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Apuntes
introductorios
Antes de adentrarnos en este artículo sobre el
Jazz Under en Argentina, es conveniente hacer un poco
de historia sobre sus inicios.
Hablar de jazz como música afro americana: ¿no
sería simplificar demasiado?
El jazz es una forma de expresión espontánea
e individual. Es improvisación, libertad, canto
de protesta, canto de marginación, de pedido, de
ruego y hasta canto de súplica. La crearon los
negros de los estados esclavistas del sur (Alabama, Lousiana,
Georgia) mientras trabajaban en las plantaciones de algodón.
Sus "blues spirituals" fueron la semilla. De
ella nacerían los primeros sonidos del auténtico
jazz, último género popular en la historia
de la música occidental. Un tipo de expresión
urbana que empezó a afianzarse en los cafés
de los negros de Nueva Orleáns a finales del siglo
XIX y principios del XX.
Según las estadísticas, el mercado de esclavos
africanos tuvo un saldo de 15 millones de hombres, mujeres
y niños vendidos en distintas zonas del mundo.
La mayor parte de esta cifra fue a parar a América.
Los campos de algodón y tabaco exigían mucha
mano de obra. El negro africano era fuerte y trabajaba
por un pequeño jornal (comida y choza). Fuera de
eso, sólo poseía el recuerdo imborrable
de las danzas y cantos de su África natal. La música
le resultaba fundamental y a través de ella podría
llegar al punto de soportar la angustia de la esclavitud.
A fin de cuentas: el equipaje de un esclavo sólo
contenía ritmo y melodía.
Los negros africanos, poseedores de un gran sentido religioso,
aceptaron con facilidad el cristianismo. Pero acostumbrados
como estaban a iniciar sus ritos religiosos con canciones
y bailes, pronto empezaron a introducir palmas y movimientos
rítmicos en las vehementes reuniones de los campamentos
del Sur (fines del siglo XIX).
Desgarradas voces de un particular timbre cantaban conmovedoras
melodías. Así, los negros de las comunidades
protestantes fueron hilvanando llamados: himnos religiosos:
los "spirituals".
A estos temas de oración y súplica se agregaron
las "canciones de trabajo". ¿Por qué?.
El esclavo se dio cuenta de que era mucho más sencillo
trabajar cantando. Los peones, los estibadores, los presos,
los obreros portuarios y del ferrocarril cantaban. Un
guía improvisaba y los demás respondían
con murmullos o gritos.
La sencillez de estas frases (debida probablemente a su
escaso conocimiento de la lengua de los colonos) fue evolucionando
hasta convertirse en poesía vigorosa, tierna, desesperada
según la ocasión. Tal notoriedad tomaron
sus letras que Jean Cocteau llegó a afirmar: "las
letras de los blues son la última aparición
de una poesía automáticamente popular ".
Y los blues eran ya un género típicamente
jazzístico.
Entrevista
El entrevistado es el guitarrista, arreglador y compositor:
Ariel Carlos Camaño. Un porteño nacido el
24 de Diciembre de 1968. Casado y con una hija, cursó
estudios como Maestro Nacional de Bellas Artes, Carrera
terciaria de Instrumentista de Música Popular (área
jazz) en la Escuela de Música Popular de Avellaneda
(Pcia. De Buenos Aires).
Es fundador e integrante de "LATRUNCA TRIO"
formado, además, por: Horacio Larroca (en percusión)
y Ramiro Trunsky (guitarra voz y composición).
Los
orígenes
¿Por
qué el Jazz y no otro estilo musical?
Cuando
me inicié en este mundo fascinante del Jazz, allá
por el año 1989, en la Escuela de Jazz del guitarrista
Ricardo Pellican, lo que me atraía eran esos "acordes
raros" que sonaban tan bien. Sentía que transitaba
un campo inmenso para el conocimiento musical y la composición,
que fue algo que de temprana edad me encantó hacer.
Luego de mucho tiempo de estudio, la improvisación
llegó a atraparme. Igualmente, creo que cualquier
músico que se precie de tal, debe tener información
de varios géneros. Imposible descartar el inmenso
material que contiene la música "académica"
(mal llamada música "clásica"),
una fuente inagotable de estudio constante. Creo que si
uno debe inclinarse hacia un estilo, es un proceso que
lleva muchísimos años de aprendizaje y de
"tocar". Por eso elegí definitivamente
el Jazz, ya que me daba una apertura para entender cualquier
tipo de música.
