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Alegría
Hace tiempo que descubrí que la alegría como sentimiento explosivo que a uno lo atrapa se ausentó.
Alegría?
No tá.
Creo que desde chico uno se despertaba como si el sol lo hubiera iluminado. Sonriente como un payaso corría para vestirse, calzarse los patines y salir a jugar.
Todavía recuerdo una escena en la bañera de mi casa. Con el agua que salía casi hirviendo y las manos de mi mamá frotando el shampoo en mi cabeza.
- Hoy estoy re contento, ma –dije desde la bañera, casi tragándome la espuma.
- Sí?
- Si, sí. No sé por qué pero estoy re contento
- Que bueno, Juan. Mejor así –dijo mi madre.
Yo estaba contento. La alegría me había abrazado sin motivos. Y la sensación se había apoderado de mí. Así que sólo disfrutaba del momento, sin saber bien qué era lo que pasaba.
La alegría sin motivos es una sensación intensa, extraña y fascinante. Si la venderían los kioscos intuyo que estarían llenos de plata.
Pero la alegría sin motivos no se puede comprar en ninguna parte. Ni siquiera esta sociedad inventó las casas de la alegría, donde uno pudiera ir a divertirse un rato. Porque la risa sería garantizada. Caso contrario, nos devolverían el dinero.
Ahora sé por qué voy a brindar este año. Diré salud, dinero y amor. Pero en silencio replicaré…
Alegría, alegría, alegría.
Juan
Manuel Valentini
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