MARIPOSAS

Uno de los recuerdos más fuertes de mi infancia es la persecución de mariposas a la hora de la siesta. Crecí en un pequeño pueblo de casi 1000 habitantes, con calles de tierra y un regador que pasaba a cada rato formando charcos. En el verano, la hora de la siesta era sagrada, y en la calle se respiraba un silencio de muerte. Yo me escapaba con un amigo a perseguir mariposas con un mediomundo...
No es nada del otro mundo, pero... ¿alguien notó que ya no hay más mariposas?.
En mi caso, eso significa que mi infancia es irrecuperable.

Laura
Estudiante
25 años
La Plata (Argentina)

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