Gérard Depardieu desata su pasión por
la ópera
CRISTINA
FRADE. Enviada especial
El actor francés triunfa en Montpellier como
narrador en 'Háry János'
MONTPELLIER.-
Bulímico del trabajo, Gérard Depardieu
compagina cine, teatro, televisión y da a veces
la impresión de estar en todas partes. Durante
dos noches, el público del Festival de Radio
France y Montpellier ha tenido ocasión de contemplarlo
en una faceta menos conocida de su carrera, como recitador
en Háry János, una de las creaciones más
originales del teatro lírico del siglo XX, obra
del compositor húngaro Zoltán Kodály
(1882-1967).
El actor francés carece de formación musical,
pero se ha aficionado a los conciertos y a la ópera
y admira a intérpretes como Cecilia Bartoli o
Susan Graham. «Me gusta la dramatización
de la ópera. La voz cantada aporta algo único,
que se oye rara vez en el teatro, quizá en Racine
o en Shakespeare», asegura. «Incluso si
un gran actor es capaz de trascender el texto y conmueve
por su voz y su presencia, la música añade
algo sagrado». Participar en un espectáculo
como el de Montpellier constituye para él una
forma de canalizar su fuerte emotividad. «¿Acaso
hay algo más próximo para ello que la
música?», pregunta.
Estrenado
en 1926, Háry János es, según lo
definió su autor, «un juego de canciones»
en un prólogo, cuatro aventuras y un epílogo,
basado en un poema humorístico. Vestido sobriamente
de azul, de pie ante un atril sobre el que se encuentra
su texto, Depardieu encarna en la parte recitada al
propio Háry János, campesino y antiguo
soldado que narra a un estudiante (Micha Lescot) sus
extraordinarias hazañas de juventud: cómo
salvó a la princesa María Luisa (la soprano
Anne-Sophie Schmidt), hija única del emperador
de Austria, prisionera de Rusia; cómo fue nombrado
general y capturó él solo a Napoleón
(el bajo Yuri Kissin); o cómo conquistó
el corazón de la princesa y pudo haberse casado
con ella, si no hubiera preferido ser fiel a su amada
Ilka (la mezzo-soprano Nora Gubisch) y a su pueblo natal
de Nagyabony.
Más
que recitar, Depardieu/János dialoga con el estudiante,
quien sospecha que ninguna de estas proezas ocurrió
en realidad. Pero acaba comprendiendo que el viejo no
es un fanfarrón sino un poeta, un ser apasionado
de imaginación desbordante que se consuela con
sus sueños de su triste destino, portavoz de
los deseos y temores del pueblo húngaro frente
a la opresión del emperador.
A
Jean-Paul Scarpitta, director del montaje ofrecido en
Montpellier, le atrajo esta resonancia política
de la obra de Kodály, «un canto popular
de los pueblos abandonados». Gran musicólogo
y folclorista, Kodály utilizó efectivamente
melodías recopiladas por él y su amigo
Bela Bartók en zonas rurales de Hungría
para componer Háry János, interpretada
en esta ocasión por la Orquesta Nacional de Montpellier
bajo la batuta de Friedemann Layer.
La
puesta en escena recurre a retablos vivientes y potencia
el aspecto onírico de la obra, en la que se mezclan
en proporciones poco habituales teatro, música,
danza y canto: ocho bailarines, una equilibrista, un
mimo y un malabarista recrean los sueños del
campesino en un delicado decorado de vagos contornos
logrados gracias a la iluminación y los tules.
Un tanto rígido al principio, más delgado
que de costumbre pero con su presencia de siempre, Depardieu
brilla en los pasajes más dramáticos.
«Tiene la dimensión de un gran artista
lírico», dice de él Scarpitta.
Fue
el director quien le invitó el año pasado
al mismo festival para participar en el Carnaval de
los animales, de Saint-Saëns, también como
recitador. Y Scarpitta no tiene más que palabras
de elogio hacia el monstruo Depardieu: «Es todo
un poeta. Le estoy muy agradecido por haberme mostrado
en él al hombre y al artista consumado. Sabe
llevar a los demás con humildad».
Ecléctico y gratuito
Desde hace 18 años, el Festival de Radio France
y Montpellier explora todos los géneros musicales,
desde la ópera al jazz o al flamenco, interpretados
por artistas de renombre internacional, pero también
por jóvenes talentos.
En
el ecléctico programa de esta edición
se codean óperas como Rinaldo con conciertos
de Meredith Monk, la Orquesta Barroca de Venecia, la
Filarmónica de Praga y el grupo de rock francés
Noir Désir.
Este
año se ofrece, además, un espectáculo
insólito: las Noches de Bwiti, un encadenamiento
de danzas y cantos del culto de los ancestros de los
tsoghos de Gabón, que se prolongarán durante
12 horas seguidas.
Dirigido
por René Koering, el festival tiene a gala el
hecho de que un 80% de sus manifestaciones (108 este
año) son gratuitas y todas son difundidas por
alguna de las emisoras de Radio France. Otra de sus
particularidades es la búsqueda de las obras
menos conocidas e interpretadas.
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