Goytisolo
ejerce la autocrítica y aborda lo que han sido
su vida y su literatura
Por
SILVIA ISABEL GAMEZ / Grupo Reforma
Ciudad
de México (1 junio 2002).- Del niño que
sacaba diez en religión, quedan sólo algunos
conceptos pendientes de olvidar. Agnóstico confeso,
Juan Goytisolo afirma: "La definición que
da el catecismo del hombre como un ser racional compuesto
de alma y cuerpo es lo más inexacto que existe,
un puro disparate".
El
Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo 2002 niega
la existencia de un más allá, pero en
bien de su obra acepta abrir el corazón a lo
que su inteligencia rechaza.
"Al escribir, uno debe mostrarse como un ser integral,
incluir lo racional y lo irracional, subir la inteligencia
del corazón. Cuando escribo, busco que se manifieste
la totalidad de mi persona".
Nacido en Barcelona una noche de Reyes de 1931, Goytisolo
llegó al mundo precedido de una pérdida:
su hermano, el primogénito Antonio, cuatro años
antes, ya desde entonces una presencia fantasmal y constante.
Fue también un niño marcado por la tragedia;
tenía 7 años cuando su madre murió
víctima de un bombardeo de la aviación
fascista. Sola en el centro de la ciudad, apenas pudo
recorrer 20 pasos antes de entrar a refugiarse en el
número 17 del Paseo de Gracia. Así describe
Miguel Dalmau en Los Goytisolo (Anagrama, 1999) ese
momento, tal como se lo contó la portera del
edificio: "...se apoyó en la pared sin decir
palabra, comenzó a llorar y fue resbalando lentamente
hasta quedar sentada en el suelo". El reloj marcaba
las dos menos cinco de la tarde del 17 de marzo de 1938.
En sus obras autobiográficas Juan sin Tierra
(1975) y Coto vedado (1985), Goytisolo reserva la ironía
y la dureza para las figuras masculinas de la familia,
mientras extrema la ternura con las femeninas.
"Todas las mujeres de la rama materna fueron víctimas,
de una u otra forma; además, de ese lado proviene
la sensibilidad literaria. Mi familia paterna era de
empresarios, acumuló en Cuba fortunas colosales,
no tenían la menor tendencia hacia el arte".
Escribir esos libros autobiográficos, ¿le
permitió ajustar cuentas con su origen?
Nunca los pensé como un ajuste de cuentas, una
provocación o por afán de escandalizar.
Intentaba decir lo que fue mi vida, pero con un sentido
de autocrítica. Octavio Paz me escribió
en una carta que Coto vedado le parecía una obra
única en la literatura española. Lo que
se vende como autobiografía en España
son los aspectos agradables de uno mismo, te elevas
una estatua gloriosa o publicas chismes sobre los demás,
siempre ha sido así; no existe la reflexión
crítica con respecto a uno mismo. Apenas nacer,
se convirtió en el preferido de sus padres...
probablemente de mi madre, no lo sé, parece que
fue así.
¿Se sintió alguna vez, como sugiere su
biógrafo, mimado por los dioses?
Un niño no sabe qué son los dioses ni
los mimos.
¿Y ahora, cuando mira a la infancia?
Los recuerdos son algo curioso: imágenes sin
continuidad. Una especie de diapositivas; en Coto vedado
puse incluso en duda la realidad de algunos recuerdos,
que pudieron ser ilusorios.
La pérdida de su madre en la Guerra Civil, ¿lo
empujó a romper con esa otra madre que es para
muchos la patria?
No de niño. Pero la experiencia de la brutalidad
de la Guerra Civil me distanció de España
a los 18 o 20 años, cuando empecé a preguntarme
qué país era ése donde se mataban
los unos a los otros. Nunca he sentido el menor patriotismo,
de lo cual me enorgullezco.
Además de a su madre, ¿qué le arrebató
la Guerra Civil?
Las libertades fundamentales del ser humano.
Goytisolo sintió un temprano rechazo hacia un
padre enfermo, hundido por la muerte de su madre. A
este primer deseo de huida se sumarían otros,
resultado de la crisis de la economía familiar,
la atmósfera opresiva de la posguerra, su natural
aislamiento en la literatura... hasta que en 1953 marcha
a París.
"Deseaba conocer una sociedad libre. El paso de
España a París equivalía a transitar
de un mundo gris a otro con variaciones cromáticas".
En Coto vedado evoca a sus padres en su retrato de boda,
detenidos en el tiempo, jóvenes y hermosos. ¿Qué
imagen suya le gustaría que permaneciera?
