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CONTRA
EL MUNDO
Hoy
es uno de esos días que voy contra el mundo. Me
levanto temprano, sonrío, escucho Neustadt. Lo
disfruto.
Ir
contra el mundo es levantarse con una sonrisa. Calzarse
los zapatos y mantenerse expectante. Saltar de la cama
y salir a correr por la vida. Entrar y salir de circunstancias.
Disfrutarlas y vivirlas intensamente.
Hoy
es uno de esos días.
Ir
contra el mundo es sentir que lo agarro con las dos manos.
Lo levanto, lo hago reposar, le doy unas vueltas. Hago
que rebote, que salte, que baile. El mundo a mi voluntad
o a mis pies. Sumiso y obediente. Así está
el mundo para mí hoy.
Otros
días, en cambio, el mundo viene contra mí.
Como una aplanadora inagotable avanza dispuesta a aplastarme.
Avanza, avanza, avanza. Parece que nada puede detenerla
y mantiene su voluntad inalterable. ¿Aplastar a
Juan? ¿Para qué? Dejad tranquilo a ese muchacho
que no molesta a nadie.
De
la euforia a la incertidumbre. Del emperador al esclavo.
Así vivo el mundo. Camino por la cornisa de la
paradoja y la ciclotimia. A veces noquea el optimismo,
y con frecuencia el pesimismo procura imponerse. Voy entre
el éxito y el fracaso. Llevo la pelota, esquivo
jugadores, me siento en el banco. Acaba de sonar el silbato,
vuelvo a escribir.
El
mundo se define entre la diversión y el aburrimiento.
La paz y la guerra. La simpatía y la cara de traste.
La salud y la enfermedad. La barbarie y la armonía.
La pasión y la indiferencia.
Yo
ya elegí. Diversión, paz, simpatía,
salud, armonía, pasión. Voto por mí
y pongo todas las fichas. Después, dejo que la
bola gire, que la ruleta avance.
“No
va más”. Silencio, van a cantar el número…
Ha
sido un pleno. Felicitaciones Juan Manuel, hoy irás
contra el mundo.
Juan
Manuel Valentini
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