La luna

Qué veleidosa me resulta la memoria! Al menos, en mi caso, actúa como una damita esquiva y traicionera, sibilina y encantadora...

Mis recuerdos llegan en blanco y negro; o mejor aún, en sepia. Este manido recurso del sepia resulta utilísimo cuando uno trata de explicar los planos desdibujados, los perfiles incoherentes, los olores alborotadores y las faldas de tablas descoloridas que mamá me ponía y que, hoy por hoy, no logro rescatar con la nitidez y fuerza necesarias; así actúa el sepia en mi corazón.

No más de tres palmos del suelo, a lo sumo cuatro, y ya deseaba cosas inalcanzables, ya mis castillos pendientes de algodón de azúcar me abocaban a estrepitosos descensos,... pero eso fue posterior, y no viene al caso.

Y con escasa estatura, apenas sin llegar a pronunciar mi propio nombre de una sola vez, apenas sin reconocer más calor que los brazos de papá y mamá, mi vocecilla se defendía, furiosa, y pedía y pedía...

Una noche, supongo que de alguno de los tórridos veranos que he vivido, salí a ver las estrellas con papá. Y ahí estaba ella, tan distante y hermosa, tan fría y redonda, la luna más bella que jamás he visto ni vea y pura, como mi inocencia, como mis deseos infantiles... hace ya tanto tiempo de aquello, tanto tiempo que aquella niña se marchó sin despedirse!

Papá me cogió en brazos y me señaló cada uno de los luceros; dábamos forma a aquel universo incomprensible dotándolo de identidad, otorgándole una personalidad definida y propia,... pero la luna, tan altanera ella, nos retaba y no permitía tomarla para hacer con ella un íntimo camafeo.

Papá me preguntó si quería algo, y yo contesté que la luna; y mi papá, que me ha querido como sólo un padre puede hacerlo, me regaló la luna; la recogió y los destellos lechosos recorrían su brazo mientras me hacía entrega de tan ansiado trofeo...

Pero no podíamos permitir que dejase de cautivar a tantas personas, que dejase de ser fuente de inspiración de poetas y soñadores, que los amantes se vieran privados de su confidente calma para iluminar tenuemente besos y abrazos furiosos de amor; eso no estaba bien y en aquel instante pactamos nuestro silencio...

Quién no ha levantado alguna vez la vista y se ha prendado de la mágica presencia que pende del cielo; quién no ha compuesto una canción en noche clara, quién no ha llorado de emoción viendo cómo se funden el cielo y el mar en un solo elemento con un broche sin mácula...

Y formulo preguntas como estas porque, de no obtener contestación, os retiro mi favor, rompo mi pacto de inmediato...
que la luna es mía,
que papá me la regaló y me la entregó hace tiempo.
FIN.

Autor: Pitucho
Edad: 25
País: España
Residencia: Valencia
Ocupación: estudiante
Hobby: Escribir, cine, música y sentarme en medio de cualquier césped a disfrutar de la vida.
Fecha de publicación: 20/12/2002


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
09/01/2003 14:49:29 »» naranjito:
Yo otra vez, si esa luna tan fascinante, para animales y personas, esa luna es capaz de crear las mareas de los océanos y de los corazones humanos, es capaz de inspirarte para crear tan bellos textos no te olvides de ella. Pero no olvides que esa luna también está en las cosas bellas de la vida, no cambies nunca.
Un amigo
27/12/2002 0:44:33 »» Alexandra:
Muy tierno y dulce tu cuento. Excelente los recursos que has usado...saludos.
25/12/2002 17:37:56 »» julia:
me encanta tu escrito.