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¿QUE SERA DE AQUEL CASTAÑO? Como aquel castaño,
donde los niños de mi misma edad me amarraron con cuerda,
era como un juego, en ese gran castaño para mi imaginación
infantil, en el patio del recreo de aquel colegio preescolar. ¿Jugaban
a secuestrarme?, con apenas cuatro años que teníamos,
creo recordar, en esa zona escolar junto a un gran parque público
donde estaba mi residencia familiar. Mi madre se asomaba al balcón
de un segundo piso para averiguar donde estaba realmente. No pasaban
muchos coches, era un pueblo del cinturón industrial de Valencia.
Mi hermano mayor frecuentaba unos billares, jugaba al futbolín,
no me dejaba jugar por ser demasiado pequeño, tenemos una
diferencia de edad de nueve años, son cosas de otras edades,
pero si jugaba a la bicicleta, tropezaba contra árboles,
personas, a toda velocidad que permitían mis fuerzas, tenía
como una tendencia destructiva y autodestructiva, como suicida,
aunque no pasaba por mi mente infantil lo que quiere decir suicidio,
alguien que abandona el mundo para siempre, para unos un acto heroico
y para otros un acto cobarde, yo no sé qué decir,
si las gentes se suicidan es por algo, cada uno de nosotros somos
un mundo, somos mundos diferentes, como la visita del Principito,
el cuento ese, a cada planeta, cada ser humano se aislaba en su
propio planeta, uno está de Rey en un planeta solitario,
otro de contable o algo así, otro de apaga y enciende de
farolas... eso recordaba. Ahora observo en mi imaginación
los innumerables castaños que he visto en mi vida. Los castaños
tienen troncos gruesos, o no. Los castaños tienen una gran
copa. Podemos encontrar mucho en el campo. Y podemos sembrarlos
en cualquier lugar. En lugares apropiados, claro, no podemos sembrarlos
en Polo Norte ni en el desierto del Sáhara, es evidente,
como recordamos por esa especie de lógica que nos aplicaban
los maestros de Ciencias Naturales en las escuelas en nuestras adolescencias,
los castaños que ilustraban los libros de textos. Si se me
viene a la mente La palabra Castaño es por ese recuerdo persistente
de ser amarrado con cuerda por otros niños en el tronco de
aquel castaño, ¿qué será de aquel castaño?,
no lo he vuelto a ver, no sé si existe. O será más
viejo. O habrá sido talado. Mi maestra esa del preescolar,
no sé de qué iba, si era una asistente, o si era una
maestra de educación infantil, no recuerdo bien, recuerdo
borroso de una imagen de ella, alguien que realmente la sacaba de
sus casillas, la sacaba de quicio, la prueba es que me castigaba
a no salir al patio, encerrado en la clase, pero la sacaba más
de quicio, me escapaba por esa estrecha ventana que está
casi en la esquina del techo, y me iba, y no tenía conciencia
de nada, deambulaba por las calles, como alguien no deseado por
nadie, como hijo no deseado o algo así. Pensando en un maldito
castaño me remite al recuerdo infantil. En la mentalidad
infantil empieza a poblarse de árboles, pájaros, reptiles,
animales varios, abuelos, cuentacuentos, maestros, juegos infantiles,
una visión de la realidad diferente a la del adulto. En el
cinturón industrial, lugares de pueblos dormitorios de trabajadores,
lugares de naves industriales, lugares del tejido productivo como
dicen los políticos en plan discurso y que recogen la prensa.
Por ahí recuerdo cómo muchos trabajadores se manifestaban
sindicalmente, también las cantidades ingentes de camiones
de transportes, tenía una visión diferente que aquel
que vive en el campo, veía coches, camiones, fábricas,
naves industriales, parques, almacenes de lejías... en un
almacén de lejías entraba con un niño gitano
y recordamos que tiramos varias botellas de aquellas que estaban
almacenadas, un trabajador nos amonestaron, eso no se hace, hacéis
cosas peligrosas. Contacto con lejías, acequias. Nuestra
mentalidad infantil se poblaba de esos conceptos. Como lugar de
trabajadores, no tenían mucho tiempo para reunirse y hablarse
entre sí, todos tenían algo que hacer, tenían
el tiempo disponible para trabajar, Miguel Ayudante de obra Escribile al autor
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