Ese
sentimiento por el Jazz... ¿se fecundó en
tu niñez o fue una transición natural por
tu grado de educación y nivel cultural?
Mirando
retrospectivamente: En mi hogar, la música siempre
estuvo presente. Mis viejos fueron pianistas, mi madre
cultivaba el género académico y mi padre
decididamente tanguero. Y aunque la vida y el destino
quisieron que jamás los pudiese escuchar. Esto
significó para mí una carga inmensa. Ellos
para poder casarse, tuvieron que vender los dos pianos
y jamás volvieron a sentarse frente a un teclado.
Por eso no los escuché ni en vivo ni en grabación
alguna. ¡Pensar que por mí, y mis dos hermanos
mayores, tuvieron que abandonar algo tan importante!
La vida tiene sus idas y vueltas. Mi abuelo paterno, Don
Ramón Camaño -gallego de pura cepa- fue
ejecutante de mandolina. Catalogado como una rareza entre
los inmigrantes pues resultó ¡fanático
del tango! Deduzco entonces, que el gallego tocaría
"La Cumparsita" con su mandolina. A raíz
de todo esto yo digo que mi estudio es racional: si mi
abuelo gallego, tocaba tangos con su mandolina, ¿cómo
yo Argentino no iba a tocar Jazz con mi guitarra eléctrica
de caja?
Después le llegó el turno a mi hermano Osmar
(8 años mayor que yo, debe su nombre a uno de los
ídolos de mi viejo, el gran pianista de tango Osmar
Maderna). Comenzó a estudiar guitarra de chico.
Tiene muchas condiciones, tocó por varios años
llenando la casa de música. A mí, como buen
"gurrumìn", me daba el bombo, el tonete
o cualquier cosa para que no "molestara demasiado".
Luego, durante el verano del '84, mi hermano con sus finos
modales me dijo: "Che loco, vos que estás
al p..., ¿por qué no me comprás cuerdas
para la guitarra y me las cambiás...?. En mi vida
había tocado una guitarra y mucho menos, se entiende,
¡cambiarle las cuerdas! Pero hete aquí, que
aquel fue el "suceso detonante" de mi vida musical.
Compré aquellas cuerdas e intenté cambiarlas.
Me formulé entonces lo siguiente: Si podía
cambiar las cuerdas de una guitarra ¿Por qué
no aprender a tocarla?
Cuando mi hermano volvió del trabajo le dije: Che
Osmar, ¿me enseñas a tocar...?. Aún
recuerdo su tan clásica respuesta: ¡Dejame
de hinchar...!
Dadas las circunstancias, comencé a encerrarme
en la piecita, para intentar descifrar esos extraños
anagramas: poner los dedos sobre las cuerdas. Así
vinieron los libritos de zambas, tangos y demás
que tenía mi hermano. No pasó mucho tiempo
antes de que empezara a componer mis primeras cosas.
También es justo hacer mención de lo siguiente:
Corría el año 1985 y mi novia Nancy (actual
esposa), me dice: ¿No querés aprender piano?,
mi mamá es profesora. De allí que una noche
le pregunto a mis viejos ¿no tienen un libro de
piano?, porque mañana empiezo a estudiar. ¡No
te podes imaginar la cara de ambos!
Estudié aproximadamente tres años. Di los
exámenes correspondientes con el maestro Siciliani
en su Conservatorio de Belgrano, pero me daba cuenta que
era un instrumento más que difícil, inclusive,
sabía que me era imposible comprar un piano en
aquel momento. Así que seguí experimentando
con la guitarra, que era de mi hermano, y decidí
inclinarme definitivamente hacia ella.
¿Tus
primeros contactos con el Jazz?
Parece
paradójico que, como dije antes, nunca había
escuchado a mis viejos tocar. En mi casa siempre se escuchaba
música; una radio sintonizada en alguna emisora
de tangos, mis queridos hermanitos "cultivándose"
con el Club del Clan y toda esa envasada oleada de "música
berreta estadounidense" (que hizo furor especialmente
durante la dictadura militar con los Bee Gees a la cabeza).
