Ir »
El Confesionario | Editora de noticias: Ana Fuster Lavin

El arte que derriba las barreras

Se apagan las luces de la sala del Teatro del Globo. Sube el telón y tres bailarinas de flamenco levantan los abanicos que abren con un gesto único y perfecto para empezar a bailar. El público aplaude y, así, empieza una fiesta de movimiento y color.

Los actores son 36 alumnos con síndrome de Down de la Asociación Civil Sentimientos, que presentó anteayer el espectáculo de danza y actuación "Espejos del alma", como cierre del año lectivo.

"Intentamos conectar al espectador con el síndrome de Down desde otro lugar: el arte", explicó a LA NACION la presidenta de Sentimientos, Andrea Doumanian.

Alumnos de todas las edades concurren en el año a los talleres de dos horas de gimnasia rítmica expresiva, teatro, pintura, baile, coreografía y orientación psicológica, en la avenida Córdoba 2404. "El síndrome genera una torpeza psicomotriz que se disminuye en los talleres. Todos aprenden a jugar otro rol social y lograr movimientos armónicos", aseguró Doumanian.

Además de divertirse, en cada taller los alumnos deben alcanzar un objetivo. En el taller de pintura, por ejemplo, aprenden a disfrutarla y hasta a distinguir los movimientos artísticos. ¿Cómo? Es simple. Para diferenciar el Cubismo del Impresionismo, las docentes colocan en el medio del aula cubos y elementos que permiten asociar las formas con los rasgos y los colores que usaron los pintores cubistas.

Detrás de escena

Mientras familiares y amigos ocupan sus asientos sin ocultar la ansiedad por lo que verán, los actores aguardan entre bambalinas. Las tres bailarinas de flamenco que abrirán el espectáculo corrigen tras el telón movimientos en el centro del escenario.

Gabriela Cacheiro, vicepresidente de Sentimientos, y Doumanian alientan a quienes parecen invadidos por el pánico escénico, aunque la mayoría reclama en voz baja salir pronto a escena. Algunos chicos se abrazan a sus maestras como encontrando un refugio.

"Voy al taller de teatro y quiero trabajar en televisión", dice Mariana Rodríguez, de 20 años, alumna de Sentimientos desde hace seis. "Me encantaría ser alguien en la vida", agrega, al reconocer que es perfeccionista y "un poco la mamá de todos", al pedir silencio para poder hablar.

"Todos los chicos se portan bien, pero hay que controlarlos", intercede cómplice José Delui, de 28 años y, por definición de sus pares, "un bailarín excelente".

Hernán Criscioni, de 22 años, observa atento listo para salir a bailar. "Yo quiero encontrar una chica que me quiera", reconoce sin dudar
.

http://www.lanacion.com.ar