El rey quedó encerrado. Y entre Renato y yo apareció un segundo de silencio. La comprobación final del resultado saltó a la vista.
-Muy bien, son cuatro –dije.
-No, son tres.
-¿No son cuatro? –sugerí.
-Estás loco, son tres.
-¿Seguro? –dije haciéndome el confundido.
-Si, sí. Son tres.
Renato juntó las fichas y encontró la calma pronto, cuando vio que estaba de acuerdo en aceptar que eran tres cervezas y no cuatro las que me debía como resultado del juego.
Partido y revancha definían el premio. Y las cervezas se acumulaban con el correr de las disputas.
Con tres cervezas en la cuenta, era momento de hacer el ofrecimiento.
-Ya sé, para que no se preocupe le voy a proponer una cosa –le anticipé. ¿Vio que me falta ir a sacar el pasaje? ¿Qué le parece si va usted y le saldo dos cervezas de la cuenta?
Renato se puso en guardia y se rió. “Ja, ja, prefiero pagarle”.
-Bueno, está bien. Le saldo la cuenta, me busca el pasaje y no me debe nada. ¿Qué le parece?
Renato se negó nuevamente. Y mostró un rechazo enérgico a la propuesta. Mientras Flavia miraba en silencio, tirada en el sillón.
-Pensé que le interesaba ahorrarse unos pesos –dije, y me puse a acomodar las fichas para mostrarme con la intención de jugar otro partido. Después de todo, uno de los principios del campeón es no retirarse y estar siempre dispuesto a afrontar otra disputa.
Otra vez partido y revancha por una cerveza. Una sola. Ni dos, ni tres como sugirió René. Sólo una. Una y nada más.
-Se le va a agrandar la cuenta y después no va a poder afrontar los gastos –comenté.
No recuerdo qué dijo Renato. Pero se avalanzó sobre el tablero decidido a imponerse. Convencido de que habría un solo ganador y que sería su turno.
Fueron dos partidos más hasta el resultado.
-Muy bien, ahora son cuatro. De haberlo sabido, el año pasado hubiera tomado cerveza todo el año sin pagar un peso.
Flavia no dijo nada, sólo contemplaba. Tenía los ojos sobre los apuntes y los oídos en el tablero.
Renato se paró de la silla y esperó el próximo bocadillo.
-Está bien, le voy a hacer la propuesta. Si quiere ahorrase el dinero, va y saca el pasaje. Sólo me debe una. Le regalo las otras tres.
-No, no. Las cuatro.
-Yo le propongo tres, es la última oferta.
-Bueno, tres y media.
-¿Y cómo paga la media?
Ja, ja. Va al almacén y pide media. Media para Juan Manuel.
Juan
Manuel Valentini