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¿EXITO
O FRACASO?
Hay
dos maneras de medir el éxito y el fracaso. Una
es personal. La otra es colectiva.
La
personal puede ser más o menos benevolente, según
el caso. Por su carácter de individual existen
numerosas concepciones. Serían como muchas reglas
que andan por el mundo. Se ajustan sobre cada una de las
personas y dan el resultado. Ejemplo: 80 por ciento exitoso
desde el punto de vista propio, y 20 por ciento fracasado
desde el mismo ángulo, podría calificarse
Juan, Pedro, Tomás, María, Anabel o el Cochito.
¿Qué
problema hay con este comentario? Ahora viene, no se impacienten.
El problema es que la concepción individual en
general no es autosuficiente. No es contenedora, no produce
tranquilidad, no relaja a los espíritus inquietos.
Hay
casos excepcionales, pero la naturaleza del ser humano
hace que el otro sea nuestro espejo. Así que no
compliquemos la discusión y continuemos.
La
vara del otro es la que más duele, o acaricia,
según el caso. El colectivo dirá culpable
o inocente. Gordo o flaco. Alto o petiso. Lindo o feo.
Tonto o inteligente. Y concluirá, exitoso o fracasado.
Lo dirá el otro, irremediablemente.
¿Qué
pasa con el otro? Ahora vamos. El otro es la vara colectiva.
Una voz omnipresente que se materializa en múltiples
lugares. Aparece como un murmullo desde el silencio y
se revela en los medios. Voz maldita y encuadradora, provocadora
de cirugías estéticas, sueños aniquilados
y frustraciones innecesarias.
Espere
Juan Manuel, no desbarranque. Lo que pasa es que uno se
motiva y aprovecha para darle a la vara colectiva un par
de golpes. Ya hemos tenido tiempo de recibir unas buenas
cachetadas suyas, déjeme cometer justicia.
Vara
mal pensada, miope y obnubiladora. Coqueteadora hábil
de pensamientos distraídos. Perturbadora de esencias
valorables. Justiciera irresponsable de veredictos caprichosos.
¿A
donde vas? Esperá, ya vuelvo. ¿Guantes?
Tomá esto, y esto y esto. “Tranquilizate,
¿qué hacés, un r…?” Pum,
pum, muere maldita, pum, pum. Muere! Ja, ja, te desangrás.
Ja, ja. Gritá ahora, gritá.
Ahora
sí, la ajusticié. Perdón por la transpiración.
Sigamos caminando. Resulta que la vara colectiva de estos
tiempos define éxito y fracaso sobre la capacidad
de generar dinero, poder y fama. Con lo cual ejércitos
de personas se encaminan hacia esas cumbres.
¿Y
qué le molesta? No los ejércitos, sino la
injusticia. Lo insano del parámetro colectivo.
No se da cuenta, la realidad se construye después
del pensamiento.
Hay
que inventar nuevas cumbres. Generar otros espejitos de
colores. Provocar aplausos donde hay silencios. Sería
un nuevo parámetro colectivo que incite a formar
ejércitos más saludables.
¿Qué
propone? La cumbre del amor, de la verdad, de la inteligencia.
La cima del intelecto y de la inventiva. La de la honestidad.
La de la solidaridad.
¿Exitosos?
quienes ascienden a estas cumbres. ¿Fracasados?
quienes erran el camino.
Juan
Manuel Valentini
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