EL PROFESOR

Hoy me voy a poner el traje de filósofo y me voy a sentar detrás del escritorio. Los lentes no los preciso porque sólo los uso en la PC por el anti-reflex. De manera que no quisiera asumir una imagen que no me corresponde.

El tema de hoy será “la sociedad del no lugar”. “¿La sociedad del no lugar, dijo, profesor?” Sí, sí. No te impacientes, callate y escuchá.

Disculpen que no pueda evitar la hostilidad espontánea. No quiero justificarme, pero todavía no había empezado a desarrollar la lección que ya estaban levantando la mano.

Tampoco es necesario que queden en semejante silencio. No me incomoden.

Hoy ustedes van a querer decirme que la sociedad inevitablemente tiene ciertos lugares y que no es posible que los ocupemos todos. Que hay un solo presidente, un ministro por Ministerio, un chofer por colectivo, once jugadores titulares por equipo. Tienen razón. Es así.

¿Entonces? El problema es de percepción. En vez de pensar en los asientos del colectivo hay que pensar en quienes quedaron en la parada y no pudieron sentarse. En vez de pensar en un equipo hay que pensar en dos, tres, cuatro o los que sean necesarios. “¿Y qué hacemos con el presidente, profesor?”.

Al presidente lo dejamos un poco tranquilo porque con semejante crisis tiene que trabajar y no podemos andar molestándolo. Sentate.

La sociedad del no lugar está construida sobre la base de la competencia y el individualismo. Se sostiene en mezquindades de egoísmos y especulaciones.

“¿Está seguro, profe?” Sí, la sociedad del no lugar piensa al otro como competencia, como adversario. Cuando debería concebirlo como un amigo o compañero.

“Eso es imposible”, dirán ustedes, e insistirán con el ejemplo del presidente. Pero yo volveré la próxima clase y le traeré a cada uno una banda presidencial con su bastón de mando.

A ver, a ver. Que se armen las parejas que necesitamos a las primeras damas.
“No se vaya, profe, termine la lección”.

Para construir una realidad primero hay que percibirla. Así, podemos pensar primero en la guerra para después diseñar cañones o escopetas. Pero podemos también pensar primero en el desempleo para iniciar acciones que creen trabajo.

Podemos pensar en un país donde los ingresos sean muy bajos para que la gente subsista. Pero podemos también pensar en un país donde el trabajo le permite a la gente vivir dignamente.

Un político puede pensar que tiene la posibilidad de ganar dinero fácil en un acto de corrupción para enriquecerse. O puede pensar que desde su cargo puede implementar políticas para beneficiar a los demás. Primero piensa, después obra en consecuencia.

“¿Y si no piensa, profe?” Si no piensa un día va para un lado, el otro para el otro. Va y vuelve como un péndulo. O se queda quieto mientras el tiempo decide por él.

En fin, la percepción actúa como guía para construir la realidad. Por eso hoy quería que nos vayamos todos pensando en la sociedad del no lugar. Para que mañana, cuando volvamos a vernos, cada uno desde nuestro lugar, pensemos en construir espacios y en darle la mano al otro.

Los despido como siempre: con la venia.
¿Nos vemos mañana?

No se olviden de ser felices !

Juan Manuel Valentini


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