F. Fernández Armesto, historiador: "Veo
el futuro sin el ser humano"
JOSÉ ANDRÉS ROJO | Madrid
Éste
es un libro atípico. En Civilizaciones. La lucha
del hombre por controlar la naturaleza (Taurus), Felipe
Fernández Armesto (Londres, 1950) ha intentado
contar una vieja historia desde un punto de vista diferente.
La vieja historia de las civilizaciones, de la que seguramente
todo el mundo ha tenido noticias desde el bachillerato.
Lo sorprendente es el enfoque. Felipe Fernández
Armesto se ha ocupado de ellas con la decidida voluntad
de romper toda idea preconcebida y lejos de todo prejuicio.
¿Qué es una civilización? 'Propongo
que ésta se defina como un tipo de relación:
la que se establece con el mundo natural, que es reformulado
por el impulso civilizador para responder a las demandas
del ser humano', escribe en el prefacio del libro.
'No es justo contar la historia de las civilizaciones
como si éstas empezaran en un momento concreto
y luego se desarrollaran. El enfoque cronológico
en esta materia no tiene ningún sentido', comenta.
'Para entender la historia humana, hay que colocarla
en el marco físico donde tiene lugar. Y la historiografía
tradicional habitualmente ha descuidado contar lo que
ocurre dentro de esa cadena ecológica en la que
están inscritos los episodios humanos'.
Fernández Armesto ha escrito un libro atípico,
y él mismo es un personaje difícil de
clasificar. Luce un sol radiante, pero él no
ha olvidado el paraguas. Se considera español,
pero vivió desde siempre fuera en el Reino Unido.
Desde 1983 es miembro de la Facultad de Historia Moderna
de la Universidad de Oxford y, entre 1999 y 2000, estuvo
en el Instituto de Estudios Avanzados de los Países
Bajos. Ha publicado Colón (Crítica, 1992),
Antes de Colón (Cátedra, 1993), Millennium
(Planeta, 1995) y Historia de la verdad y guía
para perplejos (Herder, 1999), entre otros títulos.
Actualmente es profesor en la Universidad de Minnesota.
Estos datos no dan idea de sus conocimientos. En Civilizaciones
(685 páginas) ha desplegado, en función
de los distintos entornos, las múltiples maneras
en que el hombre ha intentado controlar la naturaleza.
Así que nos habla de las civilizaciones de los
desiertos, de las grandes estepas y llanuras, de los
bosques, de los ríos, de las montañas,
de las islas, de las costas, de los océanos...
En un capítulo estamos con los inuit, luego sabemos
de los mongoles, más adelante se trata de los
olmecas o los mayas, de los fenicios, el Tíbet,
Venecia: sólo unos cuantos nombres para sugerir
la magnitud del empeño. No existen civilizaciones
mejores ni peores: no tiene sentido abordarlas con criterios
morales. 'Las sociedades siempre están cambiando,
pero de forma diferente', escribe. 'Ni se desarrollan,
ni evolucionan, ni progresan'.
Hay que evitar las trampas que lleva escondidas la
palabra. 'Se ha hablado de la guerra de Kosovo como
de una guerra civilizada, y Berlusconi afirmó
que la civilización occidental es superior a
las demás', dice Fernández Armesto con
ironía. 'Veo la historia mundial como una serie
de intercambios culturales entre distintos lugares del
planeta, pero hay que tener en cuenta que ha habido
iniciativas que se han desarrollado de forma independiente
en distintas zonas del mundo. El hombre se diferencia
del resto de los animales por su capacidad de distanciarse
y de transformar el medio que lo rodea para adaptarlo
a sus necesidades. En el libro he subrayado los aspectos
materiales que rodean la empresa civilizadora. Pero
no hay que olvidar la importancia del papel de la imaginación.
¿Por qué somos adictos al cambio? Porque
tenemos la posibilidad de imaginar lo que podemos conseguir
si modificamos nuestro entorno'.
¿Y cómo imagina el mundo que los hombres
de hoy están construyendo? 'La de hoy es una
de las sociedades más intervencionistas. Ha sabido
explotar al máximo el entorno para obtener, en
determinadas zonas, niveles de bienestar sorprendentes.
Sus logros tecnológicos, sin embargo, no han
ido acompañados de una evolución ni moral,
ni intelectual. Es muy complicado llenar ese bache que
existe entre nuestra capacidad tecnológica y
nuestra capacidad moral. Además, nuestro dominio
sobre el entorno no es absoluto. No controlamos las
variaciones del clima, por ejemplo, y de allí
pueden venir desastres casi inconcebibles. No sé
si seré pesimista u optimista, pero veo el futuro
sin el ser humano. Sobrevivirá el mundo, pero
nosotros no estaremos allí para contarlo'
.
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