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PIEDRA
LIBRE
Si
algo logró este espacio es darme un baño
intenso de Juan Manuel. Al ordenar unas letras con otras
fui armando frases. Las junté y me descubrí.
Es por eso que siempre pienso que si cortara todas las
confesiones en pedacitos y las metiera en una batidora,
me encontraría. Saldría yo, como sale un
conejo de una galera.
Creo
que uno va buscándose con el paso del tiempo. Aunque
parezca extraño, siempre se pregunta quién
es. Para mí no ha sido fácil investigar
quién es Juan Manuel. Muchas veces he pensado que
es optimista y decidido. Pero luego lo he encontrado triste
y dubitativo. Audaz y cobarde. Valiente hasta donde lo
permite la inteligencia, eso sí. ¿Atrevido?
Un poco, no demasiado. ¿Soñador? Bastante.
¿Cocinero? Siga intentando.
Quizá
Juan Manuel sea siempre una búsqueda interminable.
Como es Pedro o Alberto. Marisa y Raquel.
Extendiendo
las manos voy caminando entre flores que no me dejan ver.
Surcando el camino con la ilusión de llegar al
final. De decir “acá está, este es”.
Pienso
que la búsqueda es burlona, pero no quiero desistir
del juego. Como Descartes, sentado frente a la hoguera,
pienso. Me aferro a mi pregunta como si estuviera pegado
a un timón. ¿Quién es? ¿Dónde
está? ¿Alguien lo ha encontrado?
Por
un instante sospecho que lo he atrapado. Sonrío
y me quedo en silencio. Necesito apurarme y avanzar sigiloso.
Tengo miedo que se escape. Ahora sí: “Piedra
libre, acá ta!”.
Juan
Manuel Valentini
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