?
Quizá, como dice el escritor español
Juan José Millás, porque todos tenemos
una novela dentro.
En "El mundo de la edición de libros"
(Paidós), el agente literario Guillermo Schavelzon
sostiene que "la cantidad de gente que escribe
es enorme".Y pese a que en la Argentina no hay
estadísticas, sólo con echar un vistazo
a las miles de personas que cada año pasan
por los talleres literarios y envían sus textos
a los concursos, se llega a esa conclusión.
Por eso el proceso de detección de un buen
libro se hace cada vez más complejo y arduo.
Editorial Alfaguara, por ejemplo, recibe un promedio
de 200 originales por año y 1000 propuestas
mensuales por correo postal y electrónico.
Sólo alcanza a publicar el 2,5% de los proyectos.
Sudamericana, en cambio, recibe 900 propuestas por
año y edita alrededor de 100.
Por su parte, Planeta recibe 800 originales, sumando
los que recibe en forma espontánea y los que
la editorial sale a buscar. Entre los primeros, si
el original llega por agente literario se publica
el 40% de lo recibido. Pero si las iniciativas arriban
en forma independiente, el porcentaje ronda el uno
por ciento. Planeta no acepta originales no pedidos.
A Editorial Norma llegan, por diversas vías,
casi 1100 propuestas editoriales por año.
Gabriel Zaid, autor de "Los demasiados libros"
(Anagrama), brinda cifras interesantes: por cada libro
que se publica quedan uno o dos inéditos. Se
escriben entre dos y tres millones de libros por año.
Pero sólo un lector de tiempo completo puede
leer 200 títulos en ese período.
El gerente editorial de Alfaguara, Fernando Estévez,
comparte la reflexión de Zaid: "El problema
de la industria editorial son los millones de universitarios
que prefieren escribir a leer. Se produce mucho más
de lo que se puede consumir. En 2000 hubo en el mundo
un millón de nuevos títulos en el mercado,
pero el 50% no vendió ni 1000 ejemplares".
Datos de la Federación de Gremios de Editores
de España muestran que en 2000 se publicaron
en la península, 62.224 nuevos títulos.
Una cifra similar se editó en América
latina. Ese año se imprimieron 261.510.989
copias.
El escritor, un peregrino
Como resultado de esa desproporción, es razonable
suponer que peregrinar de editorial en editorial,
con un original bajo el brazo en el fútil intento
por convertirse en autor novel, no es la vía
más adecuada.
Mucho antes de que Harry Potter encontrara la piedra
filosofal, a su creadora -la entonces desempleada
escritora británica J. K. Rowling- le revolearon
el original en dos editoriales. Hasta que Bloomsbury
la catapultó a la fama con más de 50
millones de ejemplares en todo el mundo. Su caso no
es el único. Hace 35 años, Gabriel García
Márquez sufrió desilusiones similares
con su manuscrito de "Cien años de soledad".
Según los memoriosos, fue el editor Carlos
Barral quien entonces desechó publicar el barco
estandarte de su universo literario.
Es curioso conocer cuántos grandes de la literatura
vieron frustrarse su sueño inicial de publicar
una novela. Schavelzon señala, en el libro
compilado por Fernando Estévez y Leandro de
Sagastizábal, que "la mayoría de
las editoriales rechazan la mayor parte de los manuscritos
que reciben, casi siempre sin mirarlos, debido a la
enorme cantidad que les llega". Y sugiere a aspirantes
a escritores, a modo de guía práctica,
que consulten las diversas páginas en la Web
con sólo buscar " writer´s resources
" (recursos para escritores) o ingresar en el
sitio de amazon.com .
No llevar el original
Entre otras recomendaciones, Schavelzon aconseja no
enviar nunca el original a una editorial, sino sólo
la propuesta con datos concisos sobre el autor, la
obra y el público al que va dirigida, acompañada
por una carta de presentación breve y evitando
los elogios al editor. Habitualmente, el autor novel
llega a editorial con la referencia de un escritor
consagrado o de la mano de un agente.
La editora Leonora Djament, de Norma, no descarta
que un autor ignoto pueda llegar con su manuscrito
bajo el brazo, tocar el timbre de la editorial y conseguir
la publicación de su obra. "Nosotros tenemos
más de un caso, aunque no es la regla. La poesía
ha dejado a los editores una gran lección porque
muestra que siempre hay distintos caminos para publicar."
Djament opina que el contexto histórico, político
y social de un país también cuenta a
la hora de decidir, por ejemplo, la publicación
de un ensayo.
Para Estévez, en cambio, "es difícil
descubrir una gran obra si el escritor llega a una
editorial con su original y sin referencias detrás.
Difícilmente un libro presentado de este modo
se convierte en una obra valiosa".
Puesto a definir el perfil del escritor capaz de seducir
el corazón de un editor, puntualiza: "Escribir
es un oficio que hay que pulir y perfeccionar. Hoy,
hay que ser muy selectivo. Hay muchos libros autobiográficos.
La gente cree que su vida merece convertirse en novela.
Pero para novelar hay que tener imaginación".
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