Me da igual, nadie puede controlar su destino ni su
imagen. La historia siempre se burla de la gente que
se maquilla para pasar a la inmortalidad. Dentro de
200 años, si el mundo aún existe, me juzgarán
como quieran.
Ha manifestado desprecio hacia el personaje que fue
en su adolescencia, ¿se siente hoy satisfecho
con lo que es?
Ni satisfecho ni no, no me planteo en esos términos
la existencia. Hay momentos agradables y otros menos.
Sus herederos son tres niños magrebíes
que viven en su casa de Marrakech. Si lo consideramos
como un penúltimo acto de congruencia, ¿cuál
será el último: negarse a ser enterrado
en el mausoleo familiar, como ha escrito?
Soy partidario de la incineración a secas. Desde
luego, descarto cualquier espacio religioso.
* * *
Su amigo Mariano Castells decía del joven Goytisolo
que, en lugar de vivir, parecía que prefiriera
"escribirlo todo".
"Es a partir de Reivindicación del conde
don Julián (1970) que puedo decir que estoy de
acuerdo con lo que he escrito. Con ese libro comencé
a experimentar el crecimiento orgánico del texto,
la escritura como una aventura. Mis primeras novelas
partían de un esquema, ahora escribo sin saber
a dónde voy".
Creada en Tánger, en una época en la que
-según su biógrafo Dalmau- "vivía
sentimental, cultural y sexualmente cada vez más
próximo al islam", la novela marca también
la que será su posición periférica,
ese mirar a España desde la otra orilla, empeñado
en despertar su furia con golpes certeros, en un exilio
inspirado en la figura de José María Blanco
White, que escribió sobre ese país desde
Inglaterra.
"El rechazo moral de los bienpensantes ha sido
para mí a veces una satisfacción".
¿Y cuando es usted quien manifiesta su repudio
en artículos?
Ahí procuro ser estrictamente racional. He dicho
que es preferible para un intelectual equivocarse por
su cuenta a tener razón por consigna. Si me he
equivocado es mi responsabilidad, pero intento no caer
en la demagogia.
En ese mirar a España desde la otra orilla, ¿nunca
apareció la nostalgia?
La nostalgia de España fue breve. Cuando me di
cuenta de que (el dictador Francisco) Franco iba a morir
en la cama, sentí un desafecto hacia la sociedad
española. A mí siempre me ha gustado la
diversidad, y allí todo me parecía tan
aburrido, la gente tan igual, que no me sentía
en casa.
Con el paso de los años, ¿se ha atemperado
lo flamígero de su pluma?
Creo que, para quienes estamos genéticamente
programados para la literatura, la escritura evoluciona
con la vida. Digo esto porque soy incapaz de hacer nada
salvo escribir.
¿Siempre tiene un libro en las manos?
Siempre no, también me gusta pasear. Soy una
persona curiosa, disfruto viajar y ver ciudades. Nunca
me he forzado a escribir, sólo lo hago cuando
se me presenta algo -un verso, una visión, una
frase- que lo desencadena de una forma acuciante.
Descubrió muy pequeño que la vida es una
sucesión de pérdidas. ¿Esto definió
su vocación literaria?
No se me ocurrió hacer otra cosa. Entre los 10
y 14 años, cada verano escribía dos o
tres novelas que leía a mis desdichadas primas.
Eran narraciones de aventuras, recuerdo que para evitarme
la descripción de los personajes recortaba las
fotos de los actores que salían en una revista
de cine, lo que era una técnica bastante avanzada
para la época.
Estudioso del árabe, de la literatura medieval
y del turco, Goytisolo ha plasmado su pasión
por estas culturas en libros como Makbara (1980), De
la Ceca a La Meca (1997) y Carajicomedia (2000). Su
lucha contra las dictaduras y dogmatismos lo ha llevado
a visitar escenarios de guerra que luego han reaparecido
en títulos como Cuaderno de Sarajevo (1993) y
Argelia en el vendaval (1994).
Como dicen los musulmanes -es una cita suya de Rimbaud-
¡está escrito! ¿Cree en el destino?
Cuando he viajado a zonas de peligro he ido tranquilo,
tal vez es inconsciencia, pero lo que debe ocurrir va
a ocurrir. Quienes sí me dan miedo son los conductores
que van a gran velocidad; me preocupa la idea de quedar
mutilado en una carretera.
¿Hay algo que le quite el sueño?
Todo, siempre tomo una pastilla para dormir. Empecé
hace como 20 años y me habitué, pero procuro
no aumentar la dosis.
El estudio de lenguas como el árabe, ¿le
ha hecho desear vivir en otras épocas?
La idea de la transmigración (pasar un alma de
un cuerpo a otro) es muy antigua, pero todos sabemos
que no podemos cambiar de época.
