Eran las doce, tenía frío...

Eran las doce, tenía frío y me apretujé contra las mantas, tan sólo asomaba los ojillos pero no veía nada. La noche era cerrada y una tormenta de nieve caía sobre mi pequeño pueblo "Bembelville" al pie de las Rocosas. Un relámpago irrumpió en la oscuridad y yo metí la cabeza bajo las mantas y cerré con todas mis fuerzas los ojos. De repente se hizo un silencio absoluto , yo me mantuve un rato acurrucado pues aún tenía el miedo en el cuerpo.

Después me despojé de las mantas y ante mi me encontré una gran pradera llena de flores de todos los colores, y un sol radiante brillando desde lo alto del cielo. Aquello parecía el paraiso, era tan bonito que se me olvidó preguntarme por qué había aparecido allí, y sólo se me ocurrió comenzar a correr, saltar e incluso ¡volar! por aquella bonita pradera mientras el enorme entusiasmo que este lugar me había producido se transformaba en carcajadas. A lo lejos comencé a divisar algo muy luminoso y me percaté de que me estaba atrallendo hacia él. Cada vez estaba más y más cerca, hasta que por fin llegué a un profundo valle cubierto de un manto de verde hierba y con un río al fondo del que manaba toda aquella luminosidad, y que me atraía cada vez con más fuerza. En una última instancia me di cuenta de algo pero ya era tarde y me encontraba metido en el rio hasta el cuello.

Me desperté en ese mismo momento y..... sí otra vez me había hecho pis. De aquello hace ya varios años pero lo recuerdo muy bien porque fue la última vez que caí en los encantos de aquel río que tantas veces me había llamado con anterioridad.

 

El Toro
Edad: 20
Residencia: Asturias (España)

Escribile al autor


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
No hay comentarios disponibles para este texto. Te invitamos a enviar el tuyo!