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CAMPO
DE FRUTILLAS PARA SIEMPRE
Reían
y en la casa entraba una fragancia como la que llega con
los primeros días de la primavera.
A veces aquel chico podía escucharlos canturreando alguna
melodía mientras revisaban el cuarto de las herramientas,
acomodando y desacomodando un sinfín de veces los martillos,
las cajas con clavos y tornillos, los cien mil destornilladores.
El
tomaba una vieja radio o un reloj pulsera de cuerda que
no funcionaban y se trenzaba en un feroz combate del que, de vez en cuando, conseguía salir victorioso.
En
tanto, desde la cocina asomaba el humo del café recién preparado
y el aroma tentador de las tortas de ella.
Aquel
chico jugaba en medio de sus voces, de sus bromas, devoraba
los sandwiches que el servia y descubría cada día un objeto
curioso en el fondo de un cajón. De alguna forma, se daba
cuenta de que se amaban.
Aquel
chico...,era yo. El
y ella eran mis abuelos, y, con alguna excepción, eran iguales.
Recuerdo
los almuerzos de los domingos, el gran comedor que juntaba
a toda la familia, mi abuela bendiciendo la mesa, la conversación
de los grandes en el living después del postre.
Recuerdo, también, cuando mi abuelo me llevaba a pasear!
esos eran paseos! Nos sentábamos en una confitería de la
calle Florida y yo pedía tostados de jamón y queso y coca-cola.
Pero antes que ninguna otra cosa, recuerdo perfectamente
los días que pase con los dos en el campo, en la estancia
de mi bisabuela. Para no utilizar la casa, mi abuelo engancho
al Falcon la casa rodante y manejo hasta San Antonio de
Areco, una localidad en la provincia de Buenos Aires que
ayudaron a fundar mis antepasados irlandeses.
Al alba, abría la puerta de la casa rodante y pisaba el
pasto empapado del roció matinal. El único sonido lo producían
los pájaros, los perros y algún caballo, además del motor
que el peón de la estancia adaptaba para diferentes usos.
Una mañana de aquellos días mi abuelo se acerco hasta mi
con su andar campestre y, el tono de voz cálido, me lanzo:_Vamos
a buscar algo rico, que te va a gustar. Anda a traer un
balde que esta en la galería de la casa!
Duraznos, pensé en seguida, unos duraznos grandes y dulces
o, por que no, ciruelas ,y mis pies salieron como impulsados
por una catapulta romana.
Los dos caminamos por el terreno que pasaba detrás de la
casa y, doblando a la derecha, seguimos unos ciento cincuenta
metros hasta que llegamos a un lugar que yo no conocía,
a pesar de que hacían tres o cuatro días que habíamos llegado.
El sitio eran varias
parcelas de frutas. En una de ellas, se agolpaban las frutillas
mas grandes y rojas que yo había visto hasta ese día, una
catarata del comestible mas delicioso de la Creación.
Siendo aun mas chico, las inyecciones fueron mi infierno
y las frutillas mi Paraíso.
Mi abuelo me conocía bastante bien y aquel día decidió hacer
algo que después nadie pudo imitar: agasajarme con un balde
cargado de frutillas que yo mismo recogí del suelo, como
si hubieran sido monedas de oro macizo.
Volvimos
a la ciudad; ellos a su casa de la calle Perú y yo a la
mía, con Papa y Mama.
Los años pasaron y casi ni me di cuenta. Tuve quince años,
después termine la secundaria, un dia tenia veintiún años
y me fui de casa. Ese mismo año mi abuelo murió. Diez años
mas tarde, un negro y lluvioso día del verano, mi abuela
también fue a descansar junto a el, en el cementerio de
San Antonio de Areco.
Ahora tengo treinta y dos años. A menudo escucho por las
mañanas el entrañable sonido de sus voces y me despierto
y me siento en la cama, pero no puedo levantarme. Estoy
solo. Mis abuelos ya no están.
Gaston
Lopez Dowling
32
años
Larrea 80 Capital Federal (Argentina)
El Confesionario - Comentarios sobre el texto
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Comentarios de los lectores |
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28/11/2007 19:35:24 »» Emilio:
Muy buen texto Gaston, me hizo recordar mi infancia. Pero no importa cuanto intentes explicarnos con palabras lo que sientes porque nada puede compararse con tus recuerdos, con los momentos en si. Porque nada es mas intenso que vivir y sentir.
Las palabras son un recurso limitado.
saludos |
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28/07/2003 3:11:26 »» octavio:
es una mierdaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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