¿Y cuando se ha permitido imaginarlo?
Supongo que me quedaría en esta época,
porque viajar a México en el Siglo 16 debía
ser más complicado.
***
La trilogía literaria de los Goytisolo la forman,
además de Juan, sus hermanos Luis, narrador cuatro
años menor, y José Agustín, poeta
nacido en 1928 y fallecido en 1999.
"Siempre he tenido una relación estrecha
con Luis. Hubo divergencias cuando publiqué Coto
vedado, pero siempre ha existido una comunicación
intelectual".
¿Y con José Agustín?
Hay que respetarlo porque está muerto.
Dalmau consigna en Los Goytisolo la difícil relación
que tuvo con el poeta. José Agustín condenó
el hecho de que su hermano decidiera revelar en Coto
vedado el secreto de la familia: un abuelo pederasta,
Ricardo Gay, que visitaba a Juan cuando apenas contaba
12 años en la biblioteca-despacho donde dormía
para besarlo y acariciarlo.
Tras un periodo de acercamiento a mitad de los años
60, volvieron a distanciarse cuando Reivindicación
del conde don Julián hizo pública la nueva
identidad de Goytisolo: su pasión por el islam
y los árabes.
Durante 40 años, hasta el final de su vida, Goytisolo
vivió junto a la escritora Monique Lange, "una
mujer extraordinaria, con la que tenía una complicidad
muy fuerte". Musa moral, solía decirle:
"No te tomes jamás en serio. Quien corre
tras la gloria la ve desvanecerse como un espejismo.
Al respeto intelectual, literario y moral se accede
en silencio".
Después de sucesivas crisis existenciales, el
escritor conoce en 1963, en un café de París,
a un joven árabe, Mohamed, con quien tiene lugar
-ha escrito- su primer "lento naufragio en el placer".
Recuperada la serenidad tras aceptar su naturaleza homosexual,
Goytisolo -cuenta de nuevo Dalmau- se deja arrastrar
desde su experiencia erótica por la fascinación
del islam. Junto a Mohamed recorre los cafés
del barrio parisino de Barbés; "no era la
primera vez -escribe el biógrafo- que Goytisolo
se sentía atraído por analfabetos, o lo
que él llama 'hombres de instrucción tosca
y primaria'. Pero hasta entonces había frecuentado
su compañía porque le permitían
'compensar con su vivificante e impregnadora rudeza
el refinamiento mental exigido por la escritura'".
Ahora había un componente carnal, "la maldición
asociada al vicio nefando se había transformado
de súbito en gracia", en palabras de Goytisolo.
En plena época franquista, la sexualidad era
un tema prohibido, ¿hasta qué punto sublimó
esa represión en la literatura?
En aquella época, España era un país
curioso. Durante los años 50, en Barcelona había
cafés o bares donde las camareras cantaban canciones
pornográficas, obscenas, que aún me sé
de memoria. Era todo muy contradictorio.
¿No experimentó la represión?
Había una condena muy fuerte de la homosexualidad,
algo que forma parte del carácter español.
Mi amigo (el escritor francés Jean) Genet siempre
decía que los maricas más audaces del
mundo eran los españoles, que se disfrazaban
de andaluzas y salían con peinetas a la calle.
Las condenas eran tan fuertes que ningún homosexual
podía vivir una existencia natural, se volvían
extremas debido a la represión.
¿Fue un deslumbramiento conocer a Genet?
Conocer en la misma noche a Monique y a Genet cambió
mi vida. La influencia de Genet fue más ética
que literaria; despreciaba a los escritores que querían
hacer carrera, eso me curó de la vanidad, del
deseo de vender libros. Genet era de un rigor extremo,
durante varios años siguió una técnica
muy simpática: firmó con Gallimard contratos
sobre libros que no escribió jamás, de
los que sólo existe el título. Si un escritor,
cuando no tiene nada que decir, tiene la suerte de encontrar
un editor crédulo que le acepte este tipo de
contratos, me parece mejor que los firme a que escriba
tonterías para ganar dinero, creo que responde
a la ética del escritor. Si convertí a
Genet en un modelo no fue por imitación, sino
porque correspondía a mi propia naturaleza.
En una entrevista reciente, declara que "por fortuna"
nunca se ha enamorado de un hombre, ¿por qué
lo dice?
He tenido relaciones de amistad con hombres, en las
que ha habido confianza, respeto, pero enamoramiento,
ninguno. Mis relaciones afectivas han sido con mujeres,
con los hombres -no me refiero a las aventuras de un
día- el vínculo ha sido amistoso.
¿Ha sido un hombre más cerebral que pasional?
No creo que se puedan establecer diferencias, no lo
sé.
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