Esto hacía que yo, con mis pocos años, zamarreara
al viejo y querido Wincofòn y buscara algo que
ponerle arriba. Así descubrí, por ejemplo,
un disco rarísimo de un pianista llamado "El
Loco Otto". Vaya uno a saber si era un nazi oculto,
un almacenero de Branderburgo o un fabricante de salchichas
y chucrut. Pero la cuestión es que me motivaba
a tocar sobre mi pequeña almohada que, apoyada
sobre las piernas, usaba de piano. Sus temas entraban
dentro de la categoría de "standard"
hasta "clásicos".
Contaba
mi madre que cuando íbamos a visitar a mi tía
Argentina, ella había sido pianista y conservaba
su piano "muy desafinado", yo me pasaba las
tardes correteando por las teclas blancas y negras, y
a los seis años ya le había pedido estudiar
piano. Tal vez por su pasado y el de mi viejo, no escuchó
mi pedido, pero la vida es un boomerang, y en algún
momento todo vuelve.
En el colegio secundario tuve otro ataque de pianista
cuando cursaba Bellas Artes, nos hacían escuchar
música clásica mientras dibujábamos
o pintábamos. Eso me permitió abrirme a
otros mundos.
Después
conocí a un excelente pianista: Carlos Suleta,
que era profesor del Conservatorio Nacional y Municipal.
Lo mejor que hacía era tocar el piano, y sus clases
consistían en escucharlo tocar. También,
extrañamente, el Jazz llega a mí de la mano
del maestro Astor Piazzolla, dado que su música
contiene muchos elementos jazzísticos y asimismo,
durante el triste período de Malvinas, de la mano
de Litto Nebbia y del "flaco" Spinetta.
Los
conocidos y desconocidos de siempre
¿Qué
sucede con el Jazz under en Argentina?
Ojalà
se pudiera decir que existe un Jazz "Under"
y otro no "Under". Lamentablemente, desde hace
ya muchos años, en Argentina todo el movimiento
jazzsìstico se ha convertido en under. ¡Pensar
que en las décadas del 30 y del 40 se hablaba de
una sana rivalidad entre las orquestas de Tango y de Jazz,
moviendo a multitudes en sus recitales y bailes! Volviendo
a la pregunta, creo que cada vez se hace más difícil
que nuevos valores puedan desarrollarse en este campo.
Si bien hay que recordar que hace un par de años
hubo una especie de re-reconocimiento del género,
con los conciertos realizados en los "Siete Lagos"
de Bariloche, o los presentados en el Anfiteatro de la
Costanera, parecería como que la cosa quería
cambiar. Igual, para nosotros, salir a tocar, o sea encontrar
algún lugar con infraestructura y sobre todo donde
se respete al músico, cada vez es más difícil
de hallar.
¿Considerás
que hay monopolios?
En
lo que respecta a lugares para tocar, podría ser,
dado que son pocos y por la inseguridad económica
deben caer en los grandes conocidos y no pueden apostar
a los grandes desconocidos. Si bien deberían apostar
a los desconocidos, también económicamente
hablando, esto es correr con ciertos riesgos. Me parece
que aquí estaría la función oficial
de subvencionar y apoyar espectáculos como también
grabaciones para lograr un despegue de todos aquellos
que batallamos en el under.
¿Cuáles
son los sitios más frecuentados y que músicos
y/o bandas los animan?
Existían,
hasta hace algunos meses: el "Jazz Club" en
el Paseo de la Plaza, que por años fue un sitio
de encuentro de los jazzeros de Buenos Aires. También
está "Satchmo" en el bajo. El indiscutido
y renovado "Oliverio Allways" con sus grandes
visitas internacionales, y ahora se ha incorporado el
"Sheraton", obviamente a precio de "turista
americano".
Respecto
a los músicos, hay muchos y buenos. Mis ex profesores
Ariel Goldemberg que dirigió por muchos años
la Big-Band del Jazz Club y nada más ni nada menos
que con un monstruo: George Benson. Pablo Brobowicky que
con sus discos ya ha ingresado en el exigente mercado
europeo de Jazz mediante el sello Red de Italia. El Quinteto
Urbano, un grupo realmente sólido, que cuenta con
una de las revelaciones de los últimos años,
el pianista Ernesto Jodos. Adrián Laies, otro buen
pianista. El contrabajista Hernán Merlo, otro de
mis ex docentes, que se dedica a la composición,
hecho más que interesante.
En la lista podemos incluir a muchos de nosotros como
Roberto Gómez, Ramiro Trunsky, guitarristas ambos
y compañeros de estudio.
