¿ENSEÑAN?
En la clase de religión, yo no entendía
ni jota lo que decía el cura de turno, no sabía cuantos
curas había en aquel colegio, pero en la clase de religión
algo pasa, algo pasaba, no entiendo, los curas hacen de lo suyo, los
curas dicen muchas misas, los curas visten de sotana, pero qué
ocurre para que yo sea etiquetado de rebelde, o de anormal, y de ese
modo, debido a algo que ellos no ven bien en mí soy carne de
cañón, soy objeto a batir, soy castigado muchas veces.
La vida circula, como los coches circulan, y los aviones, pero algo
queda atrás, quedan nuestros recuerdos, nuestros traumas... En
aquella clase de religión no estaba pendiente de lo que se dictaba
en boca del cura de turno, hablaba quizás del evangelio, pero
mi problema es que no estaba siempre pendiente de lo que se trataba,
qué materias se trataban, los maestros de escuelas, el de lengua,
el de matemáticas, el de coñazos... todos tenían
algo que transmitir, y los alumnos son sujetos para asimilar conocimientos
!que se imparten.
Una de esas clases de religión, recuerdo que hacía un
sol fuerte, que quemaba la piel, era casi el verano, o el final de la
primavera. El cura sacaba permanentemente la lengua, no recuerdo su
nombre, no recuerdo su rostro, no sé nada de él, el que
predica el bien, el que predica la palabra de dios, hablaba con voz
hueca, quizás, por eso no me enteraba, siempre no me entero de
muchas cosas, como sordo, nací sordo, sordo a voces huecas, eso
saca de quicio a los programas de los maestros y profes, no había
palabras plenas, había palabras vacías, como voces de
ultratumbas, como voces de fantasmas. No supe nada, por qué saqué
de quicio con mi presencia casi autista, sordo, ciego, centrado en mis
propios pensamientos, en mis propias ideas, o estaba interesado en lo
que decía otro compañero, algo le sacaba de quicio, de
tal modo que súbitamente el cura de turno de la clase de religión
se dirigió hacia mí y me dijo y me conminó a que
me plantara en la mitad del patio,!con los brazos en cruz, durante un
tiempo, como castigo, el castigo que me daba el sol, el castigo de ser
objeto de burlas, me importaba un bledo todo.
Si abrimos los periódicos de vez en cuando o vemos la televisión
o los que nos cuentan por ahí, nos topamos continuamente con
noticias de curas que abusan de la debilidad de los niños, a
parte de los curas, otros que tienen la vara de la autoridad un tanto
lo mismo. Abusos sexuales, abusos de autoridad, escándalos...
¿Por qué toleramos esas conductas?, a la vez, las autoridades
eclesiásticas tratan en la medida de lo posible no desvelar la
verdad de lo que ocurre en sus senos. Las ventanas de las clases estaban
abiertas, nos escapamos por ahí. Pintamos las pizarras con frases
creativas, que para ellos eran insultantes. Jugamos. Contábamos
relatos, historias. Ir a coger nidos de los árboles, somos castigados
cuando nos sorprenden coger nidos de los árboles, escribimos
mil veces en una pizarra durante varias horas agotadoras está
terminantemente prohibido coger nidos de los árboles;, en esa
sala de reuniones, estábamos dos, dos castigados, por coger nidos
de los árboles, nos turnábamos escribiendo en la pizarra,
estábamos cansados, al final de una larga jornada agotadora,
el cura de turno, o no recuerdo si era el director del centro educativo,
dijo ya está, que eso sirva de escarmiento, ni qué escarmiento
ni qué hostias, había otras prohibiciones, otros castigos,
continuamente, permanecimos en contacto con lo prohibido, con los castigos,
alumnos que se emborrachan, alumnos que rompen cristales de las aulas,
alumnos... Cada uno de nosotros somos portadores de nuestras historias.
A unos les pesan más que a otros.
En aquella clase de religión, miraba tras los vidrios de las
ventanas, miraba ciertos arbolitos, miraba cierta forma arquitectónica
del edificio, miraba las nubes, miraba los gorriones, no miraba la cara
del cura, probablemente algo me rehusaba mirarlo, no lo recuerdo bien.
Cuando el cura se va de la clase, hay mucho ruido en la clase, algunos
se arrojan papeles unos a los otros, otros cuentan chistes, así
hasta que llega otro maestro que no es un cura, y todos en silencio,
pasa lista, volvamos, al dictado, que nadie cometa errores ortográficos,
hay que escribir bien, y el otro maestro de matemáticas que a
la fuerza teníamos que cantar en coro o individualmente la tabla
de multiplicar, oh, queridos recuerdos, imborrables recuerdos, recuerdos
punzantes, de vez en cuando se nos vienen a la memoria recuerdos así
o recuerdos asá, según se nos vengan.
Miguel Angel Sanches
Valderrama
Ayudante de obra de edificación
31 años
Granada (España)
Hobby: leer, escribir y hablar con las gentes
Comentario:
Escribir es uno de los grandes sueños
Escribile
al autor
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