DOMINGOS SOLEADOS

Oh, la tristeza otra vez. Venir contento, canturreando por la vida, bajar por el tobogán, subirse al árbol, dar la vuelta a la esquina y encontrarse con la tristeza. Que irrumpe abruptamente, generalmente los domingos.

A la mañana no, todo es perfecto. Pero cuando pasa el mediodía y se consume la tarde, amenaza la noche. Ahí está, agazapada y a la espera. Decidida a venir a buscarme.

De chico el domingo por la noche era el momento más triste, preocupante e indeseado que vivía. De joven, las cosas no se han modificado. Y de abuelo, no proyecto variaciones.

Desde hace años hay dos cosas que afectan mi estado anímico. El tiempo y el domingo por la noche. El resto es casualidad o circunstancias de la vida.

El domingo a la noche, es un monstruo decidido a mostrarme los dientes. Una suerte de señor corpulento que está sentado a pocos metros y exhibe el látigo que tiene en la mano mientras sonríe. Por favor, que nadie lo moleste.

El tiempo, en cambio, tiene distintos disfraces. Cuando se nubla tiene nombre y apellido: Pesimismo Desgano. Es una persona que corre detrás de mí, empecinada en abrazarme. Pesimismo Desgano es rápido, hace zancadillas y suele bloquearme en alguna esquina. De vez en cuando, logra hacerme tropezar y dejarme espaldas contra el suelo.

Cuando el día está soleado, es distinto. Pesimismo Desgano se marcha a otro país. Pareciera que nunca nadie lo ha visto porque no queda el más mínimo rastro de él. El sol que esquiva las nubes, no es más ni menos que un niño que revolotea por la casa, tira los objetos que se cruzan en su camino, se cuelga del cuello del abuelo y sale a correr para jugar al ring raje.

Ese niño es agradable. Cada vez que lo veo, le estiro la mano y le pido que me lleve a jugar. Después, nos vamos silbando bajito.

Salsa o tango, la vida debe ser siempre la misma. Después de todo, siempre existió el negro y el blanco. Los azules y amarillos. La sonrisa y la lágrima. La mueca en el rostro y el llanto fingido.

Hoy se me escapa una leve sonrisa picaresca. Es domingo. Pero son los primeros minutos del mediodía, y está soleado.

Juan Manuel Valentini


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