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DESNUDO
Estoy
contento cuando escribo una confesión que revela
mi alma. Me gusta cuando al correr las líneas voy
sintiendo que me saco la ropa, hasta leer mi firma y descubrir
que me he quedado desnudo.
Por
eso ahí voy. Por lo menos, la bufanda ya voló.
Veré si puedo ir por más prendas. Estoy
ansioso.
Tengo
una radio que me hace escuchar música, una hoja
en blanco que quiero llenar y una pava que hierve hace
un minuto esperando que vaya a preparar el té con
limón que siempre hago.
Hace
frío, dudo si me saco el buzo o no. Por el momento
me lo dejo, soy friolento.
La
pava espera y yo sigo escribiendo. Esperen, ya vuelvo…
Ahora
sí, el té entre el teclado y el monitor.
Hoy
les puedo hablar de la escritura. Me sorprendió
el otro día que descubrí a un autor muy
conocido afirmar que corregía 40 veces sus párrafos.
Dije bien, 40 veces. Mis ojos se detuvieron en el número
hasta que lo volvieron a confirmar. ¿Cómo
podía ser que el autor que yo tanto admiraba había
corregido 40 veces sus párrafos hasta dejarlos
perfectos?
No
está mal la búsqueda de la perfección,
por el contrario. Pero qué pasa con la espontaneidad
y la esencia. ¿Dónde está más
cerca la verdad, en el primer párrafo o en el número
39?
Yo
pienso que está cerca del primer párrafo.
El párrafo número 39 está lleno de
especulaciones, es demasiado estratégico. Se vistió
y se maquilló unas cuantas veces. Tiene hasta brillitos.
No me gusta.
¿Será
por eso que pensé en la metáfora de quedarme
desnudo?
Me
voy, porque tengo frío.
Juan
Manuel Valentini
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