Personajes,
estilos, libertades
¿Algún
icono dentro del Jazz?
Habría
muchos que debería citar..., no sé si comenzar
por épocas, estilos o gustos.
Indefectiblemente Bill Evans fue para mí el gran
pianista de Jazz de finales de los 50. El marcó
una línea que aún hoy sigue trazada. Joe
Pass fue quien logró hacer lo que yo siempre pretendí,
en lo personal, como guitarrista un improvisador estupendo
y creador de un estilo el Chor-Melody, es decir, el tocar
sólo la melodía, la armonía e improvisar
¡maravilloso! Otro indiscutible es Charlie Parker,
quien con su saxo alto quebró el Jazz en dos porque
junto a otro excelente músico como Dizzie Gillespie
crearon el famoso Bebop, escuela fundamental del Jazz.
El Bebop produjo una revolución en el mundo del
Jazz. seguía basándose en la improvisación
sobre una progresión de acordes, pero sus tempos
eran más rápidos, las frases más
largas y complejas, y la gama emocional más amplia,
hasta incluir sensaciones menos agradables que las habituales
hasta entonces.
El
fantástico Chet Baker con su trompeta "cool".
Compitió con el casi adorado Miles Davis que, como
le digo a mis amigos, era un gran "seleccionador"
de músicos. John Coltrane sin lugar a dudas.
El exquisito guitarrista Jim Hall, que con sus discos
en dúos con Bill Evans son una verdadera "joyita"
para la "hora del tè".
De los "històricos": Louis Armstrong,
el eterno improvisador. Duke Ellington un tremendo músico,
compositor (sobre todo) y arreglador. El Count Basie,
y la que para mì fue la cantante de Jazz por excelencia:
Ella Fitzgerald.
Luego
podríamos citar a arregladores como Gil Evans,
que hizo maravillas junto a Miles Davis y el los 90 junto
a Sting. Quincy Jones, sencillamente un fenómeno
y Claus Ogerman, cuyos arreglos del disco Francis Albert
Sinatra & Carlos Jobim, son un manantial único
de sutileza y exquisitez.
Comentando este maravilloso disco, en el año mil
novecientos sesenta y siete, la "voz" lo llama
directamente a Jobim a Ipanema, y le pide grabar temas
de él en EEUU, esta joyita estuvo 2º en el
ranking americano detrás de un "grupito"
que sonaba por entonces: Los Beatles...
Por
último, al originalísimo Thelonius Monk,
quién supo convivir con esa dupla temible del "bop",
Parker - Gillespie, y alguno de la escuela del "Cool
Jazz": Lee Konitz, que con sus juveniles setenta
y cuatro años nos visitara recientemente y disfrutáramos
de su talento.
¿Qué
libertades ofrece el Jazz que no encontrás en otros
estilos como la Música Académica, Rock,
etc.?
Fundamentalmente
descubrís la famosa libertad de expresión
a través de la improvisación, que es lo
que distingue un género de otro. Pero también
se encuentra un marco muy propicio (este sería
mi caso) para la composición, utilizando un lenguaje
tan popular como actual; cosa que en el clásico
-por ejemplo- tiene que recurrir a elementos que ya fueron
utilizados por Juan Sebastián Bach, Mozart, etc.
Si bien la teoría básica es igual para todos
los músicos, hay ciertos recursos estilísticos
que el Jazz aportó durante ya casi un siglo de
existencia y que a un músico lo beneficia para
explotar con lenguaje contemporáneo.
Sobreviviendo
o comerciando. Imitando o creando
Una
pregunta necesaria: ¿Es preferible hacer lo que
a uno le gusta, a pesar de que esto no contemple ser una
figura pública y popular; o es preferible, en pos
de lograr ese objetivo, hacer lo contrario?
Prefiero
seguir siendo un desconocido, o mejor dicho, no "transar"
con tanta música berreta, ya que como digo a menudo
"un músico no es un comerciante que hoy se
pone un negocio de *todo por 2 pesos* para llegar a ser
un anticuario de primera".
Pienso que en música una vez que te involucraste
con la mediocridad, es muy difícil sacártela
de encima. Lo fácil y mundano, en el peor sentido
de la palabra, se te pega como una mosca de verano.
