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LA
LOCUTORA, MI CHICA, Y YO
Cuando
tenía dieciocho años fui a estudiar a Capital. Yo era de
un pueblo de la provincia de Buenos Aires, y allí vivía
una realidad muy distinta a la que ofrecía la gran ciudad.
Como algunos de mis compañeros iban a estudiar a capital,
nos pusimos de acuerdo y alquilamos un departamento en la
zona de congreso.
Eramos tres los que vivíamos juntos. Y lo frecuente
era encontrarnos en el departamento a excepción de algún
feriado largo que dejábamos capital para viajar a nuestro
pueblo.
La situación que les voy
a comentar tuvo lugar un fin de semana, en el que mis amigos
viajaron a visitar a sus padres y yo quedé solo en el departamento.
En realidad era la primera
vez que me quedaba solo todo un fin de semana en el departamento.
Generalmente estábamos los tres, y algún amigo que solía
visitarnos y finalmente se quedaba a dormir con nosotros.
Pero ese fin de semana yo estaba solo, con mis dieciocho
años, y mi departamento. Había algo que sabía, podría hacer
cualquier cosa, que sería un secreto infranqueable.
Creo que la situación me excitaba bastante, y me
incitaba a imaginar mis mejores sueños sin límites ni restricciones.
Quizá por eso había decidido comprar el diario para llamar
a algunas señoritas de esas que concurren a los departamentos
a cambio de algunos pesos. Pero, en verdad, a pesar de mi
obsesión por el sexo, no me sentía muy seguro, y desistí
de esta alternativa.
En cambio, decidí llamar a una radio muy escuchada,
y hacerme pasar por "Jorge", un nombre de fantasía,
claro. Entonces, hablé "en directo" con la locutora.
- Cómo es tu nombre?
- Jorge
- Bueno Jorge, contame algo de vos, estudiás?
- Sí, empecé este año, voy a estudiar derecho
- Qué interesante, cuantos años tenés?
- Dieciocho
- Bueno como sabrás, ahora tenés un minuto para dejar
tu mensaje sin interrupciones, el aire es tuyo, y gracias
por llamar.
Aquí empezaba una música tenue, y debía dejar mi mensaje,
yo dije algo así:
- Soy Jorge, tengo dieciocho años y estoy solo. Bueno,
no sé, pero llamaba porque quisiera pasar esta noche con
alguien en mi departamento. Bueno, espero que me llamen
para vivir un recuerdo.
Colgué,
y esperé ansioso el llamado del teléfono. Apenas unos segundos
después algunas personas me empezaron a llamar. Al principio,
estaba excitado, hablé con una mujer mayor, que tenía una
voz muy sensual y animó mis fantasías. Ella sabía que yo
estaba solo, y que mi sueño era concretar cada imagen que
mi imaginación me dictaba.
Estuvimos hablando casi media hora, yo dejándome
llevar por sus palabras; ella, gozando de su poder de seducción
que me dominaba. En ese momento, ella me confesó que tenía
treinta y cinco años, y que hacía cinco años que estaba
casada. Fue ahí, cuando me dijo que ella tenía claro lo
que yo quería, y también lo que ella esperaba de mí. No
sé bien como se atrevió a decirlo, pero me propuso un juego,
quizá fantástico, quizá perverso.
- Jorge, sé que darías cualquier cosa por hacerme el amor - Si, obvio, me encantaría hacerte el amor - Y ahora, te sentís excitado - En realidad, hace varios minutos que estoy excitado - Sabés, me muero por conocerte y que me hagas el
amor - Bueno, te doy mi dirección y te espero en unos
minutos - No, yo quiero que tengamos sexo primero a través del teléfono - A través del teléfono? - Sí, vos a mi me excitás, y quiero que me hagas sentir con
tus palabras
- Bueno, intentemos.
Después las palabras siguieron y cada vez fueron más fuertes
e intensas. Finalmente, todo terminó, y no me importó
quedarme sólo unos minutos más hasta que decidí irme a
dormir. Ella, quería que le siga hablando.-
Francisco
La Plata
Empleado administrativo
35 años
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