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EL
MALO
Al
ruso lo conocí hace años, cuando yo trabajaba
de operador en una FM. El era uno de los tantos que había
encontrado en la radio un lugar de encuentro. Así
que venía en los momentos menos pensados a charlar
con nosotros.
Después
de años de no verlo, el ruso apareció como
si hubiera sido un conejo que de repente salió
de la galera. Pronto estaba trabajando en mi casa. Era
parquero y cuidador. De nuevo un potencial amigo.
El
otro día nos sentamos al lado de la pileta para
tomar unos mates. Y empezamos a hablar de diversos temas.
La charla se hizo atrapante porque el ruso además
de ser un excelente oyente ha desarrollado la habilidad
de desempeñarse como interesante orador.
De
pronto, tomé un mate y cayó un silencio.
Tomé aire y le dije mientras me escuchaba con atención.
-Yo te voy a decir mi hipótesis. Ba, mi suposición.
Yo creo que ningún malo se siente bien. Si uno
presta atención y se fija comprueba que es así.
El malo no es feliz –sugerí.
-Ocurre
que el malo lleva una contradicción interna. Sus
padres siempre le inculcaron buenos valores, pero en la
vida encontró un camino distinto para sostenerse
y terminó equivocándose –continué.
-Al
malo lo aturden las voces de sus padres. Voces que quedan
en silencio y lo siguen acompañando en la vida.
Ahí es donde aparece la contradicción. Se
genera porque las voces de sus padres le indican el camino
contrario a las acciones que hacen–concluí.
El
ruso me escuchó con atención. Cuando se
produjo el silencio dijo que “no era tan así”.
Que hay padres que le inculcan malos valores a sus hijos.
-Nadie
les dice a sus hijos que robe. –le alerté-
como quien saca una espada y se presenta en la lucha.
-Si,
sí, enfatizó. Aunque no lo creas Juan Manuel
hay mucho malandra dando vuelta. Sobre todo los de acá
–dijo- apuntando con su cabeza a los barrios alejados
de Pringles.
-Ese
es un prejuicio que siempre tenés –me indigné-.
La gente pobre pone énfasis en valores como la
solidaridad, por ejemplo. A nadie le inculcan que sea
un tipo bien jodido.
No
recuerdo qué respondió el ruso. Pero es
posible que haya vuelto a revolear la cabeza. Y a manifestar
su descontento con mis dichos.
Nos
despedimos con la sonrisa de siempre, mientras uno agarraba
el termo y el otro colaboraba en devolver el mate a su
lugar.
Me
fui en silencio hasta el auto. Llevé la vista entre
las plantas, y el pensamiento atento.
¿Será
la contradicción entre las voces de los padres
y el accionar malicioso lo que hace infeliz al malo? ¿Realmente
será infeliz? ¿La maldad se materializa
en su cara? ¿Habrá padres que le inculcan
a sus hijos que sean jodidos?
¿Cuál
será el negocio de ser malo?
Juan
Manuel Valentini
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