Prefiero, por ahora, sobrevivir con otro trabajo y seguir,
musicalmente hablando, creciendo y componiendo lo que
a mí me gusta, tocar con quien quiera y pueda,
y cuando llegue el momento justo "dar el zarpazo".
Como decía el genio de Juan Sebastián Bach:
"La música no tiene secretos, es tocar la
nota justa, en le momento justo y con el dedo justo".
Tal vez me falte todavía un tiempo de maduración.
Duke Ellington saltó a la fama a los 33 años,
y yo tengo 32.
¿Es
posible que algún día lleguemos a competir,
en similar escala, con los países más poderosos
dentro del Jazz?
Si
mañana instalase una academia en pleno corazón
de Kioto que diga: "Aprenda japonés en 3 clases"
¿cómo me iría? Si decido instalar
una fábrica de chucrut en pleno corazón
de Munich, o una escuela de buceo en Bolivia ¿Qué
resultado obtendría?
Nadie le puede enseñar Jazz a un nativo de Harlem,
Chicago, Boston o cualquier lugar que se me ocurra dentro
de EEUU.
Por lo pronto, nadie que estudie Jazz fuera de Norte América,
según mi punto de vista, les va a enseñar
nada nuevo a ellos.
Esto no quita que grandes músicos e instrumentistas
hayan logrado entrar en el mercado Americano. Hablo por
ejemplo de Lalo Schifrin o del nunca recordado Jorge Dalto
(el mejor pianista argentino que haya pisado EEUU). Asimismo
el Gato Barbieri.
Son sólo casos esporádicos, pero tal vez
denoten el plan que yo creo hay que tener: "el de
la ORIGINALIDAD".
Ahí es donde, humildemente, podemos llegar a sobresalir
o por lo menos, a mostrar algo "distinto". No
es de extrañar que Wynton Marsalis le haya regalado
la trompeta de una sola pieza bañada en oro a nuestro
Fat's Fernández, ¿algo original le habrá
encontrado no?
Parafraseando a nuestro inmenso Astor Pantaleón
Piazzolla: "Debemos tocar con sabor a Argentina,
con nuestro gusto y tratar de componer con nuestros colores,
así seremos más respetados y descubiertos"
¿Quién podría, para terminar, tocar
con más swing que Bill Evans?
Este
es un espacio para la libre expresión ¿Hay
algunos conceptos que desees añadir para concluir
esta entrevista?
Cuando
uno decide tomar ciertos caminos en la vida como ser el
de conformar una familia, estudiar, mantenerse dignamente
o realizar lo que a uno más le guste, nadie le
dice: ¡Metele pibe, dale que va a ser fácil!
Creo que por el contrario, uno se va dando cuenta a medida
que se va "internando" en esta jungla diaria,
que la cosa no es para nada sencilla. Y menos en un país
en donde todo está por hacerse y nunca nadie se
anima a comenzar a hacerlo.
Pero creo que ésta es una de las virtudes que tenemos,
salir a pesar de todo, y de nosotros mismos.
Así surgieron los Piazzolla, Borges, Maradona,
Vilas, Yupanqui por mencionar algunos.
Creo que cuando más difícil se nos hace,
más nos la rebuscamos para salir. En mi caso, nunca
nada me fue fácil. Desde estudiar y tocar hasta
tener mi propia guitarra. El gran Luis Salinas contó
una vez que nunca había tenido guitarra propia,
y que la primera que tuvo fue un regalo que recibió
a los 24 años. En mi caso hay una situación
parecida, ya que con la guitarra que toqué gran
parte de mi vida fue de mi hermano. La que tengo hoy en
día, fue un regalo de mi esposa Nancy, cuyos ahorros
provienen de su "suculento" sueldo de docente.
Es algo que jamás podré terminar de agradecer
por el resto de mi existencia. Y fue a los 24 años,
así que le llevo 3 al gran Luis.
Creo, para terminar, que hay que seguir adelante mientras
tanto nuestros sueños nos apoyen y nos realicen
como seres humanos.
El
Jazz es, ante todo, improvisación, vida, expresividad,
evolución constante. Tanto en el Mississipi como
en Buenos Aires, donde brota de las manos de un pianista
de un bar, o en medio de los hombres de una banda de músicos
que tocan para acallar la violencia de un ajuste de cuentas.
El Jazz es también la voz de un clarinete que exalta
la vida,
Y es también ¿por qué no...?, Una
plegaria a